HOY • SOCIEDAD

Como se Pide: Por Nicolás Ostertag. Seven de hockey organizado por el Club Unión Pigüé

Como se Pide: Por Nicolás Ostertag. Seven de hockey organizado por el Club Unión Pigüé

MI TESTIMONIO: LO QUE VIVIMOS CON NATALIA Y EL CLUB UNIÓN PIGÜÉ

Quiero contar públicamente lo que vivimos con Natalia después del grave accidente que sufrió durante el seven de hockey organizado por el Club Unión Pigüé.

Desde ese día, nuestra vida cambió por completo. Natalia sufrió lesiones graves y el 30 de octubre debe someterse a una cirugía compleja. Estamos atravesando momentos de mucha angustia, incertidumbre y preocupación, además de tener que afrontar gastos médicos millonarios.

Pero, además de todo lo que estamos viviendo con su salud, hay algo que me generó una enorme decepción: la falta de acompañamiento institucional que sentí por parte de la comisión directiva del Club Unión Pigüé.

Lo que pasó con el presidente, Roberto Martinoya

Quiero contar los hechos tal como sucedieron.

Tres días después del accidente me comuniqué con el presidente del club, Roberto Martinoya. Lo hice porque consideré que debía estar al tanto de la situación que estaba atravesando una jugadora de la institución durante una actividad organizada por el club.

¿Qué esperaba? No esperaba que me ofreciera dinero ni que se hiciera cargo de todos los gastos médicos. Esperaba algo mucho más sencillo: que me preguntara cómo estaba Natalia, cómo estábamos nosotros o si necesitábamos alguna orientación en medio de una situación tan difícil.

Sin embargo, la respuesta que recibí fue, básicamente, que Gisela era la responsable del hockey. Eso fue todo lo que me respondió.

No hubo, de su parte, una pregunta sobre el estado de Natalia, una muestra de preocupación por nuestra familia ni un gesto que yo pudiera interpretar como un verdadero acercamiento del presidente ante la gravedad de lo ocurrido.

Y quiero aclarar algo: no tengo nada que reprocharle a Gisela por haber estado presente. Al contrario, la destaco y le agradezco el acompañamiento que le brindó a Natalia desde el principio, incluso en el hospital. Pero una cosa es la responsabilidad de quien está a cargo del hockey y otra es la responsabilidad institucional de quien preside el club.

Ser presidente de una institución también significa estar presente cuando una persona de esa institución atraviesa una situación límite. No alcanza con responder que hay otra persona responsable del área y dar por terminado el asunto.

Los mensajes irónicos y el parte médico

Después de esa respuesta, pasaron los días y yo seguía sin recibir el acercamiento humano que esperaba.

En estos últimos días empecé a escribirle nuevamente a Roberto, esta vez con mensajes irónicos. Incluso le informé que Natalia iba a ingresar al quirófano el 30 de octubre y le pasé el parte médico para que supiera con mayor precisión lo que estaba sucediendo.

Le escribí de manera irónica porque estaba enojado, dolido y decepcionado por lo que había ocurrido desde mi primer contacto. Quería que tomara dimensión de la gravedad de la situación que estaba atravesando una jugadora de su club y de lo que significaba para nuestra familia.

No voy a ocultar el tono de esos mensajes ni a fingir que los envié de otra manera. Los mandé desde la bronca que me generó sentir que, después de haberle informado sobre un accidente tan grave, no había recibido una respuesta humana de su parte.

Tengo guardados los mensajes y las conversaciones. Si se quiere hablar de lo que pasó, considero que lo correcto es revisar los intercambios completos, desde el primer contacto hasta los mensajes posteriores, y no tomar una frase aislada fuera de contexto.

También quiero referirme a las afirmaciones de que yo habría amenazado de muerte al presidente y habría dicho otras cosas. Niego haber realizado esas amenazas y rechazo que se me atribuyan hechos que sostengo que no ocurrieron. Estoy dispuesto a que se revisen las conversaciones completas para que se conozca lo que efectivamente escribí.

Mi intención al contar esto no es esconder mi reacción, sino explicar cómo se llegó a ella y por qué terminé expresando mi enojo de esa manera.

¿De qué manera nos acompañó la comisión directiva?

Cuando manifesté mi disconformidad, la respuesta fue señalar a Gisela como responsable del hockey. Pero yo considero que el acompañamiento institucional no puede reducirse a derivar todo a una persona que coordina una disciplina.

