El Junquero compartió su experiencia educativa en una jornada de la Academia Nacional de Educación
La experiencia de El Junquero, Escuela Experimentadora de Villa Arcadia, fue presentada recientemente en una jornada denominada “Overtake educativo. Paradigmas para acelerar el cambio”, organizada por la Academia Nacional de Educación.
Del encuentro participó Claudia Páez, docente, asesora pedagógica y cofundadora de El Junquero, quien fue convocada para integrar un conversatorio sobre innovación educativa y compartir el recorrido de esta escuela que logró oficializarse como institución pública estatal después de varios años de trabajo comunitario.
La convocatoria llegó a través de Dolores Bulit, periodista e investigadora de experiencias educativas alternativas, quien había realizado anteriormente una nota sobre El Junquero y mantenía contacto con la institución.
“Fue una experiencia muy interesante porque compartí ahí en ese conversatorio y en esa mesa con otras escuelas”, explicó Páez. Entre los aspectos que más llamaron la atención de otras experiencias estuvo la particularidad de que El Junquero funciona con una matrícula pequeña y se sostiene sin cuotas ni matrícula arancelada.
Una experiencia que busca revisarse permanentemente
Durante la jornada, Páez también explicó por qué la institución se define como Escuela Experimentadora y no simplemente como una escuela experimental.
La diferencia tiene que ver con una concepción de la educación basada en la revisión permanente de las prácticas.
“Nosotras en realidad nos llamamos Escuela Experimentadora, porque está haciendo la experiencia, está sucediendo la experiencia, nosotras nos revisamos todo el tiempo”, señaló.
En El Junquero existe, por ejemplo, un espacio cotidiano que denominan “la hora del té”, en el que el equipo analiza lo sucedido durante la jornada. A esto se suma una instancia semanal de planificación en la que las docentes revisan las propuestas, los agrupamientos, los recursos y las actividades.
La organización de los estudiantes también es flexible. Actualmente concurren 23 alumnos, de primero a sexto, distribuidos en tres grupos que no permanecen necesariamente conformados de la misma manera durante toda la semana.
La composición puede modificarse de acuerdo con las actividades, los aprendizajes que se buscan desarrollar o las necesidades de cada estudiante.
Páez destacó, en ese sentido, la importancia del acompañamiento pedagógico, ya que la propuesta requiere una planificación y una mirada colectiva que permitan revisar permanentemente lo que ocurre en el aula.
Una escuela que busca tensionar la estructura tradicional
Al explicar qué diferencia a El Junquero de otros modelos educativos, Páez resumió la propuesta señalando que la escuela busca “tensionar la gramática tradicional escolar”.
Esto implica flexibilizar el tiempo y el espacio en función de los aprendizajes, además de diseñar propuestas que despierten curiosidad e interés en los estudiantes.
La escuela parte muchas veces de preguntas vinculadas con el entorno cercano: el ambiente, las instituciones, los artistas, científicos y distintos actores de la comunidad.
“Salimos mucho, es una escuela muy activa, sale mucho, visita, conoce, recibe visitas todo el tiempo”, explicó.
Los estudiantes también tienen diferentes posibilidades para expresar lo aprendido. No utilizan exclusivamente un cuaderno o una carpeta tradicional, sino que pueden trabajar con distintos soportes y formatos, como dibujos, minibooks y otras producciones.
La evaluación como parte del aprendizaje
Otro de los aspectos centrales de la propuesta es la manera de abordar la evaluación.
En El Junquero no utilizan calificaciones tradicionales, sino que trabajan con evaluación metacognitiva. Todos los días los estudiantes tienen un momento para reflexionar y expresar qué aprendieron.
Para Páez, esta instancia permite también revisar la tarea docente. Si un contenido que se buscaba enseñar no aparece en la reflexión de los alumnos, el planteo es volver a pensar la propuesta.
“Se reformula la enseñanza en función del aprendizaje”, explicó.
De esta manera, la evaluación no se plantea como una instancia destinada únicamente a determinar si un estudiante aprobó o desaprobó, sino como una herramienta para que los propios alumnos puedan reconocer sus aprendizajes y para que las docentes puedan revisar sus estrategias.
“Ellos van aprendiendo que todos los días van aprendiendo algo”, sintetizó Páez.
Redes y nuevos intercambios a partir del encuentro
La participación en el Overtake Educativo también permitió a El Junquero establecer nuevos vínculos con otras instituciones.
Páez contó que, a partir del encuentro, surgieron propuestas de escuelas interesadas en visitar Villa Arcadia, realizar campamentos y conocer de cerca la experiencia. También hubo instituciones vinculadas con la formación docente que manifestaron interés en acercarse con sus docentes para compartir jornadas de trabajo.
Para la cofundadora de El Junquero, uno de los principales valores de estos encuentros es precisamente la posibilidad de “tejer redes” y compartir experiencias con otros proyectos educativos.
El desafío de crecer y construir su propio espacio
Mientras la escuela continúa desarrollando su propuesta pedagógica, también avanza en su proyección institucional.
El Junquero cuenta actualmente con dos terrenos en Jardines de Pillahuinco, donados a fines del año pasado, donde proyecta construir su propio espacio.
Además, la institución realizó una experiencia de trabajo junto a la Universidad Nacional del Litoral, vinculada con arquitectura y educación, que permitió avanzar en algunos diseños.
Páez reconoció que, desde su perspectiva personal, le gustaría avanzar rápidamente hacia la construcción del edificio, incluyendo también la posibilidad de incorporar el nivel inicial.
Por el momento, el desafío pasa por continuar consolidando la escuela y encontrar, cuando llegue el momento, los recursos necesarios para concretar el proyecto edilicio.
Una propuesta que nació desde la comunidad
La historia de El Junquero también está marcada por el trabajo comunitario. Páez recordó que durante los primeros años fueron las propias familias y colaboradores quienes sostuvieron económicamente el proyecto.
Se realizaron distintas actividades para recaudar fondos, desde venta de comidas hasta eventos y propuestas como Sierra Corre, una carrera que ya lleva cuatro ediciones y que actualmente constituye una fuente de ingresos para la institución.
Según Páez, la comunidad acompañó el proyecto desde el comienzo, mientras que las principales resistencias aparecieron inicialmente dentro del propio sistema educativo.
La escuela finalmente logró oficializarse y sostenerse como institución pública estatal, un proceso que, para quienes participaron cotidianamente de esa construcción, significó años de trabajo, gestión y perseverancia.
Hoy, con una matrícula de 23 estudiantes, nuevos terrenos para proyectar su futuro y vínculos que se siguen ampliando con otras experiencias educativas, El Junquero continúa desarrollando una propuesta que pone en el centro la reflexión permanente sobre cómo enseñar y cómo aprenden los chicos.
La participación de Claudia Páez en la jornada de la Academia Nacional de Educación permitió, además, que esa experiencia nacida en Villa Arcadia pudiera ser conocida y compartida con otros proyectos que también buscan transformar las formas tradicionales de pensar la escuela.
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