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La quinta Chocleada Solidaria volvió a movilizar a la comunidad con una convocatoria récord

Más de 200 voluntarios, estudiantes de distintas instituciones educativas, integrantes del Taller Protegido, empresas, productores, comercios y particulares volvieron a encontrarse para darle vida a la quinta edición de la Chocleada Solidaria de la Fundación Movilizarse, una iniciativa que año tras año logra ampliar su red de participación y que esta vez alcanzó una convocatoria récord.

La jornada se concretó luego de haber sido postergada la semana anterior por las condiciones climáticas y encontró a la comunidad reunida en el campo donde se desarrolló la cosecha, con un día especialmente favorable para la actividad.

Pablo Fidelle, uno de los impulsores de la propuesta a nivel local, destacó la participación de más de 200 voluntarios provenientes de cinco comunidades, además de la presencia de los chicos del Taller Protegido, una de las instituciones que será beneficiada con lo recaudado.

“Estamos muy contentos con la convocatoria y con este día”, señaló.

Pero la dimensión de esta Chocleada no se mide solamente por la cantidad de personas que llegan al campo. Detrás de la jornada existe una extensa red de colaboradores que aportan desde distintos lugares para que la iniciativa pueda concretarse.

Una comunidad que se moviliza

La propuesta volvió a mostrar por qué la Fundación Movilizarse eligió justamente ese nombre para su iniciativa: se trata de movilizar a toda una comunidad en función de otros, aportando tiempo, trabajo, recursos y compromiso.

Tomás de Olazábal destacó precisamente esa característica. “Lo lindo de la Chocleada es que participe toda la gente, toda la comunidad, empresas, los colegios, familias”, expresó, señalando que el espíritu de la iniciativa consiste en movilizar a la comunidad y pensar en quienes necesitan ayuda, tanto en el ámbito local como en otros puntos del país.

En Coronel Suárez, la propuesta ya alcanzó su quinta edición y logró construir una verdadera trama solidaria. Algunos participan de la cosecha, otros aportan elementos o servicios, otros realizan donaciones económicas y las instituciones educativas suman a sus estudiantes a una experiencia que busca dejar algo más que una jornada diferente fuera del aula.

De Olazábal remarcó especialmente el valor de esa participación juvenil. Señaló que muchas veces sorprende escuchar a los chicos explicar con claridad por qué están allí y qué significa para ellos colaborar con otras personas.

“Tenemos que trabajar mucho eso con los chicos: descubrir, sembrar y hacer crecer esas semillas, darnos cuenta de que vos sos una persona útil y valiosa y hay otros que dependen también de tu tiempo y de tu compromiso”, reflexionó.

El Taller Protegido, de beneficiario a protagonista

Uno de los aspectos destacados de esta edición fue nuevamente la participación del Taller Protegido, que no solamente forma parte de las instituciones beneficiarias, sino que se sumó activamente a la jornada de cosecha.

La experiencia genera una dinámica diferente: quienes habitualmente reciben la ayuda también pueden sentirse protagonistas y aportar su propio trabajo a una causa colectiva.

“Ellos vienen acá y se genera algo lindísimo”, destacó De Olazábal, valorando especialmente esa interrelación con los estudiantes de las escuelas participantes.

La presencia del Taller Protegido reafirma así una de las ideas centrales de la Chocleada: la solidaridad no se plantea solamente desde quien tiene algo para dar hacia quien necesita recibir, sino como una construcción compartida en la que todos pueden aportar.

Empresas, productores y particulares: una red que crece

Fidelle realizó un agradecimiento especial a quienes hicieron posible la jornada desde distintos lugares.

Entre ellos mencionó a Javier Armalé, propietario del campo donde se desarrolló la actividad; Tomás Hermanos; Juan Pedelaborde, señalado como una pieza fundamental de la organización local junto a su equipo; y Fede Borsori, quien año tras año dona el alquiler de los baños químicos utilizados durante la Chocleada.

También destacó a DS Hermanos y El Cencerro, que aportaron las bolsas utilizadas por los estudiantes para recolectar los choclos, y a las Jóvenes Promesas del Golf quienes ayudaron en el almuerzo posterior.

A estos nombres se suma una extensa lista de productores, empresas, comercios y particulares que realizaron aportes económicos destinados a las instituciones beneficiarias.

Esta participación permitió ampliar considerablemente el alcance de la iniciativa y consolidar una red solidaria que, edición tras edición, encuentra nuevas maneras de colaborar.

Cinco instituciones beneficiarias

En esta quinta edición, la ayuda alcanzará al Taller Protegido, al Centro de Día y Hogar Esperanza, al Centro Comunitario Espíritu Santo y, como nueva institución incorporada, al Jardín y Guardería de Hijitus.

Según explicaron los organizadores, una vez finalizado el proceso correspondiente a la cosecha, los recursos obtenidos serán destinados a la compra de alimentos, una necesidad especialmente importante para estas instituciones.

De esta manera, el fruto de una jornada de trabajo colectivo se transforma posteriormente en asistencia concreta para organizaciones que desarrollan diariamente una importante tarea comunitaria.

Una jornada que empieza mucho antes de llegar al campo

Para Tomás de Olazábal, la jornada de cosecha es en realidad el punto de llegada de un proceso que comienza mucho antes.

“Acá hay una previa de hablar, de tener conversaciones, de preguntar, de pedir”, explicó.

La Chocleada se construye durante semanas a partir de llamados, reuniones, aportes, gestiones y la incorporación de nuevos colaboradores. Y todo ese trabajo previo termina confluyendo en un día en el que estudiantes, familias, empresas y voluntarios comparten una misma actividad.

“Algunas son más grandes, otras más chicas, pero lo lindo de la Chocleada es todo lo que vemos acá”, resumió.

También hay un espacio para compartir y reflexionar

La propuesta no termina cuando finaliza la cosecha. De Olazábal adelantó que volverán a Coronel Suárez para compartir con los estudiantes una instancia de reflexión, especialmente con aquellos que están terminando el colegio y atraviesan una etapa de decisiones importantes respecto de su futuro.

La intención es recuperar los valores experimentados durante la Chocleada y trasladarlos a la vida cotidiana: la solidaridad, el compromiso, el trabajo conjunto y la posibilidad de comprender que el tiempo y las capacidades de cada persona pueden ser valiosos para otros.

En ese entramado también ocupa un lugar especial el grupo de golf Jóvenes Promesas, que tiene a su cargo una parte fundamental del cierre de la jornada: la organización de las hamburguesas que se comparten entre los estudiantes y voluntarios.

El grupo no solamente realiza el aporte económico para adquirir los elementos necesarios, sino que también se ocupa de toda la logística y de la preparación.

Una quinta edición que vuelve a demostrar el poder de la comunidad

Con una convocatoria récord y una participación que volvió a reunir a instituciones educativas, empresas, productores, comercios, familias y particulares, la quinta Chocleada Solidaria dejó nuevamente en evidencia la capacidad de una comunidad para organizarse alrededor de un objetivo común.

En el campo, los más de 200 voluntarios pusieron manos a la obra para cosechar. Pero detrás de cada choclo recolectado hubo también tierra cedida, logística, baños, bolsas, aportes económicos, organización, transporte, instituciones educativas y muchas personas que decidieron simplemente decir “yo quiero estar”.

Ese es, en definitiva, el espíritu de la Chocleada: convertir pequeños aportes individuales en una acción colectiva capaz de generar una ayuda concreta para instituciones de la comunidad.