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Derecho a Saber: ¿conviene aceptar o rechazar una herencia?

En una nueva edición del espacio Derecho a Saber, el abogado Juan Bautista Luqui abordó uno de los temas que más dudas genera entre quienes atraviesan la pérdida de un familiar: la sucesión y la decisión de aceptar o rechazar una herencia.

Luqui explicó que la ley parte de un principio fundamental: las deudas de la persona fallecida se pagan con los bienes del fallecido. En principio, esas deudas no deberían afectar el patrimonio personal de los herederos. Sin embargo, para que esto se cumpla, es clave tomar decisiones informadas y a tiempo.

Aceptar una herencia implica aceptar todo: los bienes y también las deudas. Del mismo modo, rechazarla significa rechazarlo todo. “No se puede elegir lo bueno y descartar lo malo”, aclaró el abogado. Por eso, antes de decidir, es indispensable realizar un análisis detallado de la situación patrimonial del causante.

Ese análisis comienza con un inventario exhaustivo, que debe incluir absolutamente todo: inmuebles, autos, cuentas bancarias, negocios, herramientas, contratos, alquileres, animales, cereales y hasta los objetos personales más pequeños. “Desde una casa hasta los cubiertos, los libros, la ropa o las fotos. Todo debe estar inventariado para evitar conflictos futuros”, señaló Luqui.

Un error frecuente es comenzar a repartir los bienes “de buena fe” entre familiares. El abogado advirtió que cualquier acto de disposición o reparto implica, para la ley, la aceptación tácita de la herencia. Cambiar cerraduras, usar un auto del fallecido o entregar muebles ya coloca al heredero en una posición de responsabilidad, incluso frente a deudas que puedan aparecer luego.

La renuncia a la herencia, en cambio, debe hacerse de manera formal, mediante escritura pública. Solo así la persona queda completamente desvinculada de los bienes y de las deudas. Luqui ejemplificó con casos en los que renunciar fue la mejor decisión, como cuando el fallecido tenía un negocio con empleados y posibles juicios laborales.

Otro punto importante es que los acreedores pueden exigir a los herederos que acepten o renuncien, para saber contra quién reclamar. Si un heredero renuncia, su parte se redistribuye entre los demás herederos.

También existen las llamadas deudas ocultas, que pueden aparecer tiempo después de iniciado el trámite sucesorio. Quien acepta la herencia puede verse alcanzado por esos reclamos; quien renuncia, no.

En cuanto a la división de bienes, Luqui destacó que ponerse de acuerdo entre herederos siempre es más económico que dejar la resolución en manos de la Justicia. Cuando interviene un juez, suelen participar martilleros, escribanos y otros profesionales, lo que puede insumir entre un 30% y un 40% del valor real de los bienes.

Finalmente, el abogado recordó que, para la ley, los herederos lo son desde el mismo momento del fallecimiento, aunque luego deban realizarse los trámites judiciales correspondientes para formalizar esa situación.

“La clave en una sucesión es no apresurarse, informarse bien, inventariar todo y entender que cada acto tiene consecuencias legales”, concluyó Luqui.