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Detrás del uniforme: el sostén silencioso de las familias en el Día del Bombero Voluntario

Detrás del uniforme: el sostén silencioso de las familias en el Día del Bombero Voluntario

En el marco de la celebración por el Día del Bombero Voluntario, además del reconocimiento a quienes integran el cuerpo activo, hubo un lugar especial para quienes acompañan desde siempre: las familias. Porque detrás de cada salida, de cada guardia y de cada sirena que suena, hay un entorno que sostiene, comprende y comparte la vocación.

La jornada, que incluyó el tradicional chocolate caliente en el cuartel, permitió visibilizar ese costado muchas veces silencioso pero fundamental. “La familia es nuestro pilar”, expresó Noelia Díaz, bombera voluntaria, quien destacó el rol clave de quienes quedan en casa cuando suena la alarma. “Comprenden cuando tenemos que irnos, incluso de madrugada o en momentos importantes. En mi caso, siendo mamá, ese apoyo es fundamental”, señaló.

Noelia también remarcó que la vocación nace desde lo profundo y muchas veces tiene raíces familiares. En su historia personal, un cuñado bombero jubilado fue quien sembró esa pasión que hoy forma parte de su vida cotidiana. “Se vive como una gran familia”, aseguró, en referencia al vínculo que une a todos los integrantes del cuartel.

Ese concepto de familia se hizo aún más evidente en el testimonio de Alfredo Aller, bombero jubilado, quien continúa ligado a la institución desde otro lugar. “Esto no se abandona nunca, lo llevás en el corazón”, afirmó con emoción. Hoy, su historia se proyecta en sus hijos Leonardo y Franco, ambos bomberos activos, y en una nueva generación que ya comienza a identificarse con ese legado.

“Es una emoción difícil de explicar, algo que viene de familia”, coincidieron sus hijos, quienes destacaron el orgullo de continuar un camino marcado por su padre. Sin embargo, también reconocieron el otro lado de esa vocación: el cuidado y la preocupación constante de quienes esperan. “Siempre les pedís que se cuiden”, agregó Alfredo, reflejando el sentimiento de todo padre que ya vivió en carne propia cada salida.

En ese entramado familiar, el rol de las madres y parejas también ocupa un lugar central. Estela, esposa de Alfredo, lo definió con claridad: “Ellos son los bomberos, nosotros somos las asistentes”. Con décadas acompañando la vida dentro del cuartel, recordó cómo la institución fue siempre parte de la dinámica familiar, desde la infancia de sus hijos hasta el presente.

La escena se completa con Delfina, la nieta, que con orgullo y entusiasmo ya sueña con seguir los pasos de su familia. Su respuesta espontánea —asegurando que también quiere ser bombera— resume el espíritu que atraviesa generaciones y que mantiene viva la vocación.

Así, en cada celebración, queda en evidencia que ser bombero voluntario no es una tarea individual. Es una construcción colectiva, donde la familia cumple un rol esencial, sosteniendo desde el afecto, la comprensión y el compromiso. Porque si bien el uniforme lo viste una persona, la vocación se comparte en cada hogar.