Quiero destacar especialmente a Gisela, que acompañó a Natalia desde el comienzo, y a Claudio, que también estuvo presente y que en su momento formó parte de la comisión directiva, aunque no sé si actualmente continúa perteneciendo a ella. Reconozco lo que ambos hicieron y no quiero que mi reclamo sea interpretado como un ataque hacia ellos.

Mi cuestionamiento está dirigido a la conducción institucional y, en particular, a la respuesta que recibí del presidente, Roberto Martinoya.

Si desde el club sostienen públicamente que estuvieron acompañándonos, quiero hacerles una pregunta concreta y respetuosa: ¿de qué manera consideran que nos acompañaron?

¿Quién se comunicó con nosotros? ¿Cuándo? ¿Qué gesto institucional tuvieron con nuestra familia? ¿Qué orientación nos ofrecieron frente a lo que estaba sucediendo?

Estoy abierto a escucharlos y a conocer su versión. Si consideran que sí hubo un acompañamiento de la comisión directiva, me gustaría que lo expliquen concretamente. Yo tengo mis mensajes guardados y estoy dispuesto a mostrar las comunicaciones que mantuve.

Lo que no quiero es que se diga que estuvimos acompañados sin explicar en qué consistió ese acompañamiento, porque esa no es la experiencia que vivimos nosotros.

Y quiero aclarar algo más: una placa rota no puede ser la respuesta a estas preguntas. Una cosa es el daño que yo cometí y por el que me hago responsable, y otra es el acompañamiento institucional que recibimos o dejamos de recibir. Son cuestiones distintas y ambas deben poder hablarse.

La colecta de las compañeras y el apoyo del Club Sarmiento

Quiero destacar de manera especial a las compañeras de hockey que organizaron una colecta para ayudarnos.

La colecta nació por iniciativa propia de las compañeras, no de la comisión directiva del Club Unión. Fueron ellas quienes se organizaron y decidieron colaborar con nuestra familia. Ese gesto tiene un enorme valor para nosotros y quiero agradecerlo públicamente.

También quiero destacar al Club Sarmiento, que se comunicó conmigo y nos ofreció su apoyo, aun cuando Natalia no juega en esa institución.

Ese gesto me llegó profundamente. Personas de otro club se acercaron a ofrecernos ayuda, mientras nosotros esperábamos una señal de acompañamiento de parte de las autoridades del club donde se había organizado la actividad en la que Natalia sufrió el accidente.

No lo digo para enfrentar a un club con otro. Lo digo porque considero que estos gestos muestran que la solidaridad puede ir mucho más allá de los colores de una camiseta.

A las compañeras de hockey y al Club Sarmiento, gracias por estar presentes y demostrar humanidad en un momento tan difícil.

Reconozco mi error: actué con ira

También quiero hacerme cargo de mis propios actos.

En medio de la bronca, la impotencia y el dolor, reaccioné con ira y rompí la placa del club.

Estuvo mal. Es algo que no se debe hacer y no voy a justificarlo. Reconozco que actué mal y me hago responsable de mi conducta.

No pretendo presentarme como alguien que hizo todo bien. Sé que me equivoqué y no busco excusas. Pero reconocer mi error tampoco significa que deba callarme sobre lo que vivimos ni que las preguntas que tengo sobre la actuación de la comisión directiva dejen de ser legítimas.

Puedo reconocer que mi reacción fue incorrecta y, al mismo tiempo, expresar mi disconformidad con la falta de acompañamiento que sentí.

No quiero que una cosa se utilice para tapar la otra. Estoy dispuesto a responder por mis actos, pero también considero que las autoridades deben poder responder por los suyos.

El seguro deportivo: una advertencia para los clubes, jugadores y familias

Hay otro tema que considero fundamental y que quiero que sirva para generar conciencia.

Según la información que tenemos, el seguro deportivo tendría un límite aproximado de $4.000.000 para gastos médicos. Sin embargo, el costo de la primera cirugía de Natalia ronda los $27.000.000, y existe la posibilidad de una segunda intervención que podría costar entre $3.000.000 y $5.000.000 adicionales.

Son cifras estimadas y todavía estamos tratando de conocer con precisión qué corresponde cubrir según la póliza. Pero la diferencia entre esos montos y el límite de cobertura que nos informaron es enorme.

