Adriana Rueda destacó el aporte de la Chocleada Solidaria y contó cómo funciona el Centro Espíritu Santo
El Centro Espíritu Santo de Pueblo Santa Trinidad es una de las instituciones beneficiadas por la Chocleada Solidaria, una iniciativa que además de reunir alimentos busca transmitir a los jóvenes el valor de la solidaridad y del compromiso comunitario.
Durante la jornada, Adriana Rueda, colaboradora del Centro Espíritu Santo, destacó especialmente la participación de los estudiantes y el mensaje que deja una propuesta de estas características.
“Es muy importante para nuestra juventud que vayan viendo la forma de colaborar en forma activa con algunas instituciones”, señaló, valorando que los chicos puedan comprobar que, a través de su esfuerzo, pueden ayudar a otras personas.
Según comentó, fueron varios los establecimientos educativos que participaron de la Chocleada, generando una jornada que trascendió la propia actividad productiva para convertirse también en una experiencia de compromiso social.
“Que los chicos vean que con su esfuerzo pueden ayudar a otros, creo que es la idea de la gente que organiza esto”, expresó Rueda.
Una institución sostenida por una red de solidaridad
Al referirse a la actualidad del Centro Espíritu Santo, Adriana explicó que el funcionamiento cotidiano depende en buena medida del acompañamiento de la comunidad.
La Municipalidad aporta alimentos y elementos de limpieza, mientras que diferentes personas y grupos se comprometen con donaciones periódicas de alimentos.
Pero también existe una solidaridad espontánea que se activa ante distintas situaciones. Rueda contó que, por ejemplo, cuando una familia organiza una reunión y le quedan hamburguesas, pan u otros alimentos, muchas veces piensa inmediatamente en acercarlos al comedor para que puedan ser aprovechados en un almuerzo.
“Ya tienen al comedor como referencia”, destacó.
Esa confianza construida durante años permite que las donaciones lleguen a quienes realmente las necesitan.
Entre 50 y 70 chicos y asistencia a las familias
El Centro Espíritu Santo brinda asistencia a una cantidad variable de chicos, que puede ubicarse entre 50 y 70 durante los fines de semana, dependiendo de las actividades que se desarrollen en el pueblo.
Pero la tarea de la institución va mucho más allá de la atención del comedor. También se acompaña a familias de la zona y a personas que se acercan con distintas necesidades.
“Cualquier persona que le toque a la puerta a Norma, Norma no le dice que no”, relató Adriana.
De esta manera, además de alimentos como fideos y otros productos básicos, desde el Centro también se entregan colchones, elementos para el hogar y ropa.
La institución cuenta incluso con un espacio donde se ofrece indumentaria. Quienes pueden realizan un pequeño aporte, mientras que quienes no tienen recursos pueden llevarse las prendas gratuitamente. Lo recaudado permite luego responder a otras necesidades, como la compra de una garrafa o de alimentos para el comedor.
“La gente sabe que lo que nos dan llega al que lo necesita”
Para Adriana, uno de los mayores valores construidos por el Centro Espíritu Santo a lo largo de los años es la confianza de la comunidad.
“La gente es muy solidaria y todo el que tiene algo enseguida piensa en el comedor”, afirmó.
Esa confianza se sostiene en la certeza de que las donaciones tienen un destino concreto y llegan a las personas que atraviesan una necesidad.
“Lo importante es que sabe que llega al que lo necesita”, remarcó Rueda.
En ese sentido, la Chocleada Solidaria representa una nueva expresión de esa cadena de solidaridad: desde los jóvenes que participan de la cosecha hasta las instituciones que reciben el fruto de ese esfuerzo, la iniciativa permite transformar trabajo, compromiso y participación en alimentos y ayuda concreta para distintos sectores de la comunidad.
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