“Tener una zanahoria para correr”: la importancia de los proyectos, la actividad y los vínculos para transitar una buena vejez
La gerontóloga Marcela Nucilli destacó en La Nueva Radio Suárez que mantenerse activo, socializar y tener proyectos son factores fundamentales para una longevidad saludable. También habló sobre la jubilación, el envejecimiento compartido y la necesidad de pensar nuevas formas de acompañar a las personas mayores.
En una sociedad que vive cada vez más años, la pregunta ya no pasa solamente por cuánto tiempo podemos vivir, sino también por cómo queremos transitar esos años. La actividad, los vínculos, los proyectos personales y la preparación para la jubilación aparecen como elementos fundamentales para construir una vejez saludable.
Así lo planteó la especialista en Gerontología Marcela Nucilli durante una entrevista con La Nueva Radio Suárez, en la que remarcó que la longevidad debe ser acompañada por una preparación que comience muchos años antes de llegar a la vejez.
“Para la vejez, para transitar una buena vejez, hay que prepararse por lo menos diez años antes”, sostuvo.
La especialista explicó que una de las claves está en no esperar a que aparezca la fragilidad para comenzar a modificar hábitos. A partir de los 50 o 60 años, dijo, hay que empezar a pensar cómo se quiere vivir la etapa posterior a la vida laboral. Controles médicos, actividad física, alimentación saludable, vínculos sociales y proyectos son parte de esa preparación.
Pero hay un aspecto que Nucilli considera especialmente importante: tener algo que motive a seguir adelante. “Una persona que tiene una zanahoria para correr, un proyecto de vida, es una persona que va al médico menos veces”, afirmó.
La metáfora resume una idea central: no importa necesariamente cuál sea el proyecto, sino que exista. Para una persona puede ser viajar; para otra, aprender un idioma, hacer una huerta, renovar un espacio de su casa, participar de un taller, salir a caminar, formar parte de un grupo o continuar desarrollando una profesión.
“Lo importante es, aun teniendo demasiada edad, como pareciera que es 80 años, tener un proyecto de vida. Seguir enamorado de algo”, señaló.
El ocio no es quedarse quieto
En ese sentido, Nucilli hizo una distinción entre el ocio saludable y el tiempo ocioso. “El ocio es un hobby. Voy a pilates, voy a yoga, salgo a correr, tengo mi grupo de bicicleta, voy a talleres, voy a encuentros”, ejemplificó.
Muy diferente es, explicó, disponer de tiempo sin ninguna actividad ni motivación, lo que puede conducir progresivamente al aislamiento.
Un día una persona puede dejar de salir; al siguiente puede dejar de preocuparse por su aspecto; después puede comenzar a permanecer más tiempo en la cama. Es una secuencia que puede llevar al aislamiento y, posteriormente, a la pérdida de autonomía.
Por eso, mantenerse activo no significa necesariamente realizar grandes esfuerzos ni contar con recursos económicos importantes. “Date una vuelta a la manzana. Caminá. Y mañana por ahí das una vuelta y media. Y caminá. Y salí. Y saludá al de enfrente. Porque eso también es salud”, propuso.
La importancia de los vínculos
Para la especialista, la actividad social tiene un peso enorme en la salud integral. El envejecimiento no debería pensarse como un proceso de retiro de la sociedad, sino como una etapa en la que es necesario conservar y generar nuevos vínculos.
En este sentido, destacó el trabajo que realizan los espacios destinados a las personas mayores y las propuestas que permiten reunirse, realizar actividad física, compartir talleres o simplemente encontrarse con otros.
Sin embargo, reconoció que hay una parte de la población que no participa de estos espacios y que incluso permanece dentro de sus hogares. “Hay mucha gente que está por fuera del Consejo de Adultos Mayores, que no va, porque ni siquiera sale de su casa”, explicó.
Allí aparece uno de los principales riesgos de la longevidad: la soledad. “La soledad es triste porque enferma”, sostuvo Nucilli, quien explicó que desde la Gerontología se considera que el aislamiento y la soledad constituyen factores relacionados con el inicio de la fragilidad.
Por eso, salir, caminar, encontrarse con otras personas y sostener una red de vínculos son acciones que pueden tener un impacto concreto sobre la calidad de vida.
