HOYSOCIEDAD

Derecho a Saber: cómo evitar que una empresa familiar se pierda en una sucesión

En una nueva edición del espacio Derecho a Saber, el abogado Juan Bautista Luqui abordó una problemática frecuente pero poco hablada: qué sucede con las empresas familiares cuando fallecen sus fundadores y no existe una planificación sucesoria adecuada.

Durante la charla, Luqui partió de una frase que resume una realidad habitual: “El abuelo la funda, el hijo la sostiene y el nieto la pierde”. A partir de allí, explicó que son muy pocos los casos en los que una empresa logra mantenerse sólida a lo largo de varias generaciones y que esto se debe, en gran medida, a la falta de decisiones a tiempo.

“El que creó la empresa es quien mejor la conoce. Por eso, mientras está vivo, es el momento ideal para definir qué quiere que pase el día que no esté”, señaló. En ese sentido, remarcó la escasa cultura del testamento en Argentina, a diferencia de otros países donde su uso es habitual.

El abogado fue contundente al advertir sobre los riesgos de no planificar: “Dejar en manos de la justicia la división de una empresa es una locura. El juez aplica la ley, pero no contempla cuestiones personales, afectivas o el rol que tuvo cada heredero dentro del negocio”. Además, explicó que los procesos sucesorios no solo suelen generar conflictos familiares, sino que también implican costos elevados.

Como alternativa, propuso un primer paso clave: el diálogo. “Tiene que haber una reunión familiar. Sentar a todos los herederos, plantear la realidad y buscar acuerdos sobre cómo continuar con la empresa”, indicó. Reconoció que no es un proceso sencillo, pero sí necesario para evitar conflictos futuros.

Una vez alcanzado un acuerdo, recomendó plasmarlo por escrito, ya sea a través de un testamento o de herramientas legales que hoy permiten ciertos pactos en el caso de explotaciones productivas o empresas familiares. También mencionó la posibilidad de utilizar figuras como el fideicomiso testamentario para ordenar la sucesión.

Por otro lado, Luqui destacó la importancia de formalizar las empresas: “Muchas veces estos negocios están a nombre de una sola persona. Convertirlos en sociedades permite ordenar la toma de decisiones y limitar la responsabilidad de los herederos”.

Finalmente, recordó que toda planificación tiene un límite legal: la legítima hereditaria, que garantiza que ningún heredero forzoso pueda ser excluido completamente.

“El problema no es solo jurídico, es humano. Tiene que ver con las dinámicas familiares, los intereses y los vínculos. Por eso, lo importante es hablarlo a tiempo, dejarlo por escrito y buscar que ese esfuerzo de toda una vida pueda perdurar”, concluyó.

De esta manera, el espacio volvió a poner sobre la mesa la importancia de anticiparse y organizar, para evitar que los conflictos y la falta de previsión terminen desarmando lo que llevó años construir.