27/11/2019SALUD

La alimentación en los más chicos los conduce a diabetes, hipertensión y otras enfermedades.

Licenciada en Nutrición Leila Guarnieri: “estamos teniendo un gran problema de exceso de peso, que tiene que ver con la mala alimentación. Nos preocupa, porque esto no se trata de una cuestión estética, sino que tiene que ver con enfermedades asociadas que hoy en día padecen los chicos cada vez más, como diabetes e hipertensión, que antes eran enfermedades de grandes, de adultos”.

¿Se toma en cuenta que cuando a un niño se le compra un dulce, como premio, se le está dando algo que es perjudicial para la salud? ¿Qué los kioscos de las escuelas la oferta que realizan de alimentos no son para nada saludables? ¿Qué los snacks que los padres compran para los chicos son nocivos?

Todas estas preguntas fueron el inicio de una entrevista a la Lic. en Nutrición Leila Guarnieri, donde llamó la atención sobre los perjuicios de una alimentación que ignore estas cuestiones y que se base en grasas, sodio y azúcar.

“Hay datos que son alarmantes. Hoy en día conocemos datos de exceso de peso en niños menores de cinco años. Estamos teniendo en Argentina un 13,6% de chicos que tienen sobrepeso y obesidad, menores de cinco años. De 5 a 17 años esta cifra es del 41,1%. Es decir, estamos teniendo un gran problema de exceso de peso, que tiene que ver con la mala alimentación. Nos preocupa, porque esto no se trata de una cuestión estética, sino que tiene que ver con enfermedades asociadas que hoy en día padecen los chicos cada vez más, como diabetes e hipertensión, que antes eran enfermedades de grandes, de adultos”.

A estas primeras consideraciones la Nutricionista consultada agrega que todo esto tiene que ver “con los patrones alimentarios que están manteniendo, que como adultos estamos ofreciéndoles. Y también por los entornos. Un entorno es la familia y otro entorno muy importante es la escuela”.

Al respecto, la Lic. Guarnieri dice que en la reciente encuesta nacional de nutrición y salud, “pudimos observar que, en esos espacios, muchas veces los chicos están rodeados de productos que no son comida, que se llaman comestibles. Productos ultra procesados en los kioscos. O en los servicios de comedores, donde se les ofrecen bebidas azucaradas, los chicos están teniendo un alto consumo de gaseosas y de jugos, no sólo en la casa, sino también en la escuela. Si no se los dan en el comedor los tienen en el buffet y en el kiosco, en lugar de tener agua”.

Recordó la profesional que una de las medidas básicas recomendadas es que “los chicos tengan agua. Esta es la bebida de hidratación básica.

Y en muchas escuelas no tienen agua potable, pero sí tienen gaseosa. También en los colegios consumen galletitas, snacks, facturas, como que la alimentación en los ámbitos escolares se basa en esto. Y, por el contrario, no hay la suficiente provisión de frutas y verduras, que son los alimentos que los chicos tienen que consumir”.

Agrega que “en la escuela, donde es el ámbito donde el chico tendría que tener garantizada su alimentación saludable, sería el primer lugar donde uno tendría que estar tranquilo que ahí se come como se tiene que comer, y en realidad no pasa”.

Un chupetín, un caramelo, dice la Lic. Guarnieri, es “todo lo mismo, disfrazado con distintos colores, sabores y aromas, que son aditivos.

Básicamente es azúcar, grasa, sodio (sal). Todos eso está compuesto de lo mismo. No son alimentos, en realidad, son productos, la mayoría, ultraprocesados. Están hechos a base de los mismos ingredientes, pero cambian a la vista y al sabor. No tienen los alimentos naturales que son lo que tendrían que tener”.

¿Cómo sería un kiosco saludable en la escuela? “Lo que hace falta es una política de Estado para que las prácticas se puedan cambiar. Lo que hace falta es un Estado que quiera proteger el derecho a la alimentación saludable de los más chicos. Los kioscos saludables deberían tener agua, más que otra bebida, tener frutas, distintas preparaciones que se pueden hacer de modo más casero. Se pueden ofrecer frutas secas. Lo que hace falta es que el Estado baje una línea de regulación”.

Y llama la atención sobre “la publicidad, que bombardea a los más chicos, no solo en la escuela. Esto se traslada al ámbito familiar. Los chicos influyen en lo que van a comprar los padres, básicamente. El padre ofrece lo que el chico solicita y eso se traslada al ámbito familiar”.