Nuevas tendencias en la alimentación infantil: qué cambió y qué recomiendan hoy los pediatras
En diálogo con la Radio, la pediatra Marta Travería analizó las diferencias entre las prácticas de hace 30 años y las recomendaciones actuales para bebés que comienzan a incorporar alimentos.
La alimentación complementaria ya no es lo que era. Si antes predominaban las papillas procesadas y las preparaciones licuadas, hoy las recomendaciones apuntan a respetar los tiempos madurativos del bebé y ofrecer alimentos reales, variados y en distintas texturas.
Del puré al BLW
Una de las tendencias más difundidas es el método BLW (Baby Led Weaning), que propone que el bebé participe activamente en su alimentación, tomando los alimentos con sus manos y autorregulando la cantidad que consume.
Pero no es una moda sin fundamento. “Para aplicar este sistema el bebé debe estar preparado: tiene que poder sentarse solo, sostener la cabeza y haber perdido el reflejo de extrusión, que es cuando empuja la comida hacia afuera con la lengua”, explicó Travería.
El proceso puede ser más lento y más desordenado que el esquema tradicional de papillas, pero ofrece beneficios: mayor aceptación de sabores y texturas, mejor desarrollo sensorial y una relación más saludable con la comida.
Calidad antes que cantidad
A diferencia de décadas atrás —cuando se priorizaba que el niño “terminara el plato”— hoy se enfatiza la calidad nutricional. Verduras al vapor (para conservar propiedades), frutas blandas como banana o naranja en gajos, carnes tiernas y legumbres forman parte de las recomendaciones.
También se advierte sobre ciertos alimentos con riesgo de atragantamiento, como trozos duros de manzana cruda, y se insiste en que el adulto siempre debe supervisar el momento de la comida.
“Hay que tener paciencia. Puede que un día no quiera comer nada y a la semana siguiente lo acepte. Hay que insistir sin desmoralizarse”, señaló.
Azúcares, harinas y hábitos familiares
Uno de los puntos más enfáticos de la entrevista fue la recomendación de evitar azúcares agregados y reducir harinas refinadas en los primeros años. “El chico no tiene necesidad biológica de azúcar. Es un hábito social, no una necesidad nutricional”, afirmó.
En ese sentido, destacó la importancia del ejemplo familiar. El bebé aprende por observación: si el entorno come variado y saludable, será más probable que incorpore esos alimentos.
La profesional también remarcó que el plato ideal debe ser colorido y equilibrado: abundancia de frutas y verduras, proteínas de calidad y lácteos adecuados. En línea con lo que promueve la Mediterráneo como patrón alimentario —conocido como dieta mediterránea—, el enfoque actual apunta a una alimentación variada, natural y sostenible en el tiempo.
“Cuanto más variado coma un chico, mejor. Todos los nutrientes son necesarios”, concluyó Marta Travería, subrayando que más que una moda, se trata de un cambio de paradigma basado en evidencia científica y en la construcción de hábitos saludables desde la cuna.
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