Inés Steib: una vida dedicada a la docencia, entre la vocación, los vínculos y el amor por la escuela rural
En el Día del Maestro, una manera de homenajear a quienes eligen la docencia es conocer las historias detrás de tantos años frente a un aula. En los estudios de la Radio, Inés Steib, docente jubilada, compartió parte de su trayectoria, desde aquella primera inspiración que nació cuando era alumna de una escuela rural hasta sus últimos años como directora de una pequeña escuela de campo.
Su historia está atravesada por la vocación, el compromiso, los vínculos construidos con alumnos y familias y, especialmente, por una relación muy profunda con la educación rural.
“La vocación nació desde chica”, recordó Inés al comenzar la charla. Durante su infancia y adolescencia vivió en el campo y asistió a la Escuela N° 18 de Paraje Primavera. Allí tuvo una docente que se convirtió en una figura inspiradora y que despertó en ella el deseo de dedicarse a la enseñanza.
“Yo digo, quiero ser docente porque surgió ahí la vocación”, contó.
De estudiante a maestra
Después de aquella experiencia en la escuela rural, Inés continuó sus estudios en el entonces Colegio San José, actual FASTA, donde cursó el bachillerato con orientación docente. Allí tuvo materias vinculadas con las ciencias humanísticas, psicología y pedagogía, que terminaron de confirmar su elección.
Posteriormente continuó su formación terciaria en el Instituto de Formación Docente y Técnica N° 48.
Al recibirse comenzó su carrera docente en el Colegio Estrada, donde permaneció alrededor de tres años. Sus primeros pasos frente a un aula fueron en tercer grado y luego continuó en quinto.
Reconoce que aquellos comienzos estuvieron acompañados por una comunidad educativa que la ayudó a transitar los primeros desafíos.
“Tuve el apoyo incondicional de todas mis compañeras, de mi directora, que me ayudaron a dar mis primeros pasos”, recordó.
También guarda un recuerdo especial de aquellas primeras familias y de sus alumnos, muchos de los cuales todavía conserva en la memoria.
Los alumnos que permanecen en la memoria
A lo largo de su carrera fueron cientos los chicos que pasaron por sus aulas. Algunos, incluso, todavía la reconocen cuando se encuentran con ella, aunque para Inés no siempre resulta sencillo identificar inmediatamente a aquellos niños que hoy son adultos.
“Vos tenés la imagen de chiquito”, explicó.
Sin embargo, reencontrarse con ellos y conocer sus caminos se convirtió en una de las grandes satisfacciones de la profesión.
“Es una satisfacción enorme verlos ahora que ya son profesionales, gente de oficio, con familia o no, pero realizados”, expresó.
Incluso recuerda con cierta nostalgia no haber llevado un registro de todos sus alumnos: “A muchos los recuerdo hasta el lugar donde estuvieron sentados”, contó.
Un largo recorrido por las escuelas públicas
Después de dedicar alrededor de nueve años a su familia, Inés retomó la actividad docente realizando suplencias en escuelas públicas.
A partir de allí comenzó un recorrido por diferentes establecimientos educativos, entre ellos las escuelas N° 1, 32, 9 y 2, donde finalmente logró titularizar y permaneció durante muchos años.
También fue parte de la Escuela N° 12, acompañando el crecimiento y las transformaciones que atravesó la institución.
Su trayectoria no quedó limitada a la enseñanza en el aula. En una etapa posterior comenzó a trabajar como preceptora en la Escuela Secundaria N° 7, una experiencia que le permitió cambiar de escenario y trabajar con adolescentes de entre 15 y 19 años.
“Fue una experiencia maravillosa”, recordó.
Del aula a la gestión y el regreso al ámbito rural
Otro capítulo importante de su trayectoria comenzó cuando fue convocada desde la Jefatura Regional para desempeñarse en un servicio provisorio de orden técnico.
Mientras continuaba con su actividad en la Escuela N° 2, también avanzó en su carrera profesional hasta rendir para directora.
Cuando llegó el momento de elegir una escuela, optó por la Escuela N° 36 de San Anselmo.
La decisión tuvo un significado especial: después de tantos años de recorrido, regresaba al ámbito rural donde había nacido su propia vocación docente.
“Se cerró el círculo”, resumió.
