AYERSOCIEDAD

Día de la Ancianidad: advierten sobre los desafíos de una sociedad cada vez más longeva y atravesada por la soledad

La especialista en Gerontología Marcela Nucilli analizó el envejecimiento poblacional, la necesidad de prepararse para la jubilación y los cambios que deberá afrontar la sociedad frente a una mayor cantidad de personas mayores. “Para transitar una buena vejez hay que prepararse por lo menos diez años antes”, sostuvo.

En el marco del Día de la Ancianidad, que se conmemora este viernes 28 de agosto, la especialista en Gerontología Marcela Nucilli analizó en diálogo con La Nueva Radio Suárez los profundos cambios demográficos que atraviesa la Argentina y los desafíos sociales que plantea una población cada vez más longeva.

El envejecimiento poblacional, explicó, ya no es una cuestión del futuro sino una realidad que comienza a sentirse y que obliga a pensar nuevas formas de acompañamiento, de cuidado y también de preparación personal.

Nucilli explicó que Argentina es actualmente considerada un país en transición demográfica. “Hoy tiene alrededor de un 12% de personas mayores de 65 años, pero un 16% de personas de 60”, señaló, al tiempo que estimó que hacia 2040 el país podría convertirse en una sociedad envejecida, con alrededor de un 24% de población mayor. A esto se suma el aumento de la expectativa de vida, que plantea un escenario completamente diferente al de décadas atrás.

“Se ha aumentado la expectativa de vida”, indicó la especialista, quien mencionó que actualmente se ubica aproximadamente en 72 años para los varones y 75 para las mujeres, aunque las proyecciones apuntan a que podría alcanzar los 85 años hacia 2030.

Pero detrás de los números hay una serie de consecuencias que exceden ampliamente el sistema previsional. Para Nucilli, uno de los principales problemas que ya puede observarse es la soledad.

“Se habla de que la próxima pandemia va a ser la soledad”, afirmó. Cada vez son más las personas mayores que viven solas, mientras que las familias también atraviesan transformaciones profundas. La situación económica, por ejemplo, está llevando en algunos casos a que hijos que habían formado su propio hogar regresen a vivir con sus padres, generando nuevas situaciones de convivencia entre generaciones.

“También se está empezando a ver mucho registro de violencia doméstica intergeneracional”, advirtió. No resulta sencillo para una persona adulta regresar al hogar familiar cuando ya construyó una vida propia, tiene hijos y adquirió determinadas costumbres y niveles de autonomía. A su vez, la persona mayor busca continuar autodeterminándose, conservar sus espacios y tomar decisiones sobre su vida y su patrimonio.

De esta manera, lo que inicialmente aparece como un fenómeno demográfico termina transformándose en un problema social.

Prepararse antes de llegar a la fragilidad

Uno de los conceptos centrales planteados por la especialista fue la necesidad de comenzar a prepararse para la vejez mucho antes de llegar a ella.

“La fragilidad en la persona sana comienza a partir de los 75 años, pero vos no podés empezar a los 75 a pensar qué vas a hacer. Tenés que empezar a los 50”, sostuvo.

Esa preparación no se limita a los controles médicos. Incluye también pensar en la vivienda, la movilidad, la alimentación, la actividad física, las relaciones sociales e incluso cuestiones patrimoniales.

Nucilli ejemplificó la situación con algo tan cotidiano como una vivienda de dos plantas: una persona puede haber construido su casa pensando en otra etapa de la vida, pero debería preguntarse qué sucederá cuando subir y bajar escaleras resulte más difícil. También hay que contemplar qué ocurre ante una caída cuando se vive solo, quién puede asistir y cómo está preparado el entorno.

“Para transitar una buena vejez hay que prepararse por lo menos diez años antes”, remarcó. Y propuso comenzar alrededor de los 60 años a tomar conciencia de la necesidad de realizar controles, abandonar el sedentarismo, mejorar la alimentación y mantenerse activo.

El objetivo, explicó, no es simplemente vivir más años, sino que esa mayor longevidad pueda estar acompañada por calidad de vida.

Una nueva mirada sobre la vejez

Otro de los desafíos señalados por Nucilli es el edadismo, es decir, la discriminación y los prejuicios vinculados con la edad. La especialista cuestionó que todavía persistan expresiones despectivas hacia las personas mayores y determinados estereotipos que consideran que a cierta edad ya no corresponde enamorarse, comenzar actividades nuevas, estudiar o desarrollar proyectos.

