02/12/2019CIUDAD

Entrevista a uno de los abogados que defendió a cinco víctimas de los curas pedófilos del Instituto Próvolo.

“Le buscamos la justicia y la logramos” expresó el Dr. Leandro Lanci.

El Dr. Leandro Lanci, que es Abogado, vive en Mendoza, estuvo en varias oportunidades vacacionando en Coronel Suárez, ya que su padre nació en la ciudad. Su bisabuelo fue el Escribano Manuel Palenzona. Sus parientes aquí son la familia Palenzona y Losno.

“Tengo un cariño muy especial por Coronel Suárez, pasé toda la infancia yendo allí, al Centro Blanco y Negro, con mis primas. Los Palenzona, mi tía Sabina Lanci, los Losno. Tengo parientes, los quiero mucho y estuve muchas veces en Suárez”, dijo en el principio de la entrevista.

Hace unos pocos días atrás se terminó el juicio en primera instancia, y el tribunal resolvió duras penas para los implicados en hechos de abuso, cometidos contra niños, en un Instituto que debía atender y cuidar a niños sordos e instruirlos en el lenguaje de señas de Argentina.

Los condenados, Nicola Corradi, Horacio Corbacho, ambos sacerdotes, recibieron penas de 42 y 45 años, respectivamente, y el jardinero Armando Gómez, con 18 años de cárcel, dispuesto por el tribunal que lo juzgó.

El Dr. Leandro Lanci es abogado representante de cinco de las once víctimas que se presentaron ante la justicia. En un interesante diálogo, en torno a uno de los casos más aberrantes de abuso de sacerdotes, esto es parte de lo que dijo.

“La palabra que puedo utilizar para comenzar una explicación es que esto ha sido una tragedia. Imaginemos la situación de niños entre 9, 10, 11 años, sordos, con una imposibilidad comunicacional tremenda. Los padres tenían imposibilidad de comunicarse con sus hijos, y los llevaban a este Instituto para que les enseñaran lo que se llama Lengua de Señas Argentinas. No solo no se las enseñaban, sino que, además, a la noche, a partir de las 6 de la tarde, comenzaban a ocurrir hechos trágicos, horrorosos, tremendos. Los administrativos violadores eran tres y los curas dos: Corradi y Corbacho. Ya se había logrado, con anterioridad, a principio de este año, la condena de Jorge Bordón, que era otro de los administrativos. El otro de los imputados es una persona que lo declaró inimputable, porque es una persona sorda, que había sido criado desde chiquito por el cura Corradi –el que en las fotos figura en silla de rueda, no porque no pueda caminar, sino que fue una estrategia de la defensa-, y abusado por él, por lo que tenía internalizada la conducta, de a la noche, agarrar a cualquier niño de 8, 9, 10, 11 años y abusarlo.

Imaginemos la situación de chicos indefensos, que se levantaban para ir al baño y los agarraba cualquiera de estos sátrapas y los abusaba.

Desde los curas, que abusaba de las niñas de 10, 11, 12 años, y estos tipos que abusaban de los niños”.

Cuenta que la causa se inició el 25 de noviembre del 2016, cuando se registró la primera denuncia. “Nosotros entramos con el Dr. Barrera, que somos los querellantes de cinco chicos, y el Dr. Salina y Lucas Lepur, los querellantes de los otros seis chicos. No dejábamos de sorprendernos y horrorizarnos, porque no podíamos creer lo que veíamos”.

Si bien el horario normal del colegio era de 8:30 a 13:30 horas, para los que concurrían a la mañana, pero esto ocurría con los niños que estaban albergados, que estaban todas las semanas.

“Muchos de ellos los fines de semana no los venían a buscar. Porque el caso de los chicos que yo represento eran de Misiones, San Luis y Neuquén, por lo que estaban todo el año. Esos chicos eran las peores víctimas, porque no tenían a quién comunicarle nada, porque tenían una imposibilidad comunicacional”.

Conmovido, el Dr. Lanci dice que “ha sido una causa muy dura, muy profunda. Les buscamos la justicia, esa fue la verdad. La logramos”.

Estudiando las pruebas objetivas que daban cuenta “que los chicos habían sido abusados en sus distintas partes pudendas, lo único que buscamos fue justicia y lo logramos”.

