27/11/2019CIUDAD

Psicóloga Vanina Tucci, sobre noviazgos violentos.

“Si tenemos claro que nadie puede decirme lo que tengo que hacer y lo que tengo que ser, puede ser más sencillo evidenciar cuándo hay una situación que se sale de lo sano”.

Este año la Lic. en Psicología Vanina Tucci estuvo desarrollando talleres en escuelas secundarias de los Pueblos Alemanes, particularmente en San José y Santa María, en los colegios parroquiales, abordando la temática de noviazgos violentos.

De manera muy interesante, poniendo a los adolescentes y jóvenes de cara con lugares y decires comunes, habituales, naturalizados, propone el análisis sobre esas conductas que luego conducen a situaciones de domino, de transformar al sujeto en objeto de posesión, y hasta de violencia.

En diálogo con La Nueva Radio Suárez habló sobre el particular, dejando enseñanzas para todos, no sólo para los jóvenes.

“Hay situaciones que están normalizadas por los jóvenes, ante una relación afectiva, que en realidad hay que empezar a observarlas porque hay que detectar a tiempo, para que a largo plazo no siga un camino que es quizá el de los casos que vemos en televisión, de la muerte”.

“Hay distintos tipos de violencia y probablemente en los inicios se comience con un maltrato psicológico o emocional. En la etapa de los jóvenes y adolescentes lo que planteé es que en esta etapa lo que se evidencia y se puede observar es que es alto el porcentaje de maltrato en el noviazgo, con violencia cruzada, mutua. Y que son muy evidentes, situaciones de burlas, empujones, desprecio, menosprecio, de prestar atención que no siempre violencia es cuando hay una acción, un golpe, un insulto. Sino que la indiferencia, el no te registro, porque hiciste algo que no me gustó, porque saludaste a alguien que es tu ex y que yo no quiero que te trates, viene la indiferencia, te bloqueo por todas las redes y dejas de existir para mí. Eso también es violencia”.

Insiste en que “en esta etapa es muy visible este tipo de situaciones, que sean cruzadas. Por otro lado, es importante dejar en claro que la indiferencia también es violencia y maltrato, y, por otro lado, el tema de la sexualidad. Esta –la de la adolescencia y juventud- es una etapa de extrema vulnerabilidad y ante el hecho de dar evidencia de que ‘te pertenezco’, ‘te quiero’, ‘quiero estar con vos’, viene la prueba de lo sexual, para demostrarme que lo queres. Es un juego de manipulación. Es una etapa donde ellos son tan jóvenes, tan chicos, y tienen que tener en cuenta que lo sexual va a aparecer necesariamente como una cuestión de madurez de la pareja, de la relación y de necesidad de ambos. No porque alguien lo imponga eso tiene que suceder, o porque todos lo hacen a determinada edad. Estas son cuestiones que en la etapa de los jóvenes me parece que lo tienen que tener en cuenta, porque están normalizadas como cuestiones que suceden así y no debería ser de esta manera”.

En la charla ante los jóvenes la Lic. Vanina Tucci pregunta si alguna vez se pusieron celosos: “obviamente todos levantan la mano, porque en algún momento, como respuesta emocional, aparece. Hay textos que dicen que es ‘normal’, yo les aclaro que uso la palabra ‘esperable’. Que, si vos estás enamorado de alguien, se pretenda estar con esa persona para siempre. Los celos empiezan a generar conflictos y discusiones que son constantes en la pareja. Con el tiempo, si uno observa que esto se va agudizando, podemos hacer un diagnóstico de una patología que se llama celotipia, que la vive la persona que es celosa y va directamente vinculada al entorno de la persona amada. Que en este caso es considerada como objeto. Si yo considero que alguien es mío se tiene que vestir de determinada manera, no puede charlar con determinadas personas, no te podés juntar más con sus amigas… todo este tipo de condicionamientos hacen que la persona esté más alerta de su entorno, el entorno sea una amenaza. E, inmediatamente, las consecuencias van al objeto amado. Con los jóvenes charlamos todas estas situaciones”.

¿Cuál es el camino? La Psicóloga consultada expresa que la forma es a través de la palabra, del diálogo, para desestructurar lo que está naturalizado.

“La falla viene de la comunicación, la violencia es una manera de comunicarse, de modelos y aprendida. Significa que, si uno lo trabaja, exige la posibilidad de modificarlo, desarticularlo. Hay algo que se llama Comunicación Asertiva. Es comunicarnos con el otro desde el conocimiento de mis propios derechos. Desde la seguridad que yo puedo plantearle y decirle al otro lo que siento y lo que quiero. Más allá que el otro lo haga, no lo haga, quiera entenderlo o no. Sí estar yo seguro de cuáles son mis necesidades y mis deseos. Sin ir a un extremo de pasividad, permitiendo que el otro haga todo lo que quiera conmigo, o yo no exponer nada de lo que me sucede; y sin ir al extremo de la agresividad, de imponerse: yo quiero esto, deseo esto y tiene que ser así”.

La profesional asegura que “es un camino largo, pero si vamos trabajando la autoconfianza, la autoestima, el concepto de libertad como persona única, individual, que tengo mi vida propia, más allá del vínculo y de la relación, es posible. Es un ejercicio complejo, pero teniendo en claro que nadie puede decirme lo que tengo que hacer y lo que tengo que ser, puede ser más sencillo evidenciar cuándo hay una situación que se sale de lo sano. A veces normalizamos ciertas cuestiones en una relación que no están bien, que no son sanas y que a largo plazo pueden traer consecuencias irreversibles”.