HOYSOCIEDAD

Contratos rurales: advierten sobre los riesgos de alquilar campos sin acuerdos por escrito

En una nueva edición del espacio “Derecho a Saber”, el abogado Juan Bautista Luqui abordó una problemática frecuente en zonas rurales: los acuerdos informales para el alquiler de campos y las complicaciones legales que pueden surgir al no dejar constancia escrita.

Una práctica común, pero riesgosa

Luqui explicó que, en muchos casos, los campos —especialmente aquellos que aún no han pasado por un proceso sucesorio— son alquilados de palabra a terceros para su explotación. “Muchas veces se hace de manera informal, con un acuerdo verbal, pero eso puede traer problemas a futuro”, señaló.

Si bien este tipo de contratos no exige obligatoriamente la forma escrita y pueden probarse por otros medios, como mensajes, testigos o comprobantes, el abogado fue claro: “Siempre conviene hacerlo por escrito, porque ahí quedan establecidos todos los derechos y obligaciones de las partes”.

Tipos de contratos en el ámbito rural

Durante la entrevista, detalló que existen distintas modalidades de contratación en el sector agropecuario:

Arrendamiento: una parte cede el campo y la otra paga un alquiler.
Aparcería: se trata de una especie de sociedad donde uno aporta la tierra y el otro el trabajo, repartiéndose la producción.
Contrato accidental: de corta duración (cuatro a seis meses), pensado para situaciones puntuales.

En este sentido, aclaró que la ley vigente —que data de 1948— establece un plazo mínimo de tres años para los arrendamientos rurales, por lo que los contratos accidentales no pueden repetirse de manera indefinida para evitar esa obligación.

Conflictos frecuentes y cómo evitarlos

Uno de los principales problemas aparece cuando no hay un contrato claro y una de las partes incumple. “Si la persona no se quiere ir del campo, hay que iniciar un juicio de desalojo. Y si no hay nada escrito, el conflicto se vuelve más complejo”, advirtió.

Además, se refirió a situaciones habituales, como qué ocurre con una cosecha en curso ante un desalojo. En esos casos, explicó que quien trabajó la tierra tiene derecho a reclamar el valor correspondiente, ya que de lo contrario se configuraría un “enriquecimiento sin causa”.

La importancia de dejar todo establecido

El especialista remarcó que un contrato no solo fija el plazo, sino también aspectos clave como la forma de pago, la moneda, responsabilidades ante imprevistos y condiciones de uso del campo.

“Hay mucho dinero en juego y sin embargo se sigue manejando con acuerdos de palabra. No es una cuestión de desconfianza, sino de ordenar la relación y evitar problemas”, sostuvo.

Finalmente, Luqui llamó a dejar atrás prácticas arraigadas: “El mundo cambia y se moderniza. Tener todo por escrito es una garantía para ambas partes y simplifica cualquier situación futura”.