23/09/2022SOCIEDAD

Vicky Gómez agradece a toda la gente que rezó por ella; su padre, además de eso, relata todos los milagros vividos y se emociona con la fuerza de su hija

“Tiene una gran fuerza que le sale del alma”, dijo Darío en un momento de la entrevista. Es tiempo de agradecimiento, porque el resultado que tenemos es Vicky de nuevo, con vida. Eso, es impagable”. 

En La Nueva Radio Suárez, habíamos acordado una entrevista con Darío Gómez, padre de Vicky, la jovencita que el 26 de mayo sufrió un grave accidente en la intersección de Brown y Ameghino, cuando en su moto, salía de la escuela y se dirigía camino a casa, circunstancia en la que colisionó con un vehículo. Victoria, enterada de la entrevista decidió venir, para agradecer y contarle a la comunidad que está bien, terminando de recuperarse. Fue, para todo el equipo de la Radio, una gran, gigante y emocionada sorpresa.  

La joven y su familia, están recién regresados a Suárez, luego de más de 3 meses fuera de la ciudad, para continuar aquí con su recuperación que por momentos pareció imposible, o muy difícil por lo menos. Silvina, la mamá, Darío, el papá, y Vicky, llegaron en las últimas horas de la tarde del miércoles. “Por fin”, dijo Vicky, dando cuenta de su alivio por este regreso y aclarando que del accidente, no se acuerda nada. 

Ahora, debe continuar con recuperación de kinesiología y de fonoaudiología. Tiene una dificultad aclara, para caminar, “en la parte derecha”, y un poco de dificultad en la voz, mínima. Ambas cosas se recuperan con terapia. Desde el momento de su partida del lugar de Buenos Aires donde estaba siendo asistida hasta su llegada a Suárez, recibió cuenta, un montón de saludos de la gente que los quiere. 

Agradecen, “a toda la gente, la que conocemos y la que no. Creo, que no cobramos dimensión del amor que hubo alrededor de Vicky para que se logre lo que se logró”, dijo Darío Gómez. Recordó que las primeras palabras que les dijeron cuando llegaron al hospital es que “es grave, vamos a ver qué podemos hacer”.  “Ahí arrancamos –dice Darío-, creo que ahora es tiempo de agradecimiento, porque el resultado que tenemos es Vicky de nuevo, con vida. Eso, es impagable”. 

Al principio, un panorama muy difícil. “Tenemos un grupo de whats app en el que dije que te quedan las rodillas hundidas en el piso y no podés despegar. Yo no podía reaccionar, la mamá de Vicky tampoco. No hubo nadie en el Hospital, que no tome el dolor nuestro. Era un dolor compartido con todo el hospital. Tomar a los médicos del delantal y decirles, ¡sálvamela!, fue terrible”. 

Lograron estabilizarla; “luego vino la interconsulta con el Dr. D´Anunzio, faltaba un medidor de PI, que tenía un costo alto. Más allá de nuestros ahorros, había que salir a quemar naves, y ahí apareció una idea de los chicos del Colegio, compañeros de Vicky, la ayuda de la gente, de los allegados y pudimos cubrir esa necesidad en forma rápida”. 

Papá Darío y mamá Silvina dicen que Vicky es una luchadora. La jovencita dice, coincidiendo, “le puse todo yo”. Consultada en torno a cómo se fue enterando, dice, “por papá”, que le fue contando de a poquito. Ella, no se acuerda de nada. Se acuerda de la primera vez que caminó: “Estaba muy débil y nada más”. 

¿Cómo se fueron dando cuenta de la garra que ponía Vicky para su recuperación? “Cuando pasaban las horas y entendemos que Vicky está. Ahí es pedirle ´quedate con nosotros´. A medida que pasaron los días, nos dimos cuenta que Vicky decidió quedarse con nosotros, nos dimos cuenta que se iba a quedar. Cuando el cuerpo está deshecho en una cama, cuando no responde a nada, lo que entra en juego es el alma. El alma de Vicky es la que tiene la fortaleza para sobreponerse a tanto. Porque la parte aguda fue vivirla, segundo a segundo. Teníamos la posibilidad de acompañarla las 24 horas. Eran 24 horas mirando el monitor, la temperatura de la fiebre, mirando la saturación, la frecuencia cardíaca. Todo estaba disparado. Ahí los segundos son horas. Ahí nos dimos cuenta que Vicky se quedaba”. 

Darío dice que pedía: “Que me quede alguien a la que tenga que cargar, pero que disfrute de la vida. Que pueda mojar los pies en el agua, que pueda disfrutar del aire, del sol. No importa cómo la tenga que llevar”. Eso era lo que deseaba, explica. “Yo decía que si ella elije quedarse, no importa la condición que elija. La mejor condición es la que está hoy, es la ideal. Pero en ese momento, sabíamos que todo podía pasar”. 

