Damián Lefevre y un viaje de 9.000 kilómetros en bicicleta: “Quiero aprender a usar el tiempo a favor mío”
El 24 de agosto, día en que su papá habría cumplido 79 años, Damián Lefevre emprendió desde Coronel Suárez un viaje que combina aventura, desafío personal y una búsqueda íntima: llegar en bicicleta hasta Ciudad de México, después de recorrer aproximadamente 8.500 a 9.000 kilómetros.
El destino final es la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, pero Damián tiene claro que el verdadero objetivo está en el camino. A sus 53 años, decidió dejar por un tiempo su actividad cotidiana para vivir una experiencia diferente, recorriendo pueblo a pueblo, sin apuro y con la bicicleta como medio de transporte. Esa bicicleta a la que le puso un nombre: “La Gauchita”.
“Emprendo el viaje porque tengo ganas de vivir la aventura, de viajar en bicicleta”, contó en diálogo con la radio.
Damián conoce Ciudad de México porque vivió allí durante 19 años. También conserva allí parte de su familia, incluida su hija. Por eso, la idea de llegar hasta ese destino por tierra comenzó a transformarse en un proyecto que finalmente decidió poner en marcha.
Entre 50 y 60 kilómetros por día
La planificación contempla jornadas de aproximadamente 50 a 60 kilómetros, aunque puede realizar entre 55 y 70 dependiendo de las circunstancias.
La decisión es no exigirse de más y disfrutar del recorrido. La estrategia consiste en buscar destinos que estén a una distancia razonable para poder llegar, descansar y continuar al día siguiente.
“Quiero disfrutarlo al viaje, entonces no quiero exigirme”, explicó.
En los primeros kilómetros ya comenzó a comprobar que el cuerpo también se adapta progresivamente. Otros cicloviajeros con los que se cruzó le contaron que, a medida que se acumulan kilómetros, el organismo naturalmente puede comenzar a pedir jornadas más largas.
Pero Damián prefiere mantener su propio ritmo.
Dormir donde aparezca la solidaridad
Una de las particularidades de este viaje es la manera en que va resolviendo dónde pasar la noche.
Aunque disfruta acampar y ya durmió en su carpa en Cochicó, desde que salió de Suárez encontró numerosas muestras de solidaridad a lo largo del camino.
Ha pasado noches en el vestuario visitante de un club, una carpintería, un vagón de tren y dependencias de los Scouts, entre otros lugares.
También está descubriendo cómo la información se transmite de pueblo en pueblo. Al llegar a una localidad, suele presentarse primero en la comisaría para explicar quién es, de dónde viene y hacia dónde se dirige. A partir de allí pregunta por algún lugar donde pueda instalarse o descansar.
Y muchas veces aparece una mano tendida. “Siempre sale alguien bondadoso que te dice: venite a mi casa, o tengo un lugar cerrado”, relató.
Para Damián, esa solidaridad forma parte inseparable de la experiencia.
Un viaje que también recupera historias familiares
Su paso por Intendente Alvear, donde se encontraba al momento de la entrevista, tuvo además un significado especial.
Allí vivieron sus abuelos paternos y su padre durante su infancia. Como la familia no conserva demasiada información sobre aquella etapa, decidió aprovechar el viaje para reconstruir parte de esa historia.
Durante varios días se quedó en la localidad y conversó con personas que fueron amigos de su papá cuando eran chicos, intentando conocer cómo era su vida en aquel momento y reconstruir algunos recuerdos familiares.
Así, el viaje hacia México también se convirtió en una oportunidad para viajar hacia atrás en su propia historia.
De Argentina a México, atravesando América Latina
Después de pasar por Arroyito, Córdoba, donde permanecerá algunas semanas para encontrarse con familiares y personas importantes para él, Damián continuará hacia el norte.
Su recorrido previsto lo llevará por Córdoba, la zona de la precordillera y buena parte de la Ruta 40 hasta La Quiaca. Desde allí planea ingresar a Bolivia y continuar por Perú, Ecuador y Colombia.
Uno de los grandes desafíos del trayecto será atravesar el tramo entre Colombia y Panamá. Su intención es realizarlo en velero, recorriendo las islas del Caribe durante aproximadamente cinco días, una alternativa que viene estudiando a partir de las experiencias compartidas por otros viajeros.
Luego continuará por Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador y finalmente México.
En ese país volverá a encontrarse con parte de su historia personal: tiene familiares en distintas zonas y vivió durante casi dos décadas en Ciudad de México.
Calcula que todo el recorrido podría demandarle alrededor de un año y medio, aunque no se impuso una fecha de llegada.
Aprender a convivir con la incertidumbre
Más allá del desafío deportivo, Damián entiende este viaje como una experiencia de transformación personal.
La bicicleta, la carpa, el camino y los imprevistos lo obligan a convivir con situaciones que normalmente quedan fuera de la vida cotidiana: el frío, el viento, la incertidumbre sobre dónde dormir, una avería, un pinchazo o simplemente la necesidad de cambiar los planes.
“Tenés que ser resolutivo”, explicó.
También habló de la importancia de desarrollar paciencia y tolerancia a la frustración. Recordó historias de otros cicloviajeros que llegaron a pinchar varias veces en pocos kilómetros, teniendo que detenerse, sacar las alforjas y todo el equipaje, reparar la bicicleta y volver a empezar.
Para él, esas situaciones también forman parte del aprendizaje. “Está bueno porque vas también adquiriendo paciencia”, reflexionó.
“El objetivo es llegar, pero no importa si se cumple”
A pesar de que Ciudad de México y la Basílica de Guadalupe aparecen como destino final, Damián no quiere convertir el viaje en una carrera contra el tiempo.
Su prioridad es avanzar “poquito a poquito, despacito”, cuidando el cuerpo, disfrutando los paisajes y conociendo personas.
Sabe que pueden aparecer dificultades físicas o imprevistos que modifiquen el recorrido. Por eso no se impuso una obligación de llegar sí o sí.
“El objetivo final es ese, pero yo voy a ir poquito a poquito, despacito, disfrutando del viaje y del tiempo”, sostuvo.
Y en esa frase aparece quizás la esencia de su aventura.
Damián decidió salir a la ruta para conocer lugares y personas, pero también para aprender algo que considera fundamental: usar el tiempo a su favor, disfrutar el presente y no vivir permanentemente pendiente de lo que viene o atrapado en lo que ya pasó.
“Quiero seguir aprendiendo a usar el tiempo a favor mío para disfrutar del momento y no irme tanto para adelante ni agarrarme del pasado”, expresó.
El viaje recién comienza. Damián salió de Coronel Suárez el 24 de agosto, acompañado durante los primeros kilómetros por su amigo Darío Salotti, y desde entonces continúa avanzando hacia el norte.
Quienes quieran seguir su recorrido pueden hacerlo a través de las redes sociales en @pedaleandoamistades.
La meta está a miles de kilómetros, pero por ahora el desafío es mucho más simple: pedalear, llegar al próximo pueblo, descansar y volver a salir al día siguiente.
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