17/10/2020SALUD

La afectación de los niños por la pandemia. Entrevista a la Dra. Marta Travería.

¿Qué cosas nos van a quedar a todos post pandemia? ¿Y a los niños? ¿O acaso, por pequeños y pensarlos ignorantes de los riesgos que vive la humanidad, pensamos que no se dan cuenta de muchas cosas, o que por ende sufrirán menos traumas post cuarentena?

Le hicimos esta pregunta a la Médica especialista en Pediatría Marta Travería. 

Estas fueron algunas de sus interesantes respuestas a este interrogante central. 

“Esta situación, que ha sido inesperada y prolongada en el tiempo, debiera ser una ventana en la cual uno, a través de ella, comience a visualizar todos los hábitos, todas las costumbres, inclusive los valores que acontecen en el propio niño y en el ámbito familiar y social”, dijo en el comienzo de la entrevista. 

“A mí me hace pensar, las repercusiones que tiene en los chicos, que aparentemente están ocultas y que no tuvieran daño colateral. Pero todas estas vivencias que están teniendo los chicos vamos a ver sus repercusiones a corto, mediano o a largo plazo. Creo que hay que empezar a analizar qué daños provocó, qué pasó cuando acontecieron estos hechos. Desde ese lugar evaluar cómo manejamos esta situación con los niños y los adolescentes. Analizar cuáles son los daños colaterales que puedan detectarse. Los chicos y los adolescentes están en remodelación todo el tiempo, creciendo y desarrollándose”. 

Indica que “evaluar el impacto desde lo emocional, desde lo conductual, desde el aprendizaje, es más difícil. Tenemos que poner todo el arsenal de estrategias y ponernos a pensar, todos los que estamos trabajando con chicos, todo nuestro abordaje ahí. Para poder modificar esto que está impactando creo que, profundamente, en la mente y en las emociones de los chicos”. 

¿Qué cosas es esperable que aparezcan, a futuro? Responde la Dra. Marta Travería que “lo que más me preocupa es este contacto con el otro y esta alteración de la memoria emocional. Esto va a tener su impacto en la memoria emocional, en lo que evoquemos en el futuro. La emoción en lo que transita, impacta y que ancla más la situación. Es lo que le pone color a la situación. Se rememora en el cuerpo esas sensaciones que uno va teniendo, en función de la evocación también del recuerdo, del acontecimiento, de lo que sucedió. Como el chico está mirando mucho al adulto, todo el tiempo, lo que le está diciendo. Entonces, tanto el miedo, las palabras que utiliza, el lenguaje corporal, eso el chico lo asume como propio. Y acá el enemigo no es como en las guerras, acá el chico fantasea con que el enemigo puede ser mi compañerito, mi tío, mi abuelo, el que pasa por la calle. También el chico puede sentir que, si se enferma la mamá, es peor, o el papá. Eso es lo traumático de esta situación. Tenemos, como adultos, que pararnos y visualizar este impacto que estamos viviendo y que podemos modificar”. 

Invita la Dra. Marta Travería a “hacer un esfuerzo grande por tratar porque esto, que es la memoria emocional, que será el causal de un montón de conductas disruptivas posteriores, resulte menos traumático o trágico”. 

Tenemos que empezar hoy, o ayer, dice la Dra. Travería, “no esperar que aparezca el síntoma, porque una vez establecido quiere decir que transcurrió un montón de tiempo para afianzar esas conexiones neuronales, que cada vez se hacen más profundas. El hoy, en lo importante. Sé que es difícil, porque la situación económica de las familias es complicada, y si hay enfermedad más. Si bien dosificar el tiempo, para cada uno de los papás, es complejo. Pensar cómo mejorar la situación del chico. Dedicarle el tiempo suficiente, atendiendo a sus particularidades. Al que le gusta tener su espacio, dejarle ese espacio. Pero saber que en algún momento uno lo tiene que abordar para saber lo que siente y lo que piensa. El niño, que es más sociable, que siempre está contento, evaluar si ha cambiado en este tiempo. Estar atento a los cambios individuales, respetando sus particularidades. Y dándole confianza, hablarle con intención, en la búsqueda que revele lo que le pasa. Tiene que haber por parte del papá o la mamá una escucha activa, centrándose en lo que el otro está diciendo, no sólo con las palabras, sino ver también su gestualidad, qué palabras dice y cuáles deja de decir. No minimizar lo que está diciendo. Y entender que sin comunicación y sin diálogo no existe ninguna situación que se pueda mejorar o revertir”.