Derecho a Saber: ¿Cómo se dividen los bienes cuando termina un matrimonio?
En una nueva entrega del espacio “Derecho a Saber”, el abogado Juan Bautista Luqui explicó qué establece la legislación argentina sobre la división de bienes en el divorcio. Bienes propios y gananciales, recompensas, compensación económica y acuerdos judiciales fueron algunos de los temas abordados, con recomendaciones para evitar conflictos y proteger los derechos de ambas partes.
La finalización de un matrimonio no solamente implica una separación afectiva, sino que también plantea interrogantes sobre el patrimonio construido durante la vida en común. ¿Qué ocurre con la casa familiar? ¿Cómo se distribuyen los bienes adquiridos durante el matrimonio? ¿Qué sucede si uno de los integrantes invirtió dinero heredado en una propiedad compartida?
Estos y otros interrogantes fueron abordados por el abogado Juan Bautista Luqui en una nueva edición de “Derecho a Saber”, el espacio de La Nueva Radio Suárez dedicado a explicar cuestiones jurídicas de interés cotidiano.
El profesional aclaró que la división de bienes debe analizarse desde lo que establece la ley, independientemente de las razones que llevaron al divorcio. En ese sentido, recordó que actualmente no existe el divorcio con atribución de culpa como ocurría bajo el régimen anterior.
“Al momento de dividir los bienes no importa si hubo infidelidad, si uno se fue o qué pasó en la relación”, explicó. La disolución del vínculo puede ser solicitada por cualquiera de los cónyuges sin necesidad de expresar una causa, aunque la presentación debe incluir una propuesta que contemple las consecuencias del divorcio, entre ellas la distribución de los bienes.
Bienes propios y gananciales: qué cambia con el divorcio
Luqui recordó que, para determinar cómo se distribuye el patrimonio, es fundamental distinguir entre bienes propios y bienes gananciales.
Los bienes propios son, entre otros, aquellos que una persona tenía antes del matrimonio, los que recibe por herencia o donación y los adquiridos en reemplazo de otros bienes propios, siempre que se cumplan los requisitos legales correspondientes.
En cambio, los bienes gananciales son, en términos generales, los incorporados al patrimonio durante la vigencia de la comunidad matrimonial, con las excepciones previstas por la legislación.
El abogado advirtió sobre una situación frecuente: las parejas que se separan de hecho, pero nunca formalizan el divorcio.
“En principio, para la ley siguen casados. Por lo tanto, lo que uno compre puede seguir siendo ganancial”, señaló.
Como ejemplo, planteó el caso de una pareja que se separa y, años después, uno de sus integrantes compra una vivienda o un automóvil. Si no se acredita legalmente que la comunidad matrimonial había terminado antes, esos bienes podrían quedar sujetos a la división.
La fecha de separación efectiva puede ser relevante, pero debe probarse y ser reconocida judicialmente para que tenga los efectos correspondientes. Por eso, Luqui recomendó no dejar pasar los años sin consultar cómo regularizar la situación.
La protección de la vivienda y de quien queda en una situación vulnerable
Durante la entrevista, el abogado también se refirió a las herramientas legales que pueden proteger a uno de los cónyuges cuando la separación lo deja en una situación económica desfavorable.
Explicó que, bajo determinadas circunstancias, puede solicitarse la atribución temporal del uso de la vivienda familiar, incluso cuando el inmueble pertenece al otro integrante de la pareja.
Esta posibilidad busca brindar tiempo para reorganizar la vida y encontrar una alternativa habitacional. La decisión depende de las circunstancias de cada caso y de los criterios que establece la ley.
Luqui remarcó que la ruptura matrimonial no debe analizarse únicamente desde la titularidad de los bienes, sino también teniendo en cuenta las situaciones de vulnerabilidad que pueden generarse tras la separación.
¿Qué son las recompensas en una división de bienes?
Uno de los conceptos que el abogado desarrolló fue el de las recompensas, un mecanismo previsto para compensar determinados aportes de dinero entre el patrimonio propio de uno de los cónyuges y el patrimonio ganancial del matrimonio.