“Está aumentando la edad de vida, la longevidad, hay una nueva longevidad y me parece que no nos estamos poniendo a la altura de las circunstancias porque sigue un gran nivel de discriminación por edad”, expresó.

En ese sentido, también llamó a revisar la forma en que se piensa la jubilación. No se trata solamente de determinar a qué edad una persona deja de trabajar, sino de preparar ese momento. “Hay que prepararse para la jubilación, ¿cuándo? Muchos años antes”, afirmó.

Porque abandonar el trabajo puede significar disponer de más tiempo, pero no necesariamente saber qué hacer con él. Nucilli marcó una diferencia entre “tiempo ocioso” y “ocio”: mientras el primero puede llevar al aislamiento, el segundo supone tener intereses, actividades y proyectos.

“Hacer cualquier cosa. Aprender cosas nuevas, aprender idiomas”, propuso. También mencionó actividades físicas, talleres, grupos, encuentros y hobbies. “No es lo mismo el tiempo ocioso que el ocio”, insistió.

Socializar también es salud

La especialista puso especial énfasis en la importancia de los vínculos. La soledad no debe ser entendida simplemente como estar físicamente solo, sino como la pérdida o ausencia de redes significativas. “Socializar es salud”, resumió.

Caminar, salir, encontrarse con otras personas, saludar a los vecinos, participar de una actividad o simplemente mantener una rutina que obligue a salir de la casa son acciones que pueden contribuir al bienestar.

En este contexto, destacó la importancia del trabajo comunitario y de los espacios destinados a las personas mayores, aunque reconoció que existe una parte de la población que permanece alejada de ellos y que incluso puede no salir de su vivienda. “Hay mucha gente que está por fuera del Consejo de Adultos Mayores, que no va, porque ni siquiera sale de su casa”, señaló.

La soledad, además, puede convertirse en un círculo difícil de romper: los hijos y nietos tienen sus propias obligaciones, las visitas se reducen, la persona mayor permanece cada vez más aislada y, con el tiempo, ese aislamiento puede profundizarse.

Nuevas formas de convivencia

Frente al problema de la vivienda y la soledad, Nucilli también mencionó una alternativa que comienza a observarse con mayor frecuencia: el envejecimiento compartido o la cohabitación.

Se trata, por ejemplo, de personas mayores que deciden compartir una vivienda con amigas u otras personas de confianza. La especialista aclaró que no es una solución sencilla y que pueden surgir dificultades legales, familiares y de convivencia, pero representa una alternativa frente a jornadas que pueden resultar excesivamente solitarias.

También destacó la necesidad de agotar distintas alternativas antes de llegar a una residencia de larga estadía. Para los hijos muchas veces se trata de una decisión cargada de culpa, pero en determinadas circunstancias puede terminar siendo un acto de cuidado. “En el medio hay otras opciones que hay que tratar de agotar hasta llegar a la residencia de larga estadía”, explicó.

El desafío, sostuvo, es encontrar un equilibrio que permita acompañar tanto a las personas mayores como a sus hijos y nietos, evitando que todo el peso del cuidado recaiga sobre una única persona.

Una sociedad que deberá cambiar su mirada

Nucilli planteó que el envejecimiento de la población también obliga a modificar las políticas públicas, la atención sanitaria, los espacios de participación y la propia concepción social de la vejez.

Los médicos, por ejemplo, deberán prepararse para atender a una población cada vez mayor y desarrollar una capacidad de escucha más amplia. La consulta médica muchas veces representa para una persona mayor mucho más que un control de salud: puede ser uno de los pocos momentos de contacto social que tiene.

“Los adultos mayores esperan ese momento, porque es el momento de catarsis. De hablar con alguien”, explicó.

Para la especialista, la nueva longevidad exige una sociedad preparada para acompañar a las personas durante más años, pero también personas que comiencen a prepararse mucho antes para esa etapa.

La proyección demográfica obliga a mirar hacia adelante: Marcela Nucilli sostuvo que el equilibrio poblacional recién podría alcanzarse hacia 2080. Mientras tanto, la sociedad deberá aprender a convivir con una presencia cada vez mayor de personas longevas.

Y la conclusión es clara: no se trata solamente de vivir más, sino de prepararse para vivir mejor esos años, manteniendo vínculos, actividad, autonomía y un proyecto de vida.