Ocho años de gracia y despedida: el Padre Alejandro Guidobaldi inicia un nuevo camino
Hay despedidas que duelen, pero que al mismo tiempo están cargadas de sentido. Así vive la comunidad de Coronel Suárez el anuncio del traslado del cura párroco Alejandro Guidobaldi, quien dentro de poco más de un mes dejará su tarea pastoral en la ciudad para asumir un nuevo destino.
“Hace un tiempito, después de diversas charlas con el obispo, llegamos a un acuerdo para que me traslade a dos parroquias: una en Coronel Dorrego y otra en Monte Hermoso. Alrededor del 13 de abril estaría partiendo”, explicó con serenidad.
El próximo 5 de marzo cumplirá ocho años al frente de la comunidad suarense. Ocho años intensos, atravesados por alegrías, desafíos, incertidumbres y también por uno de los momentos más difíciles de la historia reciente: la pandemia. “Me tocó acompañarlos y atravesarla yo mismo también. Fueron ocho años de gracia, en lo personal y, ojalá, también para toda la comunidad”, reflexionó.
Una decisión desde el amor
El traslado no responde a un deseo de cambio, sino a una necesidad familiar que lo acercará a Punta Alta y Bahía Blanca. Con humildad, explicó que no es bueno que “el pastor tenga la cabeza en todos lados” y que a veces el amor exige decisiones concretas.
“Siempre les digo que no hay que desentenderse de los padres, que no hay que buscar lo más cómodo. Hay momentos en la vida en los que por amor hay que retribuir el amor recibido. En este caso me tocó vivir aquello que también enseño”, expresó.
No es una renuncia al vínculo, sino una transformación. Porque cuando los lazos son verdaderos, trascienden las distancias. “Me llevo muchas amistades, familias de las que me hice parte. Eso no se corta”, aseguró.
Recuerdos que quedan en el corazón
Al mirar hacia atrás, el Padre Alejandro enumera momentos que atesora como postales imborrables: retiros, celebraciones, anécdotas con niños, encuentros con jóvenes. Incluso recuerda con una sonrisa aquella misa celebrada en una cueva en la sierra con scouts, a la que —confiesa entre risas— le costó llegar.
También hubo aprendizajes, crecimiento y maduración. “Como los padres aprenden a ser padres día a día, nosotros aprendemos a ser sacerdotes con el tiempo. Seguramente Dios me fue preparando en estos años para lo que vendrá”.
El anuncio de su partida coincidió con el inicio de la Cuaresma. “Es tiempo de desprendimiento —les dijo a los fieles—, pero el centro no es el desprendimiento del Padre Alejandro, sino prepararnos para vivir la Pascua”. Un mensaje que resume su mirada: siempre poner el foco en lo esencial.
Una nueva etapa para todos
En su lugar llegará el sacerdote Matías Burgui, actualmente párroco en San Cayetano, quien traerá una renovación para la parroquia. “Vendrá un sacerdote más joven, muy capaz, que seguramente hará cosas muy lindas. Será un tiempo de crecimiento para la comunidad”, destacó con esperanza.
Amante de la pesca y de la vida al aire libre —aficiones que rara vez puede disfrutar por su intensa agenda pastoral—, el Padre Alejandro parte hacia un “monte hermoso”, como él mismo lo describe, pero con la certeza de que su verdadera pasión seguirá siendo el ministerio sacerdotal.
“Si esto es de Dios, estoy totalmente seguro de ello. Entonces lo mejor estará por venir. Solo queda dar gracias por haber pasado por aquí y animarnos a seguir soñando en esta hermosa aventura que Dios nos propone”.
Coronel Suárez lo despide con gratitud. Ocho años no pasan en vano: dejan huella, construyen comunidad, siembran fe. Y aunque cambie el paisaje, el afecto permanece. Porque hay pastores que no se van del todo: se quedan para siempre en el corazón de su pueblo.
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