Jorge Malatini, una vida entre el cielo y la pasión por volar: el reconocido acróbata aéreo llega al Aero Club Coronel Suárez
Con más de 30.000 horas de vuelo, una trayectoria que incluye tres décadas en Aerolíneas Argentinas y presentaciones internacionales junto a Red Bull, el piloto visita Coronel Suárez para ofrecer su espectáculo de acrobacia aérea. Este domingo será una de las principales atracciones del Aeroasado, una jornada que también incluirá vuelos de bautismo y actividades para toda la comunidad.
Hay pasiones que nacen en la infancia y terminan convirtiéndose en una forma de vida. La historia de Jorge Malatini es una de ellas. Comenzó a acercarse a los aviones cuando tenía apenas nueve años, barriendo hangares y colaborando en un aeroclub de Carlos Casares. Con el tiempo, aquel chico que miraba el cielo se transformó en piloto aeroaplicador, comandante de Aerolíneas Argentinas y uno de los máximos referentes de la acrobacia aérea argentina.
Con más de 30.000 horas de vuelo, décadas de experiencia y una trayectoria que lo llevó a presentarse en distintos escenarios internacionales, Malatini llegó al Aero Club Coronel Suárez para participar este domingo del Aeroasado, una propuesta que combinará gastronomía, vuelos de bautismo y dos presentaciones de su reconocido espectáculo acrobático.
La visita fue presentada por Juan Brianza, integrante de la comisión directiva de la institución, quien expresó la satisfacción del club por recibir a un profesional de su trayectoria y destacó la expectativa que genera su presencia en la ciudad.
«Para nosotros es una alegría muy grande contar con Jorge. Es un profesional muy reconocido y tenemos una expectativa enorme de tenerlo acá y que la gente se acerque a ver lo que él hace, que realmente es único», señaló.
De barrer hangares a volar en Aerolíneas Argentinas
Antes de hablar de las maniobras que hoy sorprenden al público, Malatini propone volver al comienzo de su historia. Su vínculo con la aviación nació en Carlos Casares, en un entorno familiar humilde, donde su madre era enfermera y las oportunidades para formarse como piloto requerían mucho esfuerzo.
«Empecé a los nueve años barriendo hangares de aeroaplicadores. A los nueve, diez años fui banderillero y después, en un aeroclub, empecé un curso», recordó.
Su camino incluyó la aeroaplicación, actividad que continúa desarrollando después de aproximadamente 50 años, y posteriormente la aviación comercial. En enero de 1980 ingresó a Aerolíneas Argentinas, donde permaneció durante tres décadas.
Durante ese período voló como copiloto en distintos modelos de aeronaves, desde los Boeing 707 hasta el Jumbo, y posteriormente se desempeñó como comandante.
Pero hubo otra pasión que nunca abandonó: la acrobacia aérea.
Hace 46 años comenzó a transitar ese camino. Entre 1978 y 1980, cuando trasladaba aviones monomotores nuevos desde Estados Unidos hacia Argentina, aprovechó uno de esos viajes para realizar un curso de acrobacia. En 1980 concretó su primera presentación y desde entonces continuó perfeccionándose.
Primero participó en competencias y, posteriormente, se orientó hacia los vuelos de exhibición, una disciplina que exige preparación, conocimiento técnico y una rigurosa planificación.
La disciplina detrás de cada maniobra
Lo que para el público puede parecer una sucesión de movimientos imposibles tiene detrás una enorme preparación. Malatini explicó que la acrobacia aérea no es una cuestión de audacia o improvisación, sino el resultado de años de formación, experiencia y disciplina.
«Esto va de la mano de mucho esfuerzo y de un equipo que tengo en el hangar», explicó.
Actualmente trabaja junto a Red Bull, una de las marcas internacionales que lo convocó para formar parte de sus espectáculos aéreos. Según relató, lleva alrededor de diez años de vinculación y cinco años volando con el avión de la compañía.
La aeronave está basada en Córdoba, en el aeródromo de La Cumbre, donde funciona un centro de operaciones que reúne distintas actividades vinculadas al vuelo y los deportes aéreos.
