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Leticia Jencquel llevó el paisaje de Coronel Suárez y su mirada sobre la arquitectura a la feria BADA

La artista plástica Leticia Jencquel fue invitada a participar de la 14ª edición de BADA, la importante feria de arte que se desarrolló del 27 al 30 de agosto en el Pabellón Verde de la Sociedad Rural de Buenos Aires. Con más de 300 expositores y una gran concurrencia de público, la propuesta busca acercar el arte a la comunidad y facilitar el vínculo directo entre artistas y quienes desean adquirir sus obras.

Jencquel, reconocida por sus pinturas de paisajes de campo y por las obras en las que retrata distintos rincones y arquitecturas, llegó a esta edición como artista invitada, luego de haber participado anteriormente por cuenta propia.

“Fue una muy linda experiencia. Había artistas de todos lados y la feria es muy grande”, contó durante una entrevista en los estudios de la Radio.

La invitación tuvo también un componente personal. Leticia mantiene desde hace años una relación cercana con la directora de BADA, a quien conoció junto a su familia durante un viaje y que posteriormente comenzó a visitar la zona en los veranos.

De los paisajes del campo a las molduras de la ciudad

Para esta edición de BADA, la artista llevó parte de una de las series que viene desarrollando a partir de la arquitectura de Coronel Suárez.

“Llevé ventanas y molduras de las casas de la avenida Alsina, molduras sobre fondo blanco”, explicó. También presentó la pintura de un antiguo portón que la cautivó durante un viaje a Sicilia y distintas ventanas coloniales.

Su trabajo con la arquitectura local comenzó a partir de una observación cotidiana. Después de años de pintar el paisaje rural, su marido le hizo notar la cantidad de molduras que podían encontrarse en las construcciones de la avenida Alsina.

“Dije, si hay que incursionar en el paisaje natural, le voy a dar al paisaje urbano también”, recordó.

Así comenzó a recorrer la ciudad, cámara en mano, para registrar detalles de las fachadas. Entre sus obras aparecen distintas esquinas de la avenida Alsina, la Escuela Sarmiento y antiguas construcciones que forman parte del patrimonio arquitectónico local.

Jencquel trabaja a partir de fotografías propias. Elige personalmente el ángulo, la luz y el detalle que luego llevará al lienzo.

El espacio en blanco como parte de la obra

Uno de los conceptos que atraviesa parte de su producción es el denominado horror vacui, una expresión que refiere al temor al espacio vacío. En su caso, Leticia decidió trabajar precisamente desde ese vacío, colocando molduras y fragmentos arquitectónicos sobre fondos blancos.

“Lo que logré es poner la moldura en un espacio en blanco. Lo mismo que las esquinas: las puse como, ni siquiera árboles, solo la esquina en fuga”, explicó.

Esa búsqueda también aparece en otra de sus series, denominada “Enlazando historias”, que nació de manera casi casual a partir de un juego de clavos que tenía en su casa.

Un día tomó una hoja de Canson negra, colocó los pequeños clavos formando distintas figuras y comenzó a fotografiarlos. A partir de esas imágenes desarrolló pinturas de gran tamaño.

El nombre de la serie surgió de la propia idea de los elementos que se unen y se separan: “Así como amistades se enganchan fácilmente, y después o se desenganchan y no sabés cómo, otras quedan enlazadas para siempre”.

Una de esas obras fue donada al Club Sueco de Buenos Aires, institución vinculada además con la historia familiar de la artista. Su padre, de origen sueco y apellido Henrichsen, estuvo relacionado con la construcción de distintos edificios vinculados a la comunidad sueca en Buenos Aires.

Una trayectoria construida en el taller

Aunque no estudió Bellas Artes formalmente, Jencquel lleva décadas desarrollando su actividad artística. Proviene, además, de una familia estrechamente vinculada con el arte.

Su abuela, de origen inglés, fue retratista y miniaturista y participó de la fundación de la Sociedad de Miniaturistas en Argentina. Su madre también pintaba.

Leticia comenzó inicialmente con el trabajo en madera, hasta que sintió la necesidad de incorporar nuevas herramientas técnicas. Así llegó al taller de la artista Cristina Elorriaga.

“Me dijo: ‘Yo tallar no, pero te puedo enseñar a dibujar para que hagas tus propios diseños’. Y ahí quedé”, recordó.

Eso ocurrió en 1978 o incluso antes, y desde entonces continúa asistiendo al taller todos los miércoles. Con Elorriaga construyó además una amistad que se mantiene desde hace décadas.

Actualmente también sostiene un espacio de encuentro y actividades artísticas con un grupo de mujeres, donde realizan trabajos de restauración y artesanías en un clima distendido.

El paisaje que la acompaña desde siempre

Gran parte de su producción está relacionada con el paisaje rural de la zona. Leticia llegó a Coronel Suárez a los 16 años y, a partir de entonces, quedó ligada a este lugar y a la vida en el campo.

“Vivíamos en el campo y teníamos permanentemente el paisaje. Lo tenés cuando abrís la ventana”, describió.

Con el tiempo, esa mirada sobre el entorno natural se amplió hacia el paisaje urbano y hacia otros lugares que visitó, cuyos detalles quedaron también plasmados en sus lienzos.

Actualmente continúa pintando y tiene nuevos trabajos por delante. Entre ellos, un encargo inspirado en personajes de la película Buscando a Nemo y otro relacionado con los Minions, pensado para una escena de playa.

“El arte me llena la vida”

Durante la entrevista, Jencquel también habló de lo que significa para ella continuar pintando y creando. “Me llena la vida. La verdad, es sanador. Me completa”, expresó.

Contó que su marido, Adolfo, la acompañaba y alentaba durante su trayectoria, incluso en los viajes que realizaban juntos, cuando ella se detenía a fotografiar aquellos lugares o detalles que luego convertiría en pinturas.

La artista también reconoció que algunas veces se sorprende de sus propias obras.

“Por ahí veo las cosas que he pintado y digo: ‘¡Wow! Esto lo pinté yo’”, contó entre risas.

Pero quizás una de las mayores satisfacciones aparece cuando descubre que sus cuadros tienen un significado especial para quienes los adquieren. Recordó el caso de personas que participaron de importantes muestras en Buenos Aires y que compraron sus obras, y especialmente el comentario de una de ellas: “Lo tengo a los pies de mi cama porque me despierto y me da paz”.

Mientras continúa pintando y explorando nuevas formas de representar los paisajes, la arquitectura y las historias que encuentra a su alrededor, Leticia Jencquel sigue llevando su mirada de Coronel Suárez a otros escenarios, demostrando que una moldura, una ventana, una esquina o un paisaje cotidiano también pueden convertirse en una obra de arte.