“Derecho a Saber”: los riesgos de tener un campo a nombre del abuelo y por qué es clave hacer la sucesión
En un nuevo espacio de Derecho a Saber por La Nueva Radio Suárez, el abogado Juan Bautista Luqui abordó una problemática muy frecuente en la región: campos que continúan figurando legalmente a nombre de familiares fallecidos, muchas veces el abuelo, pese al paso de varias generaciones.
“Es un tema muy común en nuestra zona y claramente es un problema”, advirtió el letrado, al explicar que, si bien en la práctica esos bienes siguen siendo utilizados por la familia, desde el punto de vista legal no se puede disponer libremente de ellos. “No se puede vender, ni hipotecar, ni tomar decisiones importantes. Apenas se puede alquilar”, señaló.
Luqui explicó que, según la ley, los bienes pasan automáticamente a los herederos al momento del fallecimiento, pero esa situación debe regularizarse mediante el proceso sucesorio. El inconveniente surge cuando este trámite se posterga durante años: los herederos también fallecen y la propiedad termina teniendo cada vez más titulares, lo que complica la toma de decisiones y multiplica los conflictos.
Uno de los puntos más conflictivos tiene que ver con el uso del campo. “Muchas veces hay un familiar que lo trabaja, invierte o lo mantiene, pero después surgen discusiones sobre si corresponde compensarlo o no”, indicó. En ese sentido, aclaró que los frutos del campo —como cosechas o cría de animales— pertenecen a todos los herederos, y que quien lo utiliza de forma exclusiva debe compensar al resto.
Además, remarcó que mantener un campo sin regularizar implica riesgos económicos y legales. Por ejemplo, las deudas siguen figurando a nombre del fallecido, mientras que los herederos pueden tener ingresos provenientes de un bien que legalmente no está a su nombre, lo que puede generar inconvenientes fiscales. “Es como tener un capital enorme, pero sin papeles”, graficó.
El abogado también destacó la importancia de realizar inventarios al iniciar una sucesión, no solo de grandes bienes sino también de objetos personales. “Eso evita conflictos futuros entre familiares, que muchas veces surgen por cuestiones sentimentales o de valor económico menor”, explicó.
En cuanto a los costos, Luqui detalló que los gastos del proceso sucesorio rondan entre un 5% y un 6% del valor fiscal del bien, mientras que los honorarios profesionales pueden variar según la complejidad del caso. Sin embargo, insistió en que no debe verse como un gasto: “No es caro, es una inversión. Tener el título a tu nombre aumenta significativamente el valor del bien”.
Finalmente, recomendó iniciar la sucesión lo antes posible para evitar conflictos y ordenar el patrimonio familiar. “Los problemas que se previenen son más fáciles y más baratos de resolver. Y, además, se les deja a las próximas generaciones una situación mucho más clara”, concluyó.
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