¿Juicio o acuerdo? La importancia de evaluar todas las alternativas antes de litigar
En una nueva edición del espacio Derecho a Saber, el abogado Juan Bautista Luqui analizó una cuestión frecuente en los conflictos judiciales: cuándo conviene llevar un juicio hasta el final y cuándo es preferible buscar un acuerdo que permita resolver el problema de manera más rápida y conveniente para las partes.
Luqui comenzó compartiendo el caso de una mujer que llevaba 25 años atravesando un conflicto sucesorio con una hermana, relacionado con dos departamentos en Capital Federal y por el que ya habían intervenido ocho abogados.
Al analizar la situación, el profesional consideró que continuar por la vía judicial solamente prolongaría el desgaste de la mujer. Por eso decidió comunicarse con el abogado de la otra parte y buscar una alternativa de negociación. “Muchas veces el juicio no es la solución”, explicó, señalando que antes de iniciar o continuar un proceso es necesario evaluar los riesgos y las posibilidades reales de alcanzar el resultado buscado.
En este sentido, el abogado destacó que no alcanza con tener derecho a reclamar una determinada suma: también hay que analizar si existen posibilidades concretas de cobrarla. Puede ocurrir que se obtenga una sentencia favorable, pero que la otra parte no tenga bienes o recursos para hacer efectivo el pago.
Frente a estas situaciones, aparecen alternativas como negociar con el abogado de la contraparte, establecer planes de pago o realizar reconocimientos de deuda, entre otras herramientas que pueden permitir una solución viable sin prolongar innecesariamente el litigio.
Luqui también puso el foco en el impacto personal y familiar que puede tener un juicio prolongado. Para muchas personas se trata de su único proceso judicial y, con el paso del tiempo, el conflicto comienza a ocupar un lugar importante en la vida cotidiana, generando preocupación, ansiedad y desgaste.
Por eso, antes de iniciar un juicio, consideró fundamental que el abogado explique no solamente los aspectos económicos, sino también cuánto puede durar el proceso y si el cliente está preparado para atravesarlo.
Otro de los puntos abordados fue la posibilidad de llegar a un acuerdo incluso cuando el juicio ya está iniciado. Según explicó, salvo determinadas situaciones específicas, las partes pueden arribar a un entendimiento en cualquier etapa del proceso. En esos casos, el diálogo entre los profesionales puede permitir encontrar una salida que evite continuar con un litigio que ya no resulta conveniente.
Durante la entrevista, Luqui también se refirió a aquellos casos en los que el objetivo del cliente deja de ser económico y aparece el deseo de perjudicar a la otra parte.
Contó que incluso llegó a renunciar a la representación de una clienta que pretendía continuar un camino judicial mucho más costoso simplemente para perjudicar a sus hermanas. “El abogado no está para eso”, sostuvo, remarcando que la función profesional no debe convertirse en una herramienta para hacer daño.
Finalmente, el abogado señaló que las necesidades y expectativas de una persona pueden cambiar durante los años que dura un juicio. Al comienzo puede existir una fuerte decisión de llegar hasta las últimas consecuencias, pero después de varios años puede aparecer el agotamiento y el deseo de terminar con el conflicto.
Por eso, consideró que parte de la tarea del abogado consiste también en ayudar al cliente a poner en la balanza qué puede ganar y qué puede perder, contemplando no solamente el resultado económico, sino también el tiempo, los costos y el desgaste personal.
En definitiva, Luqui destacó que litigar no siempre significa obtener la mejor solución y que un buen asesoramiento jurídico debe contemplar todas las alternativas posibles antes de dejar una decisión en manos de un juez.
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