07/10/2021SALUD

Se aprobó la vacunación contra COVID-19 en niños de entre 3 y 11 años: entrevista al médico pediatra Andrés Aguirre

El médico pediatra especialista en neonatología Andrés Aguirre profundizó en información relativa a la vacunación contra la COVID-19, luego de que se conociera -el pasado martes- que la Sociedad Argentina de Pediatría avaló la decisión oficial del Ministerio de Salud.

Tras algunos desencuentros, finalmente, el presidente de la entidad pediátrica, Omar Tabacco, explicó que el Ministerio de Salud les aportó la evidencia sobre la efectividad de las dosis de Sinopharm en la población etaria de entre 3 y 11 años: "Queremos que los chicos se vacunen para su seguridad, para llegar a la inmunidad de rebaño y para reforzar la presencialidad escolar" había asegurado Tabacco.

En el aire de La Nueva Radio Suárez, Andrés Aguirre contó, en principio, que la duda sobre vacunar -o no- a los niños “es una pregunta que aparece desde hace mucho en el consultorio y con ésta noticia del Ministerio se multiplicaron las consultas”. 

Respecto del particular, repasó el escenario mundial: “En Israel empezaron a vacunar a chicos a partir de los tres años, desde hace un tiempo; en China, Emiratos Árabes y Reino Unido, también. Mientras que, en Estados Unidos, desde hace tres semanas comenzaron a vacunar chicos desde los cinco años”. Explicó que éstos dos últimos lo están haciendo con vacunas de ARN mensajero, que son las de Pfizer y Moderna; en cambio, en China y Emiratos, con la Sinopharm. 

“No seríamos los primeros en vacunar a niños” confió entonces el profesional consultado, agregando que “se armó un revuelo el lunes porque la Sociedad Argentina de Pediatría, con su Presidente, pidieron tener mayores pruebas”. Sobre eso, aclaró que “lo que uno encuentra cuando busca en la literatura científica internacional son estudios de Fase 2 de la Sinopharm”.

En ese punto, indicó que son varias las etapas de prueba de una vacuna: “Primero, hay una etapa bioquímica; después, una etapa de prueba en animales; otra etapa que es de prueba en seres humanos; y ahí tenemos Fase 1, 2, 3, 4 y 5”. 

Profundizó el Pediatra que siempre se miden dos cosas, “por un lado, la capacidad de medir anticuerpos, y por otro, los efectos adversos”. Así, en la Fase 1 “se estudian hasta cien individuos; en la Fase 2, hasta mil; en la Fase 3, más de mil individuos; mientras que Fase 4 y Fase 5 son a mediano y largo plazo”. 

Con respecto a la vacunación para COVID, la comunidad internacional decidió, el año pasado, no esperar a Fase 4 y a Fase 5, dados los números de fallecidos, la morbilidad y secuelas que producía la enfermedad, sobre todo en adultos mayores o personas con factores de riesgo. Entonces, “se está vacunando, y me parece bien, con Fase 3, mientras se están realizando las Fases 4 y 5” sostuvo Aguirre, anticipando que, “habitualmente, los efectos adversos, en la historia de las vacunas, aparecen en etapas tempranas”.

Sobre la reunión mantenida, el martes 5 de octubre, por la Sociedad Argentina de Pediatría con autoridades de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y del Ministerio de Salud, en la que se determinó la decisión de comenzar a vacunar a niños de entre tres y once años, el entrevistado aclaró que se priorizará a aquellos que tengan factores de riesgo. Aunque el objetivo es alcanzar la vacunación de todos.

De todos modos, hace ya tres meses que los jóvenes a partir de los doce años tienen abierta la posibilidad de vacunarse. Entonces, consultado respecto de las diferencias entre grupos etarios y el porqué de la reciente controversia, Andrés Aguirre explicó: “Se aprobó la vacuna a partir de los doce años, pero las de ARN mensajero, que son las que están mejor estudiadas”.

En ese punto, aclaró que sus dichos son desde una postura “totalmente técnica”, entendiendo que hay, alrededor de este tema, toda una controversia política: “Lo cierto es que los estudios que se han presentado en la comunidad internacional para las vacunas de ARN mensajero son más grandes, ya con Fase 3 probada, y se ha visto que, después de la segunda dosis de una vacuna de ARN mensajero, hay efectos adversos en una frecuencia muy, muy baja”. 

Agregó a eso que “se habla de miocarditis y pericarditis”, pero resaltó que “la incidencia es tan baja que la recomendación es que los adolescentes se vacunen, sobre todo los que tienen factores de riesgo, porque la aparición de efectos adversos es muchísimo más baja que los efectos adversos de la enfermedad”.

Se trata esa, de la recomendación oficial, pero lo que Andrés Aguirre expresó sobre la determinación, a modo de opinión personal, fue: “Creo que cuando uno vacuna a una población hay que ver varias cosas. Primero, qué es lo que estoy previniendo, porque no es lo mismo el comportamiento de la COVID-19 en la población adulta que en los niños. En la comunidad pediátrica los niveles de mortalidad son muchísimo más bajos, y donde más de la mitad de esos fallecidos ocurren en niños que ya tenían enfermedades, muchas de ellas muy graves y de altísima mortalidad”. 

En esa línea, resaltó que “no es lo mismo comparar la vacuna para adultos que para niños” y apuntó a pensar qué es lo que se está previniendo en la población pediátrica: “No estoy previniendo una enfermedad tan grave como en la población adulta” destacó, agregando que otro de los argumentos para la aplicación de la vacuna es el corte de la transmisión de la enfermedad. Sobre lo que, si bien reconoció que “es totalmente válido”, sostuvo que “estamos en otra etapa de la pandemia. No es lo mismo el 2020 o la primera mitad de 2021, que ahora, que están bajando los casos, que la morbilidad ha bajado mucho, la ocupación de las Terapias Intensivas ha disminuido y la mortalidad también”. En ese punto, opinó que es importante “priorizar la vacunación a los adultos, sobre todo a los adultos mayores”.

Otro de los argumentos para vacunar -enlistó Aguirre- es disminuir el ausentismo, que opinó que “es un argumento que, en la etapa de niños, que la enfermedad no es tan grave, cobraría un valor más grande. Es un argumento totalmente válido y loable, pero en Argentina hemos visto que no se le ha dado mucha importancia a la presencialidad”.

De todos modos, el Médico Pediatra aseguró que la decisión corre totalmente por cuenta de los padres, y consultado sobre cuáles son los principales temores que, en la consulta, escucha, contó: “Lo que hemos visto en esta pandemia es que hay diversas situaciones. Hay familias a las que les ha tocado vivir situaciones complicadas y que tienen muchísimo miedo al COVID, pero está el otro extremo, en que se duda mucho de toda la información”.

En ese punto, describió que “la población argentina, en general, somos muy pro vacunación. Hay otros países que no son así. Así que, en general, los padres se acercan y me preguntan muchísimo con el interés de vacunarlos, aunque está el temor, y lo que me pregunto yo es, si en la historia de la vacunación respetamos la Fase 4 y la Fase 5, y ahora con la pandemia se decidió no esperarla por la alta mortalidad, pero en la población pediátrica los números son otros, ¿no podríamos esperar a Fase 4 y a Fase 5?”.

Rápidamente aclaró que a él le gustaría ver estudios más largos, aunque consultado sobre cuánto tiempo demandaría el desarrollo de las Fases 4 y 5, respectivamente, dijo que alrededor de diez años: “Yo no digo esperar ese tiempo, pero sí un poquito más dados los números”.