Para explicarlo, propuso el ejemplo de una mujer que recibe de sus padres un terreno cuando todavía es soltera. Después de casarse, la pareja construye allí una vivienda con dinero ganancial.
En ese caso, el terreno no se convierte automáticamente en un bien ganancial por el hecho de que se haya construido una casa durante el matrimonio. Sin embargo, al momento de liquidar la comunidad, debe determinarse cómo se compensa la inversión realizada con fondos gananciales.
La situación inversa también puede ocurrir: una pareja tiene una propiedad ganancial y uno de sus integrantes utiliza dinero propio, por ejemplo, proveniente de una herencia, para ampliarla o realizar mejoras.
Si se cumplen los requisitos legales, ese aporte puede dar lugar a una recompensa a favor de quien utilizó sus fondos propios.
Luqui advirtió que demostrar el origen del dinero puede resultar complicado cuando pasó mucho tiempo o no se conservaron los comprobantes correspondientes.
También hizo hincapié en la importancia de documentar correctamente las operaciones. Si una persona compra un bien durante el matrimonio con dinero proveniente de una herencia o de otro patrimonio propio, no alcanza necesariamente con afirmar que los fondos le pertenecían: deben cumplirse las formalidades legales para preservar ese carácter.
Compensación económica: un plazo que no hay que perder de vista
Otro de los temas abordados fue la compensación económica, una figura que busca corregir el desequilibrio económico manifiesto que puede producirse entre los cónyuges como consecuencia del divorcio.
Luqui explicó que puede resultar relevante en casos en los que una persona dedicó gran parte de su vida al cuidado de los hijos, las tareas domésticas o el acompañamiento de la carrera profesional de su pareja, y luego de la separación queda en una situación económica considerablemente más desfavorable.
La compensación puede acordarse de distintas maneras, de acuerdo con las circunstancias y las alternativas previstas legalmente.
El abogado hizo especial hincapié en el plazo para solicitarla: la acción para reclamar una compensación económica caduca a los seis meses de dictada la sentencia de divorcio. Por eso, recomendó buscar asesoramiento a tiempo, ya que dejar transcurrir ese período puede impedir el reclamo.
Negociar y dejar los acuerdos asentados judicialmente
Para Luqui, una negociación razonable entre las partes y sus abogados suele ser el camino más conveniente para resolver la distribución de los bienes, evitar procesos prolongados y reducir el desgaste emocional.
Sin embargo, aclaró que los acuerdos deben formalizarse adecuadamente. Su recomendación es que los convenios sobre la división patrimonial se presenten en el expediente judicial para que sean evaluados y, cuando corresponda, homologados por el juez.
De ese modo, se busca otorgar mayor seguridad jurídica y evitar que, tiempo después, una de las partes desconozca lo pactado o cuestione si efectivamente recibió el dinero o los bienes acordados.
El profesional también señaló que, cuando existe riesgo de que alguno de los integrantes de la pareja venda, oculte o disponga de bienes para frustrar la futura división, pueden solicitarse medidas cautelares. Para que sean concedidas, deben acreditarse los requisitos legales y el riesgo que se pretende evitar.
El consejo final: asesorarse y no firmar bajo presión
En el cierre de la entrevista, Luqui recomendó no firmar convenios sin comprender sus consecuencias, especialmente en momentos de enojo, tristeza o angustia.
“Siempre hay que apoyarse en un abogado de confianza que lea bien las cosas y proteja los derechos de cada uno”, aconsejó.
También pidió evitar que los hijos queden involucrados en los conflictos patrimoniales o sean utilizados como herramienta de presión entre los adultos.
Para el abogado, un acuerdo no debería buscar que una de las partes se imponga sobre la otra, sino alcanzar una solución razonable que permita cerrar una etapa con la mayor seguridad posible.
“Negociación se llama no dejar gente herida”, expresó, al advertir que los acuerdos abusivos pueden generar nuevos conflictos en el futuro y afectar también los vínculos familiares.
La conclusión de esta nueva entrega de “Derecho a Saber” fue clara: ante un divorcio, conocer los derechos, documentar los bienes y contar con asesoramiento jurídico desde el comienzo puede marcar una diferencia fundamental para resolver la división patrimonial de manera ordenada y proteger a todas las personas involucradas.
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