22/03/2020REGION

Pandemia: historias de la gente de nuestra región que vive en otros países

Oriundos de la zona que tienen sus hogares en España, Francia, Italia, San Marino y México cuentan cómo se vive el día a día en sus poblaciones. Medidas, aciertos y desaciertos de una situación límite que nos afecta a nivel global.

Recluidos en sus hogares, adaptándose a las medidas dispuestas por los gobiernos de los países en los que viven, lejos de sus familias y lugares de origen y leyendo las noticias de Argentina por internet o a través de mensajes de Whatsapp, con incertidumbre y también reflexiones, así pasan sus horas muchas personas de nuestra región que alguna vez cruzaron las fronteras en busca de un futuro mejor o con otras motivaciones personales.

La pandemia marca el minuto a minuto; el aislamiento y otras medidas, la cantidad de vidas que se salvan o pierden.

Fernando Pujol (Pringles-Barcelona, España)
“Uno es una bomba de tiempo”

Es oriundo de Coronel Pringles, está fuera de Argentina desde 1991 y vive en Barcelona desde 1996. Fue rescatista de la ONG Open Arms, en la primera misión de la embarcación Astral, que socorrió a cientos de refugiados a la deriva.

Es profesor de Educación Física en colegios. Su tarea principal está relacionada con el mar: lleva a chicos a navegar en barco, principalmente hijos de inmigrantes y recién llegados del extranjero, de gente que ha pedido asilo o de refugiados.

“En Barcelona desde el domingo pasado el Ejército controla que está haciendo la gente por la calle, no se puede estar paseando ni visitar a alguien, solo se permite ir a comprar alimentos o ir a la farmacia. Está controlado y se cumple muchísimo”, dijo.

Pujol consideró que uno de los principales problemas en España, al comienzo, fue pensar que cuando uno salía a la calle asumía un riesgo individual.

“Uno es una bomba de tiempo. El riesgo al salir a la calle es que uno puede estar matando gente, no solo infectándose de forma personal. El primer paso es asumir una conciencia solidaria”, señaló.

Subrayó la importancia de mantener a los niños, que son el vector de contagio más peligroso, lejos de la gente mayor.

“En España, al principio, como los chicos quedaban sin colegio y los padres debían seguir trabajando, se los dejaba con los abuelos, que son el punto más débil de la cadena, los que más fácil se contagian y quienes tienen más riesgo de que se convierta en algo más grave”, mencionó.

Indicó que si bien Barcelona es una de las ciudades con mejor sanidad pública de Europa, con las mejores instalaciones, profesionales y aparatología, no posee suficiente cantidad de respiradores para afrontar una pandemia generalizada.

“Por eso, hay que frenar la ola de los grandes contagios simultáneos. Se intenta que sea algo más paulatino, que los contagios sean progresivos”, dijo.

“La política que lleva a cabo Inglaterra es la opuesta. Apuesta por no hacer nada, hay conciencia de que va a morir mucha gente grande en pocas semanas y se piensa que después con los anticuerpos eso descenderá. No sé si hacer una valoración axiológica y decir que la gente les importa menos que mantener el status económico”, dijo.

“El resto de Europa, y también China y Corea, intentaron que la ola fuera menos alta y más larga para no abarrotar la sanidad. De esta manera hay mucha gente muy débil que podría salvarse”, dijo.

Reflexionó que una de las cosas más importantes es el aislamiento de las personas para que la sanidad soporte la pandemia con más naturalidad. El segundo paso, en Argentina sería aislar a determinadas poblaciones sanas.

Analizó que desde el gobierno central se deberían generar bloques que actúen como diques de contención entre las diferentes poblaciones.

“Si hay reactivos para comprobar que la gente que quiere pasar de un lugar a otro no está infectada, se le hace; pero ¿y si alguien que está sano se infecta al entrar en esa población? Porque puede ser que allí haya un foco de infección. Cuanta menos movilidad haya es mejor”, expresó.

“Hay un cartel muy representativo que está circulando en Italia que dice: A nuestros abuelos les pidieron que vayan a la guerra, a nosotros solo nos piden que nos quedemos en casa”, mencionó.

“Si todo esto es una confabulación china en concubinato con la potencia rusa yo no puedo hacer nada. Mi idea tiene que ver con la política del metro cuadrado: ¿qué es lo que está a tu alcance, qué podés modificar? Sí puedo respetar las medidas sanitarias y ayudar a una abuelita en la escalera que no puede salir a hacer sus compras”, enfatizó.

Diego Leoz (Coronel Pringles-Filottrano, Italia)
“Temo más por Argentina que por Italia”

El pringlense Diego Leoz vive en Italia desde 1991, en Filottrano, una ciudad de unos 10 mil habitantes, en la provincia de Ancona, región de Marche (con una población de 1,5 millones de habitantes) en el centro de el país, sobre el Mar Adriático.

Está aislado en su hogar con su mujer Mascia y su hijo Filippo.

“Mi región es la quinta por cantidad de contagios”, dijo.

