El Taller Protegido celebró 40 años de trabajo, inclusión y compromiso con la comunidad
Con la presencia de operarios, familias, integrantes de la comisión directiva, autoridades municipales, colaboradores y referentes que fueron parte de su historia, el Taller Protegido celebró este lunes por la mañana sus 40 años de vida. El encuentro tuvo lugar en la sede de Israel y Avellaneda, donde se repasó el camino recorrido y se destacó el valor del trabajo como herramienta de autonomía, inclusión y dignidad.
La celebración reunió a quienes forman parte del presente de la institución y también a protagonistas de distintas etapas de su historia. Estuvieron presentes los 41 operarios, instructores y trabajadores del Taller, su directora Graciela Stortti, integrantes de la Comisión Directiva encabezada por Gabriela Aguirre, representantes del Ejecutivo Municipal, entre ellos el jefe de Gabinete Mauro Moccero, el diácono Julio Gorbea, la exdirectora Mónica Durand, familiares, colaboradores e invitados especiales.
El aniversario permitió recordar aquel 1986, cuando un grupo de padres de la ciudad se unió con un objetivo común: generar un espacio de trabajo digno para sus hijos.
Así nació el Taller Protegido, que comenzó con 20 operarios, pocas máquinas y mucho esfuerzo, y que cuatro décadas después cuenta con edificio propio y una actividad productiva consolidada.
“40 años de derecho, autonomía e inclusión”
La directora Graciela Stortti fue la encargada de abrir el encuentro y puso el foco en quienes son el corazón de la institución: los trabajadores.
Actualmente, los operarios llevan adelante tareas vinculadas con la producción de trapos de pisos, rejillas, escobillones y productos de la huerta, elaborados con la premisa de ofrecer trabajo, calidad y producción local.
Stortti destacó que los 40 años representan mucho más que el aniversario de una institución: significan cuatro décadas de trabajo, inclusión, sueños compartidos, derechos y autonomía.
También recordó que detrás de esta historia están las familias, los operarios y las distintas comisiones directivas que hicieron posible que aquel sueño inicial se transformara en una institución consolidada.
Una comisión que trabaja “codo a codo”
A continuación, tomó la palabra la presidenta de la Comisión Directiva, Gabriela Aguirre, quien resumió su mensaje en una palabra: agradecimiento.
Agradeció a quienes integran la comisión, a los colaboradores y, especialmente, a los trabajadores y trabajadoras del Taller.
“Trabajamos codo a codo y con mucho amor”, fue uno de los conceptos centrales de su mensaje, en el que remarcó el compromiso cotidiano de quienes sostienen la institución.
También se puso en valor la tarea de los tres operarios que cuentan con mayor antigüedad en el Taller: Fabián Gómez, Araceli Uranga y Sandra Pailmann.
Fabián y Sandra compartieron unas breves palabras y expresaron el cariño y el sentido de pertenencia que mantienen con la institución desde hace muchos años.
Mónica Durand: memoria y reconocimiento a quienes hicieron crecer al Taller
Uno de los momentos más emotivos fue el mensaje de Mónica Durand, quien durante 28 años estuvo al frente de la institución. Conmovida por el aniversario, repasó parte de la historia del Taller Protegido y recordó sus primeros pasos, cuando un grupo de padres y egresados de la Escuela Especial impulsó la creación de un espacio que ofreciera formación y una salida laboral.
Durand destacó el aporte de las distintas comisiones directivas, familias, instituciones, empresas y colaboradores que fueron acompañando el crecimiento de la institución, desde sus primeros espacios hasta la construcción del actual edificio.
También puso especial énfasis en la importancia de capacitar y acompañar a cada operario de acuerdo con su propia realidad, porque “cada legajo es una historia” y cada persona tiene diferentes posibilidades de aprendizaje y progreso.
En un mensaje atravesado por la emoción, agradeció a todos quienes hicieron posible estos 40 años y sostuvo que el Taller es, fundamentalmente, una construcción colectiva de toda la comunidad.
El reconocimiento del Municipio
En representación del Ejecutivo Municipal habló el jefe de Gabinete, Mauro Moccero, quien destacó el trabajo de la institución y de quienes la sostienen cotidianamente.
Valoró no solamente la producción que se realiza en el Taller —desde la huerta hasta los diferentes productos elaborados por los operarios— sino también la participación de sus integrantes en actividades artísticas y deportivas que enriquecen la vida comunitaria.
Moccero resaltó además el rol de las instituciones y convocó a la comunidad a acompañarlas, especialmente en tiempos en los que resulta fundamental la colaboración de personas que, aun sin tener un familiar vinculado directamente, deciden involucrarse y aportar.
Durante el encuentro, además, desde el Municipio se hizo entrega de un presente para la institución.
La bendición del diácono Julio Gorbea
El cierre de la parte formal estuvo a cargo del diácono Julio Gorbea, quien realizó una bendición especial por los 40 años.
Gorbea pidió por los operarios, sus familias, los trabajadores, amigos y colaboradores del Taller, destacando el valor del trabajo digno y su relación con la justicia, la dignidad y la vida.
Posteriormente realizó la bendición con agua bendita, compartiendo un momento especialmente significativo con los operarios.
Las velitas, la torta y el encuentro compartido
Después de los discursos llegó el momento más esperado: los operarios fueron invitados a soplar las velitas de la torta aniversario, celebrando juntos las cuatro décadas de historia.
La jornada continuó alrededor de una mesa compartida, con sándwiches y torta, en un clima de encuentro entre trabajadores, familias, autoridades, colaboradores y amigos de la institución.
A 40 años de aquel sueño que comenzó con un pequeño grupo de padres, el Taller Protegido continúa construyendo su historia desde el trabajo cotidiano de sus operarios y desde una comunidad que, a lo largo del tiempo, supo acompañar su crecimiento.
Cuatro décadas después, aquella necesidad se transformó en una institución: un espacio de trabajo, producción, aprendizaje, vínculos, autonomía e inclusión que forma parte de la vida de Coronel Suárez.
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