HOYEDUCACION

Leer, imaginar y habitar las historias: tres escuelas compartieron una jornada literaria con Florencia Esses

La Escuela Primaria N° 20 de Villa Belgrano fue sede de una jornada especial de lectura y escritura que reunió a estudiantes y docentes de las escuelas N° 20, N° 6 y N° 11. La propuesta tuvo como protagonista a la escritora Florencia Esses, cuyos libros vienen siendo trabajados en las aulas.

La literatura volvió a convertirse en un espacio de encuentro, imaginación y creatividad en la Escuela Primaria N° 20 de Villa Belgrano, donde se desarrolló una jornada especial compartida con las escuelas N° 6 y N° 11 y que tuvo como invitada a la escritora Florencia Esses.

La actividad surgió a partir del trabajo sostenido que la docente de primer grado de la Escuela 20 realiza cada año alrededor de un autor. En esta oportunidad, la elección fue Florencia Esses y, a partir de esa decisión, comenzó a desarrollarse un proyecto que trascendió las aulas y terminó convirtiéndose en una experiencia compartida entre tres instituciones.

Claudia Desch, bibliotecaria de la Escuela 20, contó que la propuesta comenzó a tomar forma cuando la docente le anunció que trabajaría durante el año con la literatura de Esses.

“Me encantan sus libros”, recordó Claudia, quien decidió entonces comunicarse directamente con la autora a través de Instagram. La respuesta fue inmediata y permitió comenzar a delinear una jornada en la que los chicos no solamente pudieran leer sus obras, sino también conocer a la persona detrás de esas historias.

La actividad coincidió además con la segunda jornada provincial de “Leer en Comunidad”, una propuesta que en esta oportunidad tuvo como eje “habitar la escritura y la lectura”.

Una experiencia compartida entre tres escuelas

La iniciativa se amplió con la participación de las escuelas N° 6 y N° 11.

Estefanía Laval, bibliotecaria de la Escuela 11, destacó el entusiasmo de los alumnos y señaló que estaban “felices” y muy expectantes por conocer a la escritora cuya literatura venían trabajando.

Desde la Escuela 6, Giuliana Domenical explicó que las características de las tres instituciones permitieron extender la propuesta durante una jornada de ocho horas, incorporando posteriormente juegos literarios y diferentes actividades vinculadas con los libros.

De esta manera, la jornada no quedó limitada a una charla con la autora. La propuesta fue pensada como una experiencia integral en la que leer, escribir, imaginar, jugar y compartir formaron parte de un mismo recorrido.

“Cuando escribo no sé qué va a pasar con el libro”

Para Florencia Esses, encontrarse cara a cara con los chicos que leen sus libros representa una de las experiencias más gratificantes de su trabajo como escritora.

“Cuando escribo no sé qué va a pasar con el libro, no sé si les va a gustar. Así que es una alegría total”, expresó durante la entrevista.

Esses explicó que sus historias pueden surgir de diferentes lugares: una idea, algo que escucha, algo que leyó, un personaje, un tema o incluso una frase.

A la hora de escribir literatura infantil, aseguró que intenta imaginarse a sus lectores y pensar qué puede despertar su interés.

“Mientras escribo me imagino a los chicos”, explicó.

Ese vínculo con los personajes también forma parte del proceso creativo. La autora contó que, mientras avanza una historia, va descubriendo qué le sucederá a cada protagonista, cuál será su conflicto, cómo hablará y cuáles serán sus características.

Pero hay un momento del proceso que, para ella, resulta especialmente significativo: cuando deja de estar sola frente a la escritura y puede observar a los chicos reaccionando ante sus historias.

“Escribir es muy solitario, entonces esto es la mejor parte. Es lo que más me da felicidad y ganas de seguir escribiendo”, sostuvo.

El libro como puerta a la imaginación

Durante la jornada, los alumnos tuvieron la posibilidad de conversar con la autora, realizarle preguntas y participar de diferentes propuestas de escritura.

Claudia Desch puso como ejemplo uno de los libros de Esses, “Ojalá”, publicado este año, que propone un particular juego con la imaginación de los lectores.

La historia presenta un personaje que va encontrándose con otros a lo largo del recorrido, pero sin nombrarlos explícitamente. Ese recurso obliga a los chicos a imaginar quiénes son esos personajes y ponerles palabras.

“Los chicos te gritan: ‘¡Es un dragón!’”, contó la bibliotecaria, describiendo ese momento en que los lectores completan aquello que el texto deja abierto.

Para Desch, allí aparece uno de los mayores valores de la literatura: la posibilidad de que cada lector construya imágenes, personajes y mundos propios a partir de las palabras.

“Ellos van imaginando todo esto que les falta poner en palabras, pero que te lleva, a través de la escritura y de nosotros en la lectura, a descubrir esos personajes. Eso es fantástico”, señaló.

Una jornada para jugar con los libros

Después del encuentro con Florencia Esses, los alumnos compartieron un momento de escritura y posteriormente un almuerzo.

La segunda parte de la jornada estuvo destinada a juegos literarios relacionados directamente con las obras de la autora.

Los estudiantes tuvieron que buscar frases dentro de los libros, trabajar con las páginas, descubrir mensajes secretos y resolver distintas consignas que los llevaron nuevamente a las historias que habían leído.

La propuesta también involucró a los profesores de Educación Física, que fueron los encargados de llevar adelante buena parte de las actividades recreativas durante la tarde.

Así, los libros dejaron de ser solamente objetos de lectura para convertirse en elementos de juego, búsqueda, exploración y creación.

El desafío de seguir leyendo en tiempos de pantallas

El encuentro también permitió reflexionar sobre el lugar que continúa ocupando la lectura en una infancia atravesada por las nuevas tecnologías.

Frente a un mundo en el que las pantallas forman parte de la vida cotidiana, la experiencia desarrollada en la Escuela 20 mostró que un libro todavía puede generar curiosidad, sorpresa y entusiasmo.

Para las bibliotecarias, la posibilidad de que los chicos puedan tocar los libros, explorarlos, escucharlos y conversar con quien los escribió representa una experiencia difícil de reemplazar.

Y para Florencia Esses, comprobar personalmente esas reacciones constituye una de las razones que hacen que valga la pena seguir escribiendo.

La jornada compartida por las escuelas N° 20, N° 6 y N° 11 dejó así una certeza sencilla pero poderosa: cuando la lectura encuentra un espacio para ser compartida, también se transforma en imaginación, juego, conversación y encuentro.

Una experiencia que permitió a los chicos no solamente leer las historias de Florencia Esses, sino también habitar esos mundos desde su propia mirada y descubrir que cada lector puede completar la historia con su imaginación.