29/01/2026SALUD

“El lugar que ocupan las pantallas es el lugar que no estamos ocupando los adultos”

En el marco del debate sobre el uso de pantallas en la infancia y la adolescencia, la licenciada en Psicología Antonela Gros Aldecoa puso el foco en la responsabilidad de los adultos y llamó a repensar el rol que padres, madres y cuidadores ocupan en la vida cotidiana de niños y adolescentes.

Durante la entrevista con La Nueva Radio Suárez, la profesional sostuvo que muchas veces se responsabiliza a la escuela, al Estado o a los propios jóvenes por el uso excesivo de celulares, sin detenerse a analizar quién habilita ese acceso. En ese sentido, invitó a los adultos a interpelarse y asumir el lugar que les corresponde en la educación, el acompañamiento y la puesta de límites.

Gros Aldecoa explicó que las pantallas suelen ocupar espacios que deberían estar cubiertos por los adultos, como el acompañamiento emocional, el juego compartido, el aprendizaje guiado y la contención. Remarcó que, si bien los dispositivos pueden entretener y brindar información, no pueden ofrecer afecto, validación emocional ni sostén frente a la frustración, aspectos esenciales para el desarrollo psíquico.

La psicóloga señaló que la especie humana necesita de otros para crecer y que los niños requieren acompañamiento emocional mucho más allá de su capacidad física de autonomía. Sin embargo, advirtió que actualmente se los deja solos muy tempranamente en un universo virtual inmediato, adictivo y desmedido, lo que dificulta el aprendizaje de habilidades fundamentales como la regulación emocional, la tolerancia al esfuerzo y la resolución de conflictos.

También hizo referencia al impacto de la dopamina y al circuito de recompensa que activan los dispositivos móviles, generando conductas adictivas y nuevas fobias, como el miedo a no tener el celular cerca. A esto se suman los trastornos del sueño, producto del uso nocturno de pantallas, que afectan directamente el rendimiento escolar y el bienestar general.

En relación a la adolescencia, Gros Aldecoa explicó que se trata de una etapa atravesada por la transgresión, donde los límites claros resultan fundamentales. Sostuvo que cuando los adultos no establecen reglas ni horarios, los adolescentes buscan esos límites fuera del hogar, muchas veces con consecuencias más graves. Aclaró que nunca es tarde para intervenir, ya que el cerebro continúa en desarrollo hasta alrededor de los 30 años.

Finalmente, la profesional llamó a dejar de delegar responsabilidades y a comenzar a actuar en lo cotidiano. Invitó a los adultos a informarse, a buscar ayuda cuando sea necesario y a generar espacios sin pantallas en el hogar. “Si nuestros hijos están sufriendo, es nuestra responsabilidad hacernos cargo”, expresó, remarcando que los recursos existen y que el primer paso es asumir el compromiso de acompañar activamente a niños y adolescentes en su crecimiento.