Antonella Crunger: “Como mamá, sé lo que significa dejar un hijo en la puerta de la escuela”
En el marco del acto oficial por el Día del Maestro realizado en la Escuela Primaria N° 1, Antonella Crunger, docente de la institución y mamá de un alumno, compartió un mensaje que puso en el centro de la celebración una mirada profundamente ligada a su propia experiencia: la de quien conoce la escuela desde ambos lados de la puerta.
Al recordar la figura de Domingo Faustino Sarmiento y su histórica vinculación con la educación argentina, Crunger sostuvo que conmemorar el Día del Maestro no implica solamente mirar hacia el pasado, sino detenerse a pensar en quienes continúan haciendo de la educación una herramienta capaz de transformar vidas.
Y desde allí planteó su particular perspectiva. “Hoy tengo la posibilidad de hablarles de un lugar muy especial, el lugar de mamá y de docente. Dos lugares que para mí no están separados”, expresó.
Como mamá, explicó, conoce lo que significa dejar un hijo en la puerta de la escuela. Pero aclaró que allí no quedan solamente una mochila, un cuaderno o un guardapolvo.
“Dejamos nuestros hijos, dejamos nuestros sueños para ellos. Dejamos nuestras preocupaciones, nuestras expectativas y una parte enorme de nuestro corazón y confiamos”, afirmó.
Esa confianza, señaló, está depositada en quienes acompañarán a los chicos durante buena parte de sus días.
Pero su condición de docente le permite, al mismo tiempo, conocer qué sucede detrás de esa puerta.
“Sé que detrás de cada aula hay docentes que preparan, que piensan, que buscan estrategias, que vuelven a explicar, que tienen paciencia, que se preocupan y que muchas veces se llevan a sus casas las historias de sus alumnos”, sostuvo.
Enseñar es mucho más que transmitir conocimientos
Crunger puso especial énfasis en que la tarea docente excede ampliamente la transmisión de contenidos.
Enseñar, sostuvo, implica mirar a cada estudiante y comprender que detrás de ese alumno existe una historia; escuchar, acompañar, poner límites cuando es necesario, celebrar los pequeños avances y sostener a quien atraviesa una dificultad.
Y resumió una de las dimensiones más importantes de esa tarea en una frase que atraviesa la relación entre docentes y estudiantes: “Yo creo en vos”, incluso cuando el propio alumno todavía no logra creer en sí mismo.
“La tarea docente está hecha de conocimientos, pero también de vocación, compromiso, paciencia, sensibilidad y amor”, expresó.
En ese sentido, destacó todos aquellos gestos que muchas veces no quedan registrados: las horas que no aparecen en ningún horario, las preocupaciones que continúan después de que suena el timbre y el docente que, una vez terminada la jornada, sigue pensando de qué manera puede ayudar a un alumno.
“Y todo eso también es enseñar”, afirmó.
Un agradecimiento a quienes todos los días vuelven a elegir la profesión
El mensaje de Crunger tuvo especialmente el carácter de un reconocimiento.
Agradeció a quienes enseñan con amor, a quienes llegan cada día y vuelven a elegir la profesión, a quienes tienen paciencia, acompañan, escuchan y buscan nuevas estrategias cuando algo no funciona.
También destacó a quienes celebran los logros de sus alumnos como propios y a quienes continúan sosteniendo su tarea aun cuando las circunstancias no son sencillas.
“Gracias a quienes nunca dejan de creer que la educación puede cambiar una vida”, expresó.
Y planteó que, con el paso de los años, posiblemente algunas personas olviden determinadas fechas, conceptos o contenidos, pero difícilmente olviden a aquellos docentes que alguna vez les hicieron sentir que eran capaces.
“A quienes nos alentaron, a quienes nos confiaron, a quienes nos enseñaron que podíamos llegar un poco más lejos”, señaló.
Mamá y docente, una misma mirada
Al acercarse al cierre de su discurso, Crunger volvió sobre la particularidad de hablar desde sus dos lugares: el de madre y el de docente.
Desde el primero, agradeció a quienes acompañan diariamente a los hijos de las familias; desde el segundo, valoró profundamente el amor, la entrega y la vocación que existen detrás de cada jornada de enseñanza.
“Cuando uno es mamá y es docente, aprende que educar y cuidar son dos formas profundamente humanas de acompañar a crecer”, sostuvo.
La docente destacó así el vínculo de confianza que se construye entre las familias y la escuela, y la responsabilidad que implica para quienes enseñan recibir cada día a los hijos de otras personas y acompañarlos en una etapa fundamental de sus vidas.
Su reflexión final sintetizó ese vínculo: mientras las familias sueñan con el futuro de sus hijos, hay docentes que diariamente aportan una parte de sí mismos para ayudar a construir ese futuro.
“Gracias por enseñar, por acompañar, por sostener, por creer, por dejar huellas”, expresó Crunger al cerrar su mensaje.
En el Día del Maestro, su discurso dejó una mirada que unió dos mundos que conviven cotidianamente dentro de una escuela: la confianza de una familia que entrega a sus hijos y el compromiso de los docentes que asumen la responsabilidad de acompañarlos a crecer.
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