Entiendo que un club quiera reducir costos y que los jugadores quieran pagar un poco menos por un seguro. Muchas veces todos pensamos que no va a pasar nada, que los accidentes son improbables y que no vale la pena pagar más por una cobertura que quizás nunca se utilice.

Pero la vida demuestra que nadie está exento de sufrir un accidente. Puede pasarle a cualquiera, en cualquier partido, torneo o actividad deportiva.

Y cuando ocurre, como nos está ocurriendo a nosotros, los gastos no esperan. La atención médica debe continuar y la familia tiene que conseguir los recursos necesarios mientras se realizan los trámites con el seguro.

El seguro puede tener sus procedimientos, sus límites y sus tiempos de respuesta. Pero mientras se determina qué cubre y cuándo se hará efectivo, alguien tiene que afrontar los gastos. En nuestro caso, estamos intentando solventar compromisos millonarios en medio de una situación médica muy delicada.

Por eso considero que sería importante que los clubes no se limitaran a contratar un seguro y dar por terminado el asunto. También deberían asegurarse de que los jugadores y las familias conozcan los límites de la cobertura y sepan qué puede ocurrir si una lesión grave supera esos montos.

Y cuando pasa algo así, sería importante que la institución se acercara a la familia y le dijera: esto es lo que cubre el seguro, estos son los pasos que hay que seguir, esto es lo que podemos hacer para orientarlos y este es el acompañamiento que podemos brindarles.

No estoy afirmando que el club tenga automáticamente la obligación de pagar todo lo que el seguro no cubra. Estoy diciendo que la falta de una respuesta institucional concreta es lo que más me indigna y me tiene profundamente disconforme con la manera en que se manejó esta situación.

A los jugadores, a las familias y a las instituciones deportivas les digo: averigüen qué seguro tienen, cuánto cubre realmente y qué gastos contempla. No se queden solamente con saber que hay un seguro contratado.

Infórmense, lean las condiciones y fíjense dónde están jugando. Pagar un poco menos puede parecer una buena decisión hasta que ocurre algo grave y una familia descubre que tiene que afrontar una diferencia económica enorme.

No quiero desalentar el deporte. Quiero que se practique con responsabilidad, con información clara y con una cobertura que todos conozcan antes de entrar a la cancha.

Lo que espero del Club Unión Pigüé

Nunca fui al club a pedir dinero ni a exigir que se hicieran cargo de los gastos médicos de Natalia. Mi reclamo no nació de una pretensión económica. Nació de la decepción que sentí al comprobar que, después de comunicarle al presidente la gravedad de lo ocurrido, no recibí el gesto humano que esperaba.

Me comuniqué tres días después del accidente. Le expliqué la situación. Recibí como respuesta que Gisela era la responsable del hockey. Después, ante la falta de una respuesta que yo considerara suficiente, volví a escribirle, incluso de manera irónica, y le informé sobre la cirugía y el parte médico.

Ese es el orden de los hechos que quiero que se conozca.

También quiero que se conozca mi error, porque no tengo intención de ocultarlo. Pero quiero que se conozca todo, no solamente la parte que me deja mal parado.

Estoy dispuesto a escuchar a la comisión directiva y a que expliquen públicamente qué acompañamiento consideran que nos brindaron. Tengo las conversaciones guardadas y estoy dispuesto a respaldar mi versión con ellas.

No busco destruir al Club Unión Pigüé ni perjudicar a las personas que sí estuvieron presentes. Quiero que esta situación sirva para reflexionar sobre la responsabilidad humana de quienes conducen una institución y sobre la importancia de que los deportistas conozcan las limitaciones de sus seguros.

Detrás de cada jugadora hay una persona, una familia y una vida que puede cambiar de un momento a otro. En esas circunstancias, además de seguros, formularios y trámites, también tiene que existir humanidad.

La humanidad no debería delegarse.

A Gisela, a Claudio, a las compañeras que organizaron la colecta y al Club Sarmiento, les agradezco el acompañamiento y la solidaridad que demostraron.

A las autoridades del Club Unión Pigüé les digo que estoy dispuesto a escucharlas. Si sostienen que nos acompañaron, quiero saber de qué manera, porque esa no es la experiencia que vivimos como familia.

Yo no esperaba que me solucionaran la vida. Esperaba una llamada, un mensaje o una pregunta sincera sobre cómo estaba Natalia.

Y creo que, ante una situación tan grave, esperar un gesto de humanidad no es pedir demasiado.

Nicolás Ostertag DNI: 34.418.455