13/08/2021JUSTICIA

“Si bien es una justicia a medias, no deja de ser justicia”

La frase la dijo Daniel Abot, refiriéndose a la condena que hace unos días atrás los Tribunales de Bahía Blanca determinaron para quienes cometieron crímenes de lesa humanidad, en la antesala del golpe cívico-militar del ´76. Es la primera condena para la Triple A, en este caso de Bahía Blanca.

El veredicto del Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca se dio a conocer en los primeros días de este mes de agosto. En todos los casos, las calificaciones de los delitos fueron encuadradas como crímenes de lesa humanidad, cometidas contra 24 víctimas. Entre ellas, un joven suarense de 20 años, Daniel Del Líbano Elorrieta, que estudiaba, como todos, en la Universidad Nacional del Sur.

El TOF determinó la pena de prisión perpetua a Roberto Aceituno (70 años), por considerarlo coautor penalmente responsable del delito de homicidio agravado por alevosía, del que fue víctima David Cilleruelo, y por el delito de asociación ilícita. En tanto, Juan Carlos Curzio (76), Héctor Ángel Forcilli (71), y Osvaldo Omar Pallero (78), fueron condenados a la pena de 10 años de prisión, por considerarlos coautores penalmente responsables del delito de asociación ilícita.  

Daniel Abot estuvo más de 7 años preso por la última dictadura militar. Conoce cabalmente las implicancias del hecho que por fin haya llegado justicia, 46 años después de matar a 24 jóvenes estudiantes universitarios. 

“Acá vivimos de dictadura en dictadura. Lo que sucedió, con la última dictadura, tiene relación con la dictadura anterior, de Lanusse. En lugares como Bahía Blanca actuaron con una Policía y Servicio de Inteligencia muy activos. El primer crimen fue el del ‘Negrito’ García, que no era un chico estudiante. Era un chico de 18 años, obrero de la construcción, militante político. Fue secuestrado de su casa por una patota, de los cuales, ellos sí por ser gente de barrio, ligados, conocían los entornos, lo identificaron con nombre y apellido, y lo mataron”. Eso fue, recuerda, un mes de septiembre.  

Dice que “hay que sumar a esto la muerte del profesor Rodolfo Celso Gini, en Huanguelén. A uno de los muchachos de Huanguelén, detenido, en la tortura la preguntaban por Gini, insistentemente. En la policía. Eso es lo que hay aclarar. En la policía le preguntaban por la actividad de Gini”.  

Este grupo operativo, relata Daniel Abot, que cometió esos crímenes, “eran matones de la CGT, contratados por el rector de la UNS, para que no haya militancia política”. En plena actividad, en un pasillo de la universidad, “fue uno de estos matones, saca la pistola y delante de todo el mundo –con una impunidad total- le vuela la cabeza de un tiro a Daniel Cilleruelo, un estudiante que estaba repartiendo un volante. Nunca fue preso el tipo ese, recién ahora lo condenaron”, cuarenta y seis años después. “El encubrimiento y la impunidad que tuvieron estos tipos fue escandaloso. Desde todo punto de vista”.

Por eso expresa que “la sociedad argentina se tiene que hacer un mea culpa de un montón de cosas. Y esta es una de ellas”. Por eso es muy interesante esta condena: “Ellos tenían una sola metodología: secuestrar y matar”.  

Mientras todo esto sucedía, recuerda, él ya estaba detenido, por sus opiniones políticas. “Había una persecución escandalosa en todo nivel. La represión fue indiscriminada. Dentro de este marco, se da el secuestro de Daniel Del Líbano Elorrieta y la aparición muerto, a las pocas horas”. 

Recuerda que “Daniel no militaba nada. Fíjense la hipocresía y la maldad, que decían: ´se habrán equivocado´. Pavada de detalle. Aun así, aunque haya militado, ¿quién tenía derecho a asesinarlo de esa manera? Ese es el fascismo, el neoliberalismo, que encubiertamente avalaba un montón de crímenes. Eso fue la dictadura militar. No fueron hechos aislados. Esa represión fue preparar el terreno. Después del crimen de Daniel se produce que un porcentaje de estudiantes de toda la región se vuelve a su casa”.  

Sostiene que es “justicia a medias”, porque acá nadie sabe “quién mató a Daniel. El juicio nunca esclareció quiénes fueron los asesinos y el móvil para este asesinato cometido a la luz de todos. Se sabe que era de la patota de la Triple A, pero hasta ahí. Hay un gran encubrimiento. Nunca nadie habló”. 

Además, al ser todas personas adultas, “van a tener las mismas prerrogativas que se achacan a los presos comunes. Por eso digo que es justicia a medias. Pero justicia al fin” finalizó Daniel Abot.