De Coronel Suárez a Turquía: Máximo López regresó con un nuevo idioma y ahora enseña turco en la ciudad
Con 21 años, obtuvo una beca completa para estudiar en Turquía, donde aprendió el idioma y conoció otra cultura. Hoy comparte esa experiencia dando clases los viernes en la Academia Cultura Inglesa, una propuesta destinada tanto a quienes sienten interés por las novelas turcas como a quienes sueñan con viajar y conocer Estambul.
Aprender un idioma puede abrir puertas inesperadas. Para Máximo López, de Coronel Suárez, el inglés fue justamente la herramienta que le permitió acceder a una oportunidad que cambiaría su recorrido: una beca para estudiar en Turquía, con todos los gastos cubiertos. Allí aprendió turco, se acercó a una cultura diferente y, después de regresar, decidió compartir esos conocimientos con otras personas de la ciudad.
En una entrevista en los estudios de La Nueva Radio Suárez, Máximo contó cómo comenzó esta historia y cómo surgió la iniciativa de enseñar un idioma que no es habitual encontrar entre las propuestas de formación de nuestra comunidad.
Actualmente brinda clases los viernes, de 18 a 19:30, en la Academia Cultura Inglesa, gracias al espacio que le ofreció Noemí para desarrollar esta actividad.
Una beca que comenzó casi por casualidad
La posibilidad de viajar surgió mientras Máximo buscaba alternativas de estudio para una amiga. Navegando por internet encontró, en el sitio oficial argentina.gob.ar, información sobre becas en el extranjero. Le comentó la oportunidad y, como ella no se animó a postularse, decidió intentarlo él mismo.
El proceso incluyó una entrevista en la Embajada de Turquía, en Buenos Aires. Allí se encontró con una dificultad inicial: quienes lo recibieron no hablaban español. Sin embargo, cuando le preguntaron si sabía inglés, pudo continuar con la entrevista en ese idioma.
Máximo contaba con el certificado B2 First de Cambridge, una acreditación que resultó importante para comunicarse con los entrevistadores. Según recordó, la conversación fue muy fluida y estuvo centrada principalmente en sus intereses personales, sus aspiraciones y sus ganas de estudiar en Turquía.
También contó que llamó la atención su lugar de procedencia. Cuando explicó que vivía en Coronel Suárez, a unos 600 kilómetros de Buenos Aires, debió aclarar que se trataba de una localidad de la provincia de Buenos Aires y no de otra provincia. Las distancias argentinas resultaban difíciles de dimensionar para sus interlocutores.
Finalmente fue seleccionado y accedió a una beca que cubrió el pasaje, el alojamiento, un estipendio mensual, el seguro médico y los estudios universitarios. También tuvo la posibilidad de participar en viajes educativos sin tener que afrontar esos gastos.
Aprender turco: cambiar la lógica del idioma
Llegar a Turquía significó encontrarse con un desafío completamente nuevo. Máximo no sabía turco y, además, descubrió que fuera de los ámbitos internacionales no era tan frecuente encontrar personas que hablaran inglés. Durante los primeros días debió comunicarse mediante gestos y contó con la ayuda de una comunidad latinoamericana que ya estaba instalada allí.
El aprendizaje del idioma fue, según reconoció, una de las partes más exigentes de la experiencia. No se trataba solamente de incorporar vocabulario, sino de acostumbrarse a una estructura muy diferente a la del español.
Explicó que en turco el verbo suele ubicarse al final de la oración y que buena parte de la construcción de las palabras se realiza mediante sufijos. Como ejemplo, mencionó cómo una palabra puede incorporar terminaciones que expresan ubicación y persona, permitiendo comunicar en una sola forma algo que en español requiere varias palabras.
A eso se suma la historia del idioma: hace menos de un siglo Turquía adoptó el alfabeto latino, reemplazando el sistema de escritura de origen árabe que se utilizaba anteriormente.
Para Máximo, aprender turco implicó dejar de intentar traducir cada palabra literalmente y comenzar a comprender las ideas y asociaciones propias de esa lengua. Una experiencia que también le enseñó a tener paciencia y a aceptar que no siempre se entiende todo de inmediato.
De la experiencia personal a las clases en Coronel Suárez
Después de su estadía en Turquía, Máximo decidió que podía compartir lo aprendido. La propuesta está abierta a quienes tengan interés en el idioma, ya sea por curiosidad cultural, por el atractivo de las producciones televisivas turcas o porque planean viajar a ese país.
La idea es brindar herramientas para desenvolverse en situaciones cotidianas: saludar, presentarse, pedir algo, consultar precios o comunicarse ante alguna necesidad durante un viaje.
Durante la entrevista, el joven hizo una presentación en turco y contó que había viajado a ese país para estudiar el idioma y que, después de aprenderlo, regresó a Coronel Suárez para enseñarlo.
Las clases se dictan los viernes de 18 a 19:30 en la Academia Cultura Inglesa.
Una experiencia que despertó nuevas inquietudes
La estadía también le permitió conocer personas de distintos países, especialmente de Asia Central, con quienes entabló amistades. Contó que muchos de ellos tenían interés por Argentina y que incluso logró acercarlos a una costumbre muy nuestra: tomar mate. Algunos comenzaron a comprar yerba en Turquía para poder compartirlo.
Esa experiencia alimentó su interés por seguir estudiando idiomas. Máximo manifestó que le gustaría formarse en Relaciones Internacionales y que entre sus próximos objetivos están aprender ruso, alemán y chino.
En particular, explicó que el turco puede resultar más accesible para personas de Asia Central porque algunas de sus lenguas nativas pertenecen a la misma familia lingüística. En cambio, para quienes hablan español, el proceso requiere más tiempo y dedicación.
Con apenas 21 años, Máximo López convirtió una oportunidad de formación en una experiencia que hoy comparte con su comunidad. Su propuesta invita a descubrir una lengua diferente, acercarse a otra cultura y comprobar que, con curiosidad, constancia y paciencia, también se pueden abrir puertas mucho más lejos de lo que uno imagina.
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