HOYRELIGION

Vía Crucis Criollo el Viernes Santo en la Ermita de Saavedra

A los pies de la Virgen, en un marco serrano privilegiado, se llevará a cabo la representación criolla de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Viernes Santo, 3 de abril, a las 20 horas. Luego, habrá servicio de cantina (pizzas).

Participan en escena alrededor de 60 personas. Se prepara esta edición de manera especial ya que se cumplen 30 años de esta tradición saavedrense.

Historia del Vía Crucis Criollo en la Ermita de Saavedra (1996 - 2026

Toda gran tradición nace de un acto de fe. En la Ermita de Saavedra, esa chispa se encendió durante el año 1995, impulsada por la visión del entonces capellán, Monseñor Luís Carlos Montero: su anhelo era darles vida a los últimos pasos de Cristo en nuestro propio suelo. Un año después, en 1996, llegó el día de la primera representación. Con 60 actores en escena y apenas 70 espectadores que fueron testigos privilegiados, se realizó el primer Vía Crucis Viviente. La historia quiso que fuera una jornada única, marcada por una lluvia incesante. Sin embargo, el pueblo no retrocedió; como bien recuerdan sus protagonistas, aquel primer Vía Crucis "fue para no olvidarlo jamás". Bajo el agua, con Gonzalo Sánchez asumiendo por primera vez el inmenso rol de Jesús, y bajo la coordinación inicial de Edgardo Raúl Carrasco y Marta Holzaman de Castillo, el evento se concretó. Esa noche lluviosa marcó el inicio de una nueva tradición para el pueblo de Saavedra.

Desde aquel primer paso, el Vía Crucis encontró su identidad en un relato de raíces gauchas. Las secuencias cobraron vida a través del Evangelio Criollo del jesuita cordobés Amado Anzi —un hombre de a caballo y profundamente enamorado de las sierras—. Escrito en 1964, este texto logró adaptar los evangelios al lenguaje gauchesco, permitiendo que el mensaje sagrado hablara el idioma de nuestra gente. En la Ermita, esos versos cobran una dimensión nueva. La lectura se entrelaza de manera milimétrica con canciones adaptadas especialmente al tono del relato criollo, sostenidas por el invaluable trabajo de los artistas locales que aportan la música de ambientación en vivo. Esta sincronización precisa entre las voces, los acordes y los más de 60 actores en escena logra una coordinación perfecta para traer a la vida el Vía Crucis. El resultado integral trasciende la representación teatral: es una verdadera catequesis que invita a vivir la Semana Santa de una manera distinta, calando hondo en la emoción de quienes se acercan.

Esta representación escénica es, sobre todo, el reflejo del trabajo del pueblo de Saavedra. Delante y detrás de escena se da una comunión única que sostiene la tradición desde aquel primer día. El éxito de cada edición descansa en el esfuerzo silencioso y conjunto de toda la comunidad: los vecinos que encarnan los personajes, quienes confeccionan con dedicación cada detalle del vestuario, los que colaboran con la puesta escénica, y quienes trabajan en el sonido y la iluminación
para que la inmersión visual y sonora en la noche serrana abrace la historia. A esto se suma la inmensa cantidad de colaboradores que dan una mano a los organizadores del Vía Crucis. Están los pioneros que sostienen la fe desde sus inicios, pero también una nueva generación que se incorpora para aportar su nueva mirada. El pueblo y la comisión organizadora trabajan a la par, demostrando que en Saavedra el Vía Crucis no solo se representa, sino que se construye desde lo colectivo.

El imponente marco natural de las sierras le da un aspecto único al espectáculo. La Ermita "Nuestra Señora de Luján de la Sierra" no es un simple escenario; es el corazón espiritual de la Arquidiócesis de Bahía Blanca. Este predio abraza a los fieles durante todo el año convirtiéndose además en un motor fundamental que fomenta el turismo religioso y cultural de Saavedra. Nos congrega
bajo el cielo de verano en enero con la Bajada de los Reyes Magos, nos reúne en multitud para la tradicional peregrinación mariana del mes de octubre, y nos envuelve en la profunda reflexión del Vía Crucis cada Viernes Santo. De esta manera, el pueblo abre sus puertas a los visitantes y peregrinos, compartiendo un espacio inigualable donde la naturaleza misma parece hacer silencio y encuentra la
paz.

El Vía Crucis Criollo es, en su esencia más profunda, un acto de entrega y de servicio. Cada detalle, cada esfuerzo compartido y cada paso hacia la Ermita es un reflejo vivo del mensaje cristiano: "No hay Amor más grande que dar la vida por los amigos". Es el espíritu inquebrantable de un pueblo unido que, año tras año, renueva su compromiso y su amor para iluminar a todos los que se acercan a la Virgen María al pie de las sierras.