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“Points de cire”: alumnos de la escuela técnica de Puan crearon una impresora braille silenciosa y de bajo costo

Un grupo de alumnos de 5° año de la Tecnicatura en Informática de la Escuela Técnica de Puan desarrolló un prototipo de impresora Braille que utiliza cera depilatoria para generar puntos en relieve sobre papel común, una propuesta que busca ofrecer una alternativa accesible y silenciosa frente a las impresoras Braille convencionales.

El proyecto, denominado “Points de Cire” —“puntos de cera”, en francés—, fue presentado durante el Encuentro Regional de Educación Técnico Profesional y ya alcanzó la instancia nacional de la Feria de Educación, Arte, Ciencia y Tecnología.

Los estudiantes que participaron del desarrollo son Fermina Camor, Julieta Marcolín, Jazmín Peters, Gerónimo Purreta y Magalí Rodríguez Rolón, con el acompañamiento del docente asesor Marcos Chávez.

Gerónimo Purreta, alumno de la institución, explicó que la idea nació a partir de un debate en el aula sobre qué proyecto desarrollar.

“Se nos ocurrió con el tema de las impresoras Braille. Sus costos son muy elevados”, contó. Según el presupuesto que pudieron relevar, una impresora Braille convencional podía representar una inversión cercana a los 15 millones de pesos, además de generar un nivel de ruido considerable.

A partir de esa problemática comenzaron a preguntarse si podían desarrollar una alternativa propia, utilizando los conocimientos adquiridos en la escuela y materiales que pudieran recuperar.

De una impresora 3D recuperada a una impresora Braille

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto fue la reutilización de una impresora 3D que había sido afectada por la inundación de Bahía Blanca.

Los estudiantes la recuperaron, limpiaron, repararon y modificaron para adaptarla a su nuevo objetivo.

“Nosotros lo que usamos acá es una impresora 3D; la adaptamos para que se imprima con cera”, explicó Gerónimo.

El equipo original que utilizaba la impresora para fundir plástico fue reemplazado por un sistema con una resistencia calefactora capaz de derretir la cera y depositarla sobre el papel.

A partir de allí comenzó un extenso proceso de pruebas y calibración para encontrar el material y las condiciones adecuadas que permitieran generar puntos resistentes, definidos y con la textura necesaria para ser reconocidos mediante el tacto.

Un proyecto basado en prueba y error

Los alumnos experimentaron con distintos materiales: barniz, pintura sintética, filamento de impresión 3D, esmalte de uñas y diferentes tipos de barnices.

También probaron con cera de abeja, pero encontraron dificultades tanto a altas como a bajas temperaturas.

“Todo fue prueba y error hasta ver qué material nos servía”, explicó Gerónimo.

Finalmente llegaron a la cera depilatoria, que permitió obtener una textura adecuada y generar los puntos sobre el papel.

El desafío no era solamente conseguir que la máquina funcionara, sino que el resultado cumpliera con las características necesarias para que pudiera ser leído mediante el tacto.

Los estudiantes trabajaron con las medidas estandarizadas del sistema Braille y fueron ajustando la máquina hasta lograr puntos cada vez más definidos.

“Cada vez que movemos la impresora la tenemos que calibrar”, explicó Gerónimo.

El proceso permitió pasar de las primeras pruebas a la impresión de textos y, posteriormente, a la elaboración de libros utilizando el propio prototipo.

La inclusión como punto de partida

La investigación no quedó limitada al desarrollo tecnológico. Los estudiantes buscaron conocer de primera mano las necesidades de las personas con discapacidad visual.

Mantuvieron conversaciones con una estudiante con discapacidad visual de la Escuela Especial de Puan, además de establecer contactos con instituciones vinculadas al trabajo con personas ciegas y con discapacidad visual.

También consultaron a la Biblioteca Braille de La Plata, cuyos integrantes les brindaron recomendaciones para mejorar el proyecto, y a una biblioteca de Bahía Blanca donde pudieron conocer experiencias de trabajo con personas con discapacidad visual.

Ese contacto directo fue fundamental para comprender que el objetivo no era simplemente conseguir que una máquina imprimiera puntos, sino desarrollar una herramienta realmente útil.

La prueba más importante llegó de quienes leen Braille

Durante la instancia provincial de la Feria de Ciencias, los estudiantes tuvieron la posibilidad de encontrarse con dos jóvenes no videntes de una escuela especial de Tigre.

Las chicas probaron el material producido por la impresora y les dieron una devolución que significó un reconocimiento muy importante para el equipo.

Según contó Gerónimo, les dijeron que el Braille producido por su sistema resultaba más sencillo de leer para ellas que el Braille tradicional sobre papel.

La explicación está relacionada con la durabilidad del relieve: con el uso, el papel Braille tradicional puede desgastarse a medida que se recorre con los dedos, mientras que los puntos realizados con cera quedan firmes y mantienen su relieve.

“Queda el punto formado sobre el papel, queda firme, duro y no se mueve”, explicó el estudiante.

Un software propio para simplificar todo el proceso

El desarrollo también incluyó una solución informática.

Inicialmente utilizaban distintos programas: uno permitía transformar el texto convencional en Braille y generar el código necesario para que la impresora pudiera desplazarse, mientras que otro se utilizaba para controlar la impresora 3D.

A partir de esa experiencia, los alumnos desarrollaron su propio software, integrando las funciones que necesitaban en una única aplicación.

De esta manera, el usuario puede ingresar un texto convencional, transformarlo al sistema Braille y generar las instrucciones que posteriormente ejecutará la impresora.

El proyecto suma así conocimientos de programación, electrónica, impresión 3D, diseño, recuperación de materiales y accesibilidad.

De la instancia distrital a la nacional

“Points de Cire” fue presentado inicialmente en la instancia distrital de la Feria de Ciencias, en Puan. Luego avanzó a la instancia regional, posteriormente a la provincial realizada en Santa Clara del Mar y finalmente consiguió el pase a la instancia nacional.

Para los estudiantes, el recorrido representa también una experiencia de aprendizaje permanente.

“Al principio nosotros logramos que se mueva el carro y ahora logramos todo esto”, contó Gerónimo, sintetizando el crecimiento del proyecto.

El prototipo todavía continúa en proceso de perfeccionamiento, pero ya logró demostrar que es posible utilizar una impresora 3D recuperada para desarrollar una herramienta destinada a la accesibilidad.

El objetivo: que cada persona pueda tener una en su casa

Más allá del reconocimiento obtenido en la Feria de Ciencias, los alumnos tienen un objetivo concreto para el futuro: que la impresora pueda convertirse en una herramienta accesible para uso cotidiano.

“Buscamos que sea hogareña, que cada persona tenga una impresora en su casa y no necesite moverse a otros establecimientos públicos para poder trabajar o estudiar”, explicó Gerónimo.

Ese propósito resume el espíritu del proyecto: desarrollar una tecnología que sea silenciosa, de bajo costo, reutilizable y accesible, pero fundamentalmente que pueda contribuir a una mayor autonomía de las personas con discapacidad visual.

“Points de Cire” nació como una pregunta dentro de un aula y se transformó, a través de investigación, pruebas, errores y trabajo en equipo, en un proyecto que hoy representa a la Escuela Técnica de Puan en la instancia nacional de la Feria de Educación, Arte, Ciencia y Tecnología.