Prepararse para la jubilación
La jubilación también requiere preparación. Nucilli cuestionó la idea de que el retiro laboral sea automáticamente una etapa de viajes y disfrute. Más allá de las posibilidades económicas de cada persona, explicó, el desafío es tener una estructura cotidiana que permita darle sentido al tiempo. “Hay que prepararse para la jubilación”, remarcó.
Aprender algo nuevo, desarrollar un hobby, incorporarse a una actividad grupal o mantener un proyecto personal pueden ser herramientas fundamentales para evitar que el retiro laboral se convierta en aislamiento. “Porque no es lo mismo el tiempo ocioso que el ocio”, reiteró.
La diferencia puede parecer pequeña, pero es fundamental: no se trata simplemente de tener menos obligaciones, sino de construir una vida que siga teniendo intereses, objetivos y vínculos.
Envejecimiento compartido: otra alternativa frente a la soledad
La especialista también se refirió a nuevas formas de convivencia que comienzan a aparecer frente al crecimiento de la población mayor y al problema habitacional. Una de ellas es el denominado envejecimiento compartido o cohabitación, donde dos o más personas mayores deciden compartir una vivienda. “Eso es común, también a veces surgen unos problemas terribles, pero es común porque a su vez la soledad es terrible”, explicó.
Compartir la vida cotidiana puede ayudar a reducir el aislamiento, aunque requiere acuerdos, planificación y también contemplar cuestiones legales y familiares.
La propuesta adquiere mayor relevancia en un escenario en el que muchas personas mayores tienen hijos que trabajan, nietos con sus propias actividades y familias cada vez más pequeñas.
Encontrar nuevas formas de acompañar
El envejecimiento también modifica el rol de las familias. Nucilli explicó que los hijos deben afrontar un proceso complejo cuando comienzan a advertir que sus padres ya no tienen las mismas capacidades de antes. “Vos tenés que empezar a protegerlos”, señaló, marcando que ese cambio de roles no resulta sencillo.
También sostuvo que no todo debe reducirse a la decisión entre permanecer solo en casa o ingresar a una residencia de larga estadía. Existen alternativas intermedias que deben analizarse según cada situación. En algunos casos, incluso, una residencia puede ser la opción más segura y adecuada. “No es fácil llevar a un padre a una casa de larga estadía, pero a veces es un acto de amor”, afirmó.
El papel de los gerontólogos, explicó, consiste justamente en acompañar esos procesos y ayudar a las familias a encontrar alternativas que permitan preservar, en la medida de lo posible, la autonomía y la calidad de vida.
La intergeneracionalidad como camino
Otro concepto que aparece como fundamental es el trabajo intergeneracional. Nucilli destacó la importancia de que niños, jóvenes y personas mayores compartan espacios y actividades, porque el contacto entre generaciones permite que los más chicos conozcan de manera natural el proceso de envejecimiento y se preparen para una sociedad en la que vivir hasta edades avanzadas será cada vez más habitual.
Según las proyecciones que mencionó durante la entrevista, el proceso demográfico continuará durante las próximas décadas y recién hacia 2080 podría comenzar a encontrarse un nuevo equilibrio poblacional.
Por eso, la especialista insistió en que no hay tiempo que perder. “El mundo que se viene es un mundo que va a tener que mirar hacia las personas mayores”, sostuvo.
Y ese futuro no está tan lejos. Está presente en las familias, en los barrios, en los centros de jubilados y en las calles de Coronel Suárez.
Vivir más, pero también vivir mejor
La longevidad plantea enormes desafíos, pero también puede representar una oportunidad. Nucilli recordó el ejemplo de las llamadas “zonas azules”, regiones del mundo donde se registra una elevada cantidad de personas longevas y donde suelen aparecer como factores comunes la actividad, la sociabilidad y la integración comunitaria.
No se trata solamente de contar con grandes recursos económicos. Muchas veces las herramientas están al alcance de la mano. “Caminá. Y salí. Y saludá al de enfrente”, resumió.
La clave, entonces, no parece estar solamente en agregar años a la vida, sino en agregar vida a esos años. Mantenerse en movimiento, cultivar vínculos, aprender, tener un propósito y continuar persiguiendo algún proyecto son, para la especialista, herramientas fundamentales para atravesar una nueva longevidad.
Porque, como sintetizó Marcela Nucilli, una persona puede tener como proyecto viajar a otro país, aprender algo nuevo o simplemente esperar a que crezcan las plantas de una huerta. Lo importante es seguir teniendo algo por lo cual levantarse cada día.
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