Indicó que el aislamiento se cumple porque el gobierno cerró todo.

“Mi hijo cursa la secundaria pero a fines de febrero cerró la escuela, como mínimo, hasta el 3 de abril”, comentó.

“No se puede pasar de un lugar a otro, se suspendieron visitas médicas y todo lo que no es urgente. Es inútil que salgas de tu casa porque adonde vayas no hay nada. No podés ni hacer ni recibir visitas”, narró.

Las salidas son con máscaras y guantes y respetando la distancia. En los supermercados se entra de a grupos de 20 y en la farmacia la gente espera su turno en la vereda.

“Está abierto todo lo que sea de primera necesidad y no hay desabastecimiento. Tenemos 5 supermercados y están abiertos”, destacó.

“La situación nos afecta mucho en lo económico. Tenemos un restaurante y desde el 10 de marzo estamos cerrados. No hacemos un facturado importante con el delivery. Además gestiono entregas y garantías de electrodomésticos de una empresa que también cerró”, contó.

“Tengo a mis hermanos, sobrinos, tíos, primos y mi papá en Pringles y amigos desparramados por toda la Argentina. Es muy preocupante. Tengo más miedo por Argentina que por Italia, sinceramente”, dijo.

María José Gómez (Coronel Dorrego-San Marino): “Lo que más nos afecta es el miedo"

Oriunda de San Román, (Coronel Dorrego) María José Gómez vive en San Marino, un estado soberano con 33 mil habitantes, que se encuentra en territorio italiano, a 10 kilómetros del Mar Adriático.

Llegó a Europa en el año 2000 junto a su marido Darío Guidi, cuando estaba embarazada de seis meses. Hoy su hijo Luca tiene 19 años.

El gobierno de San Marino decretó el cierre de escuelas y estableció que solo se puede salir de casa para hacer compras o para trabajar en sectores vinculados a la alimentación y otros insumos esenciales.

“En lo personal, no nos afectó tanto porque mi marido y yo trabajamos online promocionando productos de una empresa italiana y nuestro hijo está en el último año de secundaria y realiza sus tareas por Skype”, contó.

“Lo que más nos afecta es el miedo y el silencio impresionante, porque tenemos amigos, familiares y vecinos ancianos”, contó.

“Aquí nos conocemos todos y aunque no se den nombres uno se entera de quiénes son las víctimas. Es feo, generalmente son personas mayores, los abuelos de, el amigo de. Hoy estoy mejor de ánimo pero he tenido días complicados. Estoy más tranquila porque la gente está en su casa y no sale a contagiar”, dijo.

“San Marino rápidamente tomó las medidas necesarias para hacer frente a este problema. Tenemos un único hospital público que, por el momento, no está colapsado”, comentó.

Además del hospital solo están abiertos los restaurantes con delivery y algunas farmacias. Por la cantidad de gente en cuarentena, se redujo el personal en oficinas.

“Fui a hacer compras y faltaban muchas cosas. Igualmente, acá hay mucho self service. Mucha gente está haciendo compras online”, señaló.

“La mala suerte empezó en el norte de Italia, que es la región que mejor está económicamente. Hoy no estamos solos, los ministros nos informan todos los días y habilitaron un mail para quien tenga dudas”, dijo.

María José es hija de Graciela Corcuera y José María Gómez. Sus hermanos son Mariano y Alejandro Gómez y tiene dos sobrinos, Valentino y Allegra, que viven en Argentina.

Elisa Ayrinhac (Pigüé-Francia)
“Todo parecía una película”

La pigüense Elisa Ayrinhac es traductora de Francés y vive en París desde 2016. Iba a venir a la Argentina en mayo, para festejar el cumpleaños 93 de su mamá, pero por los acontecimientos decidió adelantar el viaje.

“En Francia las cosas se precipitaron. Pensábamos que lo que estaba pasando en Italia iba a sucedernos 8 días después, pero no fueron 8 sino 4 o 5 días”, contó.

Luego, todo se fue dando en paralelo con las medidas italianas: cierre de guarderías, universidades y colegios, bares y restaurantes, vuelos y fronteras.

“Había sacado pasaje para volver en mayo pero decidí cambiarlo para el lunes 16. Luego, se determinó que Argentina aceptaría vuelos internacionales hasta el domingo 15. Solo se conseguía pasaje con escalas hasta en cinco ciudades. Finalmente el sábado conseguí un vuelo para ese mismo día. Era tan caótico que mucha gente que quería salir del país dejó de intentarlo”, comentó.

“Fue un gran estrés cerrar todo el mismo día sabiendo que dos meses no iba a estar en París para cumplir mis obligaciones cotidianas, profesionales, familiares y fiscales”, comentó.

“Ese sábado saqué fotos del subte a las 5 de la tarde en París porque era la única que estaba. También en el aeropuerto donde siempre hay un gran amontonamiento de gente, estaba sola. Parecía una de esas películas en las que no hay nada ni nadie a quien hacer una consulta”, contó.

