Benjamín Orliacq explicó cómo impactará en los productores la caravana electrónica obligatoria
El presidente de la Sociedad Rural de Coronel Suárez, Benjamín Orliacq, dialogó en la mañana del lunes con las periodistas Lucía Rodríguez y Sofía Ochoteco, donde se refirió a la implementación obligatoria de la caravana electrónica a partir del 1° de enero de 2026 y analizó de qué manera esta medida impactará en el sector ganadero.
Orliacq confirmó que la normativa ya se encuentra publicada en el Boletín Oficial y que no habrá alternativa para los productores, ya que todos deberán adaptarse al nuevo sistema. Explicó que la obligatoriedad comenzará a regir con el primer movimiento o el destete de los animales nacidos en 2025, momento a partir del cual se exigirá la identificación individual electrónica.
El dirigente rural señaló que el objetivo final del sistema es avanzar hacia una trazabilidad completa, que permita conocer el recorrido del animal desde su nacimiento hasta el consumidor final. Indicó que, en algunos eslabones de la cadena, este proceso ya se encuentra en marcha y que, una vez plenamente implementado, permitirá saber qué ocurrió con cada animal a lo largo de toda su vida productiva.
Sin embargo, Orliacq fue crítico respecto a la forma en que se decidió avanzar con la medida. Sostuvo que desde la Sociedad Rural y CARBAP se oponían a que la identificación electrónica se impusiera de manera obligatoria, y consideró que debería haber sido el propio mercado el que impulsara su adopción. En ese sentido, explicó que el botón electrónico en sí mismo “no aporta otra cosa más que un número indeleble para identificar al animal”, y que el verdadero valor de la herramienta depende de cómo el productor decida utilizarla, incorporando tecnología adicional y registrando datos productivos.
El presidente de la entidad rural destacó que la identificación electrónica puede agilizar el trabajo en la manga y facilitar la toma de información, pero aclaró que esto no ocurre de manera automática. Remarcó que es el productor quien debe decidir si utiliza ese recurso para medir variables como ganancia diaria de peso, estado corporal o preñez, y que la tecnología por sí sola no garantiza mejores resultados.
En cuanto a los costos, Orliacq reconoció que el sistema es sensiblemente más caro que la caravana visual tradicional. Si bien señaló que la mayor oferta de empresas en el mercado permitió una baja en los precios, afirmó que el costo adicional sigue siendo significativo y que, por el momento, es asumido exclusivamente por el criador. Consideró injusto que la exigencia recaiga solo sobre ese eslabón de la cadena, cuando los principales beneficiados serán los frigoríficos exportadores y otros actores posteriores.
También advirtió que el sistema no es perfecto y que puede presentar fallas, especialmente en el caso de los botones electrónicos, que pueden perderse. En esas situaciones, explicó, el productor deberá identificar el número original y reemplazar la caravana, lo que implica más tiempo y costos. Aun así, indicó que existe disponibilidad de dispositivos y que, a diferencia de experiencias anteriores, la logística hoy permite abastecer sin inconvenientes a los productores de todo el país.
Consultado sobre la necesidad de capacitación, Orliacq señaló que durante el último año se realizaron numerosas instancias formativas, principalmente impulsadas por las propias empresas proveedoras. Aclaró que no se trata de un sistema complejo, aunque recomendó extremar cuidados al momento de colocar los botones electrónicos, dado su mayor costo y la necesidad de evitar pérdidas.
Finalmente, el titular de la Sociedad Rural expresó su preocupación por la falta de adecuación del resto de la cadena productiva. Señaló que, en muchos casos, el esfuerzo del criador puede perderse si el animal llega al frigorífico y se le retira la caravana, lo que atenta contra el espíritu de la trazabilidad. En ese sentido, sostuvo que la exigencia debería ser más equitativa y abarcar a todos los actores del sistema productivo.
De este modo, Orliacq dejó en claro que, si bien la caravana electrónica será una realidad inevitable a partir de 2026, su implementación plantea desafíos económicos y operativos que recaen principalmente sobre los productores, en un contexto donde reclaman reglas más parejas para toda la cadena ganadera.
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