Aquellos chicos hoy son jóvenes de 21, 22, 23, 24, 26 años: “ellos tuvieron que revictimizarse, porque tuvieron que recordar cosas que les habían pasado hace 10, 11, 12 años atrás”.

Quien primero dio cuenta de los abusos, “fue una chica que hoy tiene 26 años y había hecho pareja y le pegaba a su pareja, porque recordaba las cosas que había vivido en el Próvolo. En un momento esta chica, en una situación muy especial, va a la Legislatura de Mendoza y con un intérprete de señas empieza a contar todo lo que había sufrido en el Próvolo. Ahí, con esa situación, es cuando se la deriva a la Fiscalía en turno y ahí comienza la investigación”.

El Dr. Lanci habló de la psicopatía de los curas y administrativos que hicieron los abusos, y también de las dos monjas que los encubrieron –y que estarán siendo juzgadas en breve-.

“Uno no dejaba de sorprenderse a medida que avanzaba la investigación penal preparatoria que es lo que, en Provincia de Buenos Aires, se llama Instrucción. Porque era impresionante ver cómo los distintos chicos iban contando lo que les pasaba en aquellas noches eternas y silenciosas –porque no pueden hablar-. Lo que veían los chicos es que algunos regresaban lastimados, sangrando, llorando. Era una cosa tremenda. Entre ellos, aprendieron a comunicarse, a contarse lo que les había pasado. A partir de la denuncia de esta chica que abre la causa empiezan a aparecer chicos a contar en cámara Gesell, con un intérprete de señas. Los intérpretes de lengua de señas tuvieron un rol muy importante, tanto como los psiquiatras, psicólogos, abogados. Fue un trabajo en equipo. Lo que se produjo es de develamiento tardío, así se denomina. Los chicos, cuando son abusados de niños, terminando develando lo que les pasó después de un período de tiempo. Más aun en estos chicos, que tienen una discapacidad auditiva que les impide hablar. De a poco se fueron presentando, hasta llegar a los 11 chicos, que fueron los que hicieron las acusaciones”.

“Luchamos porque se hiciera justicia, y lo logramos”.

Dijo el Dr. Lanci que desde la Iglesia se les cercenó todo tipo de información: "desde las más altas autoridades, al contrario, cada informe que les pedíamos, no era contestado, como, por ejemplo, en qué fecha y dónde había ingresado algún sacerdote, no era contestado. El Arzobispado nunca nos informó absolutamente nada. Eso nos dificultaba todo. Nosotros hicimos una investigación paralela y logramos descubrir que Corradi había comenzado en Verona y después se han comunicado los sordos de Verona, contando algunos de ellos que habían sido abusados también por Corradi, que en aquella época era un joven de 32 años. No sabemos si la Iglesia sabía esto, porque al ocultar toda la información no se sabe. La cuestión es que lo mandaron al Próvolo de La Plata y de ahí a Mendoza".

El Vaticano ha pedido perdón, luego de las condenas, por estos hechos aberrantes.

"Está bien que hayan pedido perdón, pero como algunas cosas tardías, cuando llegan tarde, el daño ya está hecho. Pero por lo menos han pedido perdón".

Cuando el tribunal dio a conocer las condenas, cuenta el Dr. Lanci lo que les pasó por el corazón: "fue un hecho muy emocionante. sentimos que se hizo justicia. Por fin un tiro para el lado de la justicia, como decimos en la jerga judicial. Con los dos fiscales, el de la Instrucción y el de Cámara, nos saludamos y nos dijimos que logramos que se hiciera justicia. No sé decir si estuvimos contentos, porque no se está contento.

Estuvimos conformes. Porque fue todo muy sufrido. Hubo lágrimas. Hubo mucho dolor. Es un dolor tan grande. En algún momento, en el alegato, yo utilicé una frase que dije: ‘nos duele como propia la cicatriz ajena’, parafraseando la letra de un tango. Nos dolía a nosotros cuando escuchábamos a estos chicos, en sus relatos, cómo iban sacando de a poco, en esas noches eternas e interminables en el Próvolo. Noches de silencio, como no podían hablar, era de silencio. Lo que podían expresar era el dolor, el grito".

En la acusación yo dije que "sin el silencio cómplice de estas mujeres -refiriéndose a las monjas que encubrieron, a veces, hasta poniendo pañales- no hubiese pasado absolutamente nada de lo que pasó. Ese silencio cómplice avaló cada uno de los horrores que han sufrido estos chicos".