José Morante, apasionado pescador con reconocimiento de toda la zona
Hombre sencillo, trabajador; una de las personas más conocidas y más queridas de Suárez.
Todo el mundo lo conoce a José; no solamente en la ciudad: también lo conoce la gente de Tres Arroyos, en Claromecó y todos los apasionados cañófilos que cada mes de febrero van a “Las 24 horas de la Corvina Negra”. Es que cada año, infaltable, Morante llega con su Ford A modelo 28, luego de varias horas de viaje, para disfrutar, en familia, de esta propuesta que se inscribe dentro de lo que le apasiona: pescar.
Tiene 70 años, cuenta que nació el 19 de noviembre, de 1970. Está sorteando un momento de dolor y despedida; es que hace unos meses, luego de muchos años compartidos juntos, perdió a su compañera de vida. Con una sencillez que impacta, dice que “no va a estar la gorda para acompañarme el próximo año, cuando vaya a Claromecó”, con lo que no asegura si podrá volver al concurso en la próxima edición.
En la Municipalidad de Coronel Suárez estuvo casi 40 años. Los últimos, en el área de Parques y Plazas. Impresionaba bien, verlo hacer su labor diaria, sin parar. Aun cuando pasaba algún conocido y se detenía a hablarle, José no detenía ni la barrida, ni el funcionamiento de la bordeadora.
Se acuerda que comenzó en el área de recolección y cuenta que los camiones que se usaban al principio eran descubiertos y que los recolectores iban en los estribos, para recoger la basura, que la gente dejaba en tachos de 20 litros, los que había que vaciar y dejar otra vez en la vereda. Luego pasó a la parte de Taller, donde estuvo unos 20 años; para después, pasar otros 20 en Parques y Plazas. ¿Por qué nunca paraba de trabajar?, le preguntamos y responde: “porque me pagaba la gente. A veces me daba vergüenza estar parado”. Y aclara: “si algún día me vieron dentro de Casa Segui es porque se me helaban las manos. Y sino, en los huequitos de la Municipalidad; porque hacía mucho frío”.
En alguna ocasión jugó a las bochas, para El Trébol, un bar que tenían los Allende, que contaba en sus fondos, con una cancha de bochas. Como siendo joven, ya veía poco, uno de sus compañeros de equipo, Rubén Allende, se ponía con los dos pies en V, rodeando el bochín, para que José Morante arrimara la bocha al bochín. Cuando la bocha venía, Rubén se retiraba y así lograba Morante, el arrime.
Lo que más le apasiona, “es la pesca y los caballos de carrera. Le apostaba a uno, siempre al de los amigos. No era un jugador empedernido. Es, como la pesca, iba a disfrutar nomás. A verlos correr a los caballos de mis primos”.
En la pesca, se inició, apunta, en el Centro de Pesca de Coronel Suárez, con Baldomero González, con Bienvenido Rubio. “A Tatín Rubio, le agradezco, que es un gran amigo. Me acuerdo de doña Carlota. Los farmacéuticos Dumrauf. También Chichilo Anastasi. Toda esa gente me enseñó a pescar”.
Dice que no hay secretos de pescador, “siempre fui tronco, no le gané a nadie”. Es increíble, pero nunca ganó ningún premio. “No sé cuántos años llevo de pesca, y nunca gané nada”. Un deporte, que parece manso, tranquilo, aclara, que “los nervios también te comen. Porque uno quiere ganar, quiere sacar una buena pieza”.
No es raro verlo con alguna caña de pescar, en su bicicleta. ¿Adónde va José Morante? “Voy a practicar casting, en la zona del zanjón por la Escuela Agropecuaria”. Es la práctica de tiro con plomada, de la que ahora está empezando, de grande, como él dice, “a tirar un poco más lejos”. Agrega que fue “con los chicos, que tiraban 200 metros, y yo: 98 metros. ¡Vos sabes que tristeza!”.
Participó, 36 años seguidos en el famoso concurso de pesca de la corvina negra en Claromecó. “Fui los últimos 36 años. Incluso, en el último febrero, aunque no se realizaba el concurso”. Hacia allí fue con su señora, para darse algún gustito de pescar. Siempre fue con la Ford A.
Dice que “tanto machacar –en el motor- ahora le conoce tornillo por tornillo”. Para quien le parezca que es un vehículo muy viejo, José Morante, no duda en decirle que “suena como una RAM”. Se acuerda de su esposa: “pensar que la gorda dormía ahí adentro. ¡Si la habré hecho dormir en ese toldo! ¿Vos te crees que rezongó? Jamás!”.
En Claromecó lo conocen muy bien, los organizadores del concurso, los pescadores que van y toda la gente del lugar. Es, como una institución. Las radios anuncian el día que llega José con su camioneta Ford A. Su llegada es signo que el concurso se aproxima. Le han hecho decenas de entrevistas, y le han entregado distinciones. Una vez que se jubiló de la Municipalidad, iba desde varios días antes: llegaba lunes o martes y se ubicaba en el lugar llamado Pozo Alonso. Agradece al dirigente de Luz y Fuerza Poty García que le consiguió un lugar para bañarse y lavar la ropa en el camping que el gremio tiene en Claromecó.
Penurias, dice, “hay miles. Viento, agua, íbamos con todos los chicos”, cuenta, recordando que llegó a llevar a sus 5 hijos; más José y su señora, sumaban siete en el pequeño vehículo. “Todos apilados. El primer viaje, me acuerdo, se mojaron todos, porque llovió en el trayecto. No iba en cuatro cilindros, iba fallando, yo no me dí cuenta”.
¿Cuánto tarda en hacer el recorrido? “Toda una historia –dice José-. Son dos etapas, hasta que le encontré el carburador, los platinos, todo averiguando con gente conocida. Las cubiertas, con manchones, que me las arreglaban en la gomería de Dean. Se tomaba el trabajo de pasarle el cuchillo para dejarle finito el manchón”. Dice que circula “a menos de 38 kilómetros; 30 kilómetros capaz. Tardaba varias horas. La gorda no la quería vender más”.
¿Va a ir a la próxima edición que se hace en febrero?, le preguntamos. “Vamos a ver -responde José, y menciona la pérdida de su compañera de vida-, por la gorda Los chicos trabajan y los nietos, ya no quieren ir más, los aburrí”.
José Morante, es un verdadero personaje. Por ser hombre sencillo, muy humilde, trabajador sin descanso. Muy querido, por toda la gente. No habrá alcanzado premios en la pesca, pero sin duda, los consiguió en la vida, por ser tan bueno. Cosechando afectos, por donde va.
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