En el vuelo directo de Air France viajó solo con argentinos y tomando distancia. Informó dónde había estado los últimos 14 días, si tenía algún síntoma y dónde se la podía localizar en los días posteriores para confirmar que estuviera cumpliendo con el confinamiento.

“Tras el aterrizaje, estuvimos en el avión 3 horas sin orden de desembarco. La situación se puso bastante desagradable. La gente se olvidó de respetar su metro y medio de distancia y gritaban, protestaban. Mi conclusión era: no solo nos estamos enojando sino que nos estamos contagiando”, contó.

Cada media hora podían descender grupos de 20 personas porque supuestamente había un sistema tecnológico de control de temperatura con cámaras.

“Bajé en uno de los últimos grupos y la persona que controlaba la cámara estaba mirando su celular o haciendo cualquier otra cosa, menos vigilar la temperatura de los que íbamos pasando. Quizás fue solo un instante de distracción de una persona que no puede estar completamente concentrada durante 5 horas pero esa fue mi vivencia”, comentó.

Elisa coordinó con su hijo para que le dejara el auto en inmediaciones del aeropuerto de Ezeiza y le envió una foto del lugar en el que dejaba oculta la llave, para no tener contacto personal. Luego manejó hasta Pigüé donde ya la esperaba una casa para ella sola.

“Estoy recluida, lejos de todo contacto con la gente. Mi madre me había preparado un paquete con todo los necesario para los siguientes 15 días”, comentó.

Elisa es nieta del destacado pintor y escultor Numa Ayrinhac autor de una emblemática pintura de Eva y Perón y escultor que realizó la estatua a Clemente Cabanettes, en homenaje al fundador de Pigüé y que está en medio de la ciudad.

Natalia Schwab (Coronel Suárez-Barcelona, España)
“La ciudad está parada; el país, cerrado”

Natalia Schwab llegó a Barcelona hace dos semanas luego de haber estado en Suárez por 15 días, visitando a la familia.

“Cuando me fui a Argentina prácticamente no se hablaba del Coronavirus y cuando llegué a España me encontré con una Barcelona totalmente distinta.

“Ahora parece una ciudad bastante desierta. Se paralizaron las actividades. Está sitiada, no se puede entrar ni salir de ella, solo personal sanitario y quienes se encargan de suministros de alimentos y medicamentos”, dijo.

Schwab trabaja para un gabinete pericial y, desde hace unos meses, lo hace desde su casa.

“El resto de las actividades están fomentando el teletrabajo, con el teléfono, su ordenador o los medios que cada uno tenga. Hay preocupación, tristeza y agobio. Esto recién empieza”, señaló.

“Está en nuestra sensatez poder darnos cuenta de que la idea fundamental es ralentizar el contagio y esto no implica que podamos pararlo, se ha expandido demasiado”, dijo.

“El día que llegué a Ezeiza y vi tantas mascarillas, pensé qué exagerada es la gente y luego me di cuenta de que es una situación muy seria”, dijo.

Lucrecia López Pianciola (Puan-México)
“Nuestro mar de Playa del Carmen está triste”

Vive en México hace 21 años, 10 de los cuales los pasó en Ciudad de México, adonde llegó a los 19 años contratada por una empresa de modelaje. Se casó con un mexicano, hoy papá de sus hijos, junto a quienes vive en Playa del Carmen.

“El Coronavirus nos vino a agitar, como a todos, nuestra paz mental. Aquí en Playa del Carmen nos sentimos “protegidos” porque el calor y las altas temperaturas matan la bacteria.”, dijo.

“Aún así esto fue al principio y hoy en día ya estamos acatando normas del gobierno y de la SEP a nivel escolar. Nuestras precauciones toman fuerza todos los días”, señaló.

Las calles de Playa del Carmen están vacías, algo muy raro de ver para un sitio turístico tan visitado.

“En el supermercado ya no hay muchos víveres, cómo pollo, toallitas húmedas, etc. El gel anti bacteriano ya está agotado hace unas semanas, con promesas de abastecimiento pronto”, dijo.

“Mis amigos hoteleros que se encuentran en Tulum reportaron en el caribe cancelaciones del 100% para abril y las clases escolares agregaron una semana más a Semana Santa y nos enviarán un plan de estudio para que los niños no pierdan el hilo de lo ya aprendido”, destacó.

Del 23 de Marzo al 23 de Abril no habrá clases, esto indicado por la SEP, aunque la mayoría de los papás decidieron no mandar a sus niños desde el día 16.

“La gente, en general, está tranquila pero es una disyuntiva. La angustia es general porque no sabemos cómo afectará a nivel económico todo esto”, señaló.

Algunos Gym cerraron al igual que algunos restaurantes como medida preventiva, aunque esto no es pedido del gobierno y muchos permanecen abiertos.

“Soy Asesora de Bienes Raíces y en la semana tuve dos cancelaciones, la gente, obviamente, en este momento no quiere invertir”, dijo.

“Nuestro mar de Playa del Carmen está triste. Las playas están sintiendo el vacío de los turistas y los habitantes”, dijo.

Fuente: La Nueva.