25/03/2020CIUDAD

Como se Pide. Por Julio Zaballa.

Un virus aun sin antídoto.

Han pasado ya cuarenta y cuatro años y el virus del miedo imperante en nuestra sociedad, sigue sin antídoto. En algunos sigue alojado en sus células en su forma original, el miedo. En otros degenero como “no te metas”, la “permisividad, el desinterés egocéntrico, etc.

Cuando este virus hizo su siniestra aparición el 24 de marzo de 1976, las calles de nuestra ciudad y distrito, como hoy, se encontraban igual de despobladas.

El miedo los recluyo a los habitantes del distrito, en sus viviendas y cuando iban a sus labores lo hacían cabizbajos, atemorizados.

Salvo aquellos que continuábamos defendiendo los intereses de los trabajadores a los que al momento en que nos trasladábamos a nuestra tarea laboral y nos encontrábamos con alguien, pagábamos esa osadía con la búsqueda por parte de la policía para prestar declaración en horas de la madrugada. El virus del miedo nos dejó solos, mucho más cuando fuimos preso por luchar contra ese mal nacido el 24 de marzo.

Ese virus original y el clonado, sigue vigente en nuestro distrito. Se ha trasmitido de generación en generación. El silencio reinante en instituciones sindicales del distrito y en muchos otros que vivieron esa época, es muestra clara de que continúan en el confinamiento, en el ostracismo. El aceptar, como en años anteriores, que la conmemoración se realice en Huanguelén y no en nuestra ciudad, da la pauta de los condicionamientos y ataduras mentales de los tolerantes.

No faltará aquella o aquel que piense que menosprecio lo ocurrido con ciudadanos de Huanguelén. A ella o a él les recuerdo que desde 1988 hasta el 2009 en que mensualmente visité esa localidad en mi calidad de delegado de trