Una charla para el alma: el padre Roberto Buckle habló sobre la crisis espiritual y emocional en jóvenes y adultos
En una Iglesia colmada y envuelta en un silencio respetuoso, el padre Roberto Buckle brindó anoche una profunda y emotiva charla en el Templo Parroquial Nuestra Señora del Carmen, al finalizar la misa de las 19. La disertación se enmarcó en el ciclo de encuentros especiales organizados por los 125 años de la Parroquia, y reunió a una multitud que se acercó para escuchar a uno de los sacerdotes más queridos por la comunidad de Coronel Suárez.
Con su calidez habitual, una sonrisa que acompaña cada gesto y su forma directa y clara de comunicar, Buckle expuso sobre un tema tan actual como urgente: la crisis espiritual y emocional que atraviesan jóvenes y adultos, y el modo en que la Iglesia está llamada a acompañar, sostener y sanar.
La maternidad de la Iglesia y la necesidad de contener
El sacerdote comentó sobre la “maternidad de la Iglesia”, recordando palabras del papa Francisco: “La Iglesia evangeliza por atracción”.
Subrayó que la comunidad cristiana debe asumirse como un pueblo frágil que contiene, donde “todos somos de cristal” y donde la mano tendida al que atraviesa una crisis no es una opción, sino un deber evangélico.
En este punto, destacó que el acompañamiento no es tarea exclusiva de sacerdotes o consagrados: “Es misión de todos. Desde el bautismo, todos somos responsables de cuidar, escuchar y caminar al lado del que sufre”.
Un mundo con Dios ausente
Uno de los núcleos centrales de la charla fue el análisis de la crisis cultural actual, donde —explicó Buckle— se intenta sacar a Dios de la vida social y personal.
“No se niega su existencia, pero se lo ubica como un elemento más entre otros que hacen bien, como un gimnasio o una clase de música. Dios deja de ser Padre y Madre que sostiene, guía, abraza y cura. Como consecuencia, la persona queda sola: cree que la vida depende únicamente de sus fuerzas y posibilidades”.
Esa ausencia —continuó— genera crisis de amor, de sentido y de futuro.
Crisis de amor: vínculos frágiles y tembladeral afectivo
Buckle describió el clima social dominado por la desconfianza y la lógica del “cada uno por lo suyo”.
“Sin Dios —dijo— no hay hermanos, hay competidores. No hay por qué ser bueno. Y cuando el amor se vive así, uno siente que vale solo mientras genera satisfacción, como si pudiera ser descartado cuando ya no es útil”.
La familia inestable, las separaciones y el miedo al abandono —añadió— alimentan la sensación de soledad y la falta de amparo.
Crisis de futuro: miedo, presión y cultura del descarte
El sacerdote habló de un tiempo en el que los jóvenes dudan de todo: de si conseguirán trabajo, de si alguien los querrá, de si podrán construir algo duradero.
“Hoy la eficiencia y el éxito son los nuevos superhéroes. El que no rinde queda afuera: los mayores, los que aprenden más lento, los que no encajan. Es la cultura del descarte, que también hace sentir descartable al corazón humano”.
Crisis de sentido: narcisismo, individualismo y vacío interior
Con claridad, describió un clima de época marcado por el hedonismo y la búsqueda constante de no “pasarla mal”, lo que lleva a abandonar personas, proyectos y vínculos apenas surge una dificultad.
“Muchos viven llenándose de cosas para tapar un vacío profundo. Y cuando la vida exige compromiso, constancia o dolor, aparece la tentación del ‘sálvese quien pueda’”.
Acompañar: una misión de todos
En la parte final, Buckle desarrolló el modo en que la Iglesia está llamada a acompañar:
con escucha amorosa, sin juzgar, con bondad, respetando la libertad del otro, ofreciendo herramientas para discernir, y confiando en el proceso que el Espíritu Santo obra en cada vida.
Citando Christus Vivit, recordó que quien acompaña debe ser una persona auténticamente cristiana, consciente de sus propias pobrezas y capaz de caminar al lado del joven o del adulto, no por delante ni desde arriba.
Y remarcó: “El acompañamiento es cuestión de todos”.
Un cierre cargado de emoción
La charla finalizó con un aplauso prolongado y sentido. Muchos fieles se acercaron luego a saludarlo y agradecerle sus palabras, en un clima de comunidad y cercanía que reflejó lo que el sacerdote había transmitido: que nadie puede ni debe atravesar sus crisis en soledad.
Con esta propuesta, la Parroquia Nuestra Señora del Carmen continúa su ciclo de charlas del mes de noviembre, celebrando sus 125 años con espacios de reflexión profunda y de fe compartida.
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