La experiencia implicó además un importante desafío personal y profesional. Pasó de tener la escuela y la Jefatura Regional prácticamente a minutos de su casa a recorrer alrededor de 50 kilómetros hasta San Anselmo, con lluvia o sin ella.
Como directora de una escuela rural tuvo que asumir múltiples responsabilidades: planificar, trabajar con los chicos, integrar los diferentes grados y compartir la tarea con el jardín y otros docentes.
“Fue una experiencia maravillosa de crecimiento, por sobre todas las cosas”, aseguró.
Allí permaneció hasta su jubilación y durante su último año de actividad, 2024, se dedicó plenamente a aquella escuela rural.
¿Qué hace falta para ser docente?
Con tantos años de experiencia, Inés tiene una respuesta clara cuando se le pregunta qué necesita una persona para dedicarse a la enseñanza.
“Principalmente vocación, mucho amor, entrega, pasión. Te diría que pasión por lo que hacés”, afirmó.
A esos valores sumó la responsabilidad, la empatía, la capacidad de generar buenos vínculos y, fundamentalmente, saber escuchar.
Porque para Inés ser docente no significa solamente enseñar contenidos o pararse frente a un curso. Es una tarea que involucra a toda una comunidad.
“No es solo enseñar y plantarte. Es mucho más que eso”, sostuvo.
En ese sentido, destacó que ningún docente trabaja realmente solo: detrás de cada escuela existe una comunidad educativa integrada por alumnos, familias, docentes, auxiliares, secretarios, directivos e inspectores.
También remarcó la necesidad de adaptarse a los cambios y a las diferentes circunstancias que atraviesa la educación. Entre ellas recordó especialmente la pandemia, que representó un desafío enorme para docentes y estudiantes.
“Había que seguir a pesar de todo”, expresó.
El reconocimiento a las nuevas generaciones
Ya jubilada, Inés mira hacia atrás con satisfacción y agradecimiento, aunque reconoce que la carrera docente también tuvo momentos difíciles.
“Esto es un mundo de todo color de rosa, que no es así”, aclaró. Sin embargo, considera que justamente las dificultades también forman parte del aprendizaje y permiten crecer.
En sus últimos años tuvo la posibilidad de compartir el trabajo con docentes jóvenes, experiencia que le permitió retirarse con tranquilidad al comprobar el compromiso de las nuevas generaciones.
“Realmente las admiro. Cómo trabajan, cómo llevan su labor adelante, el compromiso que le ponen, el amor a todo”, destacó.
En particular, recordó a los jóvenes docentes que la acompañaron durante su paso por la escuela rural y que fueron un importante sostén para ella.
“Me ayudaron muchísimo, me apoyaron, me levantaron”, expresó con emoción.
Una profesión que también se construye con la familia
La trayectoria de Inés también estuvo acompañada por su familia. Cuando sus hijos eran pequeños, procuraba elegir cargos en los turnos en los que ellos asistían a la escuela para poder continuar acompañándolos.
“Trataba siempre de tomar algún cargo en el turno donde ellos estaban en la escuela para que no noten mi ausencia”, recordó.
Con el paso de los años, cuando sus hijos crecieron y comenzaron sus propios caminos, pudo asumir otros desafíos, como los viajes cotidianos hacia la escuela rural.
Hoy, al mirar todo el recorrido, asegura sentirse “muy satisfecha y agradecida”.
También aprovechó la oportunidad para agradecer a todas las personas que, a lo largo de su carrera, colaboraron con ella y con las escuelas en las que trabajó.
Una vocación que comenzó en el campo y terminó allí
La historia de Inés Steib tiene una particularidad que le otorga un significado especial: aquella niña que descubrió su vocación en una escuela rural terminó sus años de carrera dirigiendo otra escuela de campo.
Entre un punto y otro hubo aulas, alumnos, familias, compañeros, cargos docentes, gestión y nuevos desafíos. Pero la esencia se mantuvo intacta.
En este Día del Maestro, su historia sirve también como reconocimiento a quienes hacen de la educación una tarea cotidiana de vocación, compromiso, empatía y entrega.
“No tengo más que palabras de agradecimiento para todo y para toda la comunidad”, expresó Inés al finalizar la entrevista, extendiendo su saludo a todos los docentes y a quienes trabajan cada día por la educación, entendida también como un derecho fundamental de niños y jóvenes.
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