Malatini destacó que estas convocatorias responden a una trayectoria construida durante muchos años y a la evaluación de la experiencia de cada piloto.
Al referirse a las exigencias de la acrobacia, describió algunas de las fuerzas que intervienen durante las maniobras. Un tonel puede alcanzar velocidades de rotación de 242 grados por segundo y, dependiendo de cómo se ejecute la figura, las aceleraciones pueden llegar a ocho veces el peso del propio avión.
Para dimensionar esas exigencias, explicó que una aeronave convencional suele trabajar con valores muy inferiores.
Por eso, insistió en que no alcanza con realizar un curso o aprender determinadas figuras. Él mismo esperó hasta contar con unas 150 horas de vuelo en aviones acrobáticos antes de realizar su primer espectáculo, luego de años de preparación.
«Lo que tiene que haber es tenacidad y ser muy ubicado con las medidas. Uno sale y tiene que hacerlo programado, y alguien que lo corrija», sostuvo.
Un avión diseñado para desafiar la gravedad
Este domingo, el público podrá disfrutar de su espectáculo a bordo de un avión Pitts Special, una aeronave biplaza especialmente construida para la acrobacia aérea.
Malatini explicó que se trata de un diseño que tiene su origen en 1943 y que, con distintas evoluciones, continúa fabricándose hasta la actualidad.
Su estructura combina acero cromo-molibdeno, madera y tela, y está equipado con un motor de 260 caballos de fuerza.
La aeronave cuenta además con un sistema de humo que permitirá acompañar visualmente las figuras durante las exhibiciones.
Al hablar de su relación con los aviones, Malatini dejó una definición que resume su manera de entender la profesión: «El piloto se tiene que adaptar al avión, no el avión al piloto».
Y agregó que cada aeronave tiene su propio manual y características de vuelo. Desde un pequeño Piper hasta un avión comercial de gran porte, asegura disfrutar de cada experiencia.
«Lo que está acá es una pasión, solo eso. Vuele lo que vuele», expresó.
El Aero Club, una institución que forma pilotos y presta servicios a la comunidad
La visita también fue una oportunidad para que Malatini pusiera en valor el trabajo de los aeroclubes y su función dentro de la actividad aeronáutica.
Destacó especialmente las instalaciones del Aero Club Coronel Suárez, que cuenta con pistas de asfalto y pasto, mantenimiento y balizamiento para operaciones vinculadas, entre otras cuestiones, con eventuales evacuaciones sanitarias.
Señaló que estas instituciones cumplen un papel fundamental en la formación de pilotos deportivos, recreativos y profesionales, que luego pueden desempeñarse en líneas aéreas, aeroaplicación, vuelos privados y servicios de emergencia.
También remarcó las dificultades económicas que implica sostener una institución de estas características, por lo que consideró importante el acompañamiento de la comunidad.
En ese contexto, explicó que su presencia no se limita a realizar un espectáculo. Durante su estadía también compartirá una actividad con los pilotos del club, con una charla centrada especialmente en la seguridad y el intercambio de experiencias.
«La experiencia no se compra, se adquiere. Lo que más me agrada es poder contarles, anticiparles y que vayan juntando experiencias», señaló.
Este domingo, el Aeroasado y dos exhibiciones aéreas
El Aero Club Coronel Suárez invita a la comunidad a participar este domingo de una jornada que tendrá como principal atractivo las presentaciones de Jorge Malatini.
El programa contempla un asado al mediodía, vuelos de bautismo y dos exhibiciones de acrobacia aérea, una antes del almuerzo y otra después, con horarios sujetos a las condiciones meteorológicas y a la organización de la actividad.
La propuesta busca, además de ofrecer un espectáculo diferente, generar recursos para colaborar con el sostenimiento de la institución y acercar a la comunidad al mundo de la aviación.
Para Malatini, volver a un aeroclub tiene también un significado especial. «Yo nací en un aeroclub y sigo estando en un aeroclub», afirmó.
Una frase que sintetiza una historia iniciada a los nueve años, entre hangares y aviones, y que hoy lo encuentra recorriendo el mundo con una pasión que nunca dejó de acompañarlo.
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