Una vez estabilizada en Suárez, fue trasladada a la Unidad de Terapia Intensiva del hospital Otamendi, donde dicen que si bien los atendieron muy bien, extrañaron mucho al personal de acá, donde el enfermos/enfermera, son nuestros vecinos, amigos. “Fue duro estar sentados a su lado todas las horas y ver que no pasaba nada”. En el Otamendi estuvieron hasta el 29 de julio, en la parte aguda luego del accidente. Luego pasaron a un centro de recuperación. 

Allí tuvo una intervención en el pulmón derecho. Era, una operación riesgosa, porque debía aguantar la operación con un solo pulmón. Fueron 4 horas interminables. Descubrieron que el pulmón derecho tenía sangre adherida del día del accidente. “Cuando la sacaron de la intervención había que esperar 48 horas. Al otro día, Vicky estaba de nuevo, sin oxígeno, respirando por sus propios medios”. Otro signo bueno. 

“Allí es donde entra en juego la fortaleza del alma. Todos los días aparecía algo nuevo, parecía que nunca iba a terminar la parte aguda. Luego, apareció una fístula en el esófago, una entrada de aire en el intestino; se actuaba rápido, pero siempre aparecía un problema nuevo”, relata Darío. 

Hubo momentos, muchos, muchísimos que quedarán en la memoria y en el corazón. Como cuando empezó a responder órdenes.  O cuando misteriosamente (o milagrosamente), algunas afecciones fueron sanando solas.  

La primera vez que caminó, recuerda Vicky, “me ayudó un médico y papá”. Allí fue al baño, dando sus primeros pasos. Recordaba la alegría, dice, en la cara de quienes la rodeaban. 

“La primera vez que dijimos Vicky despertó, estábamos en Suárez, mandé mensajes a todo el mundo. Era que había abierto los ojos. Despertar es estar conectada con el entorno”. Aquí, Darío recuerda que habían estado siguiendo el caso de Diego Araya, que sucedió en febrero, nunca pensaron que en mayo, ellos iban a estar siguiendo los pasos de Diego, con Vicky. Recordó que llamó a Florencia Villar, esposa de Diego Araya, quien le dijo que “te puedo contar lo que estoy viviendo”. Fue un testimonio que le sirvió, dice Darío Gómez, “en el relato de Florencia, esto de que Diego estaba pudiendo, me dije que Vicky también iba a poder. Me dije que si Diego podía, Vicky, seguramente también. Diego se convirtió en nuestro norte, en cuanto a la esperanza que teníamos”. 

Una vez que el papá estaba cambiando a su hija, le pidió que levantara la cola,  y ¡pudo!. “Tenía un ojo para cada lado, los brazos pegados a los hombros, la oreja pegada al hombro, no registraba movimiento. Había empezado como a mover el entrecejo. La mamá un día le estaba haciendo chistes y le pidió que le hiciera una sonrisa, y Vicky le mostró los dientes”. Siguiendo el consejo de Florencia Villar, le pidió a Vicky que lo siguiera con la mirada. Me fui alrededor de la cama y Vicky me siguió con la cabeza. Listo!, ¡Me estaba entendiendo!. Le propuse que frunciendo el entrecejo me dijera sí. Lo hizo y casi me muero!. Le dije, ¿y el no, como lo podemos hacer? Y me hace no con la cabeza moviéndola de un lado a otro. Salí y lloré. Al otro día, llamé al terapista y le dije que Vicky estaba conectada. Me miró con desconfianza, pero empezamos a hacerle preguntas y Vicky respondía”. Ese día, fue una fiesta. Fue el 1ero de julio. “Las enfermeras me sacaron, porque yo estaba mariconeando, como dice Vicky, con médicos y enfermeras saltando alrededor, gritando ¡Dale Vicky! ¡Dale Vicky!”. Esta chiquita, dice el papá, “conmovía a todos”. 

Ahora, tiene que hacer rehabilitación de kinesiología de toda la parte derecha, y también de su voz. En algún momento, piensa, regresará a la escuela. Y seguramente, en estos días estará visitando a todos sus compañeros del 6to año del Colegio Nacional. Ella dice que “en octubre voy a empezar”. 

Al finalizar la entrevista, una reflexión de parte de Darío Gómez, luego de esta experiencia crucial en su historia de vida: “Todos andamos al trote en la vida, en lo cotidiano, pero la vida te cambia en un segundo y te cambia las prioridades como padre, sobre todo. Nadie está preparado para ser padre; mucho menos, para perder un hijo. Y cuando estás ahí, en esa cuerda, que lo pierdo, que no lo pierdo, es complicado”.  

Agradeció a la comunidad que acompañó. “Acompañaron con las oraciones y económicamente, cuando los compañeros de Vicky decidieron colaborar con esa campaña. Todo suma, todo sirve, en una situación tan difícil. Apareció mucha gente, no puedo nombrar a nadie porque sería injusto. Estamos súper agradecidos. No nos imaginábamos tanto afecto, tanto amor. Esto enseña que hay que pararse en otro lado, en todo lo bueno que hay. La fuerza de la gente hizo la diferencia. El amor de la gente hace la diferencia, para que los milagros sucedan”, dice este padre agradecido, al ver el milagro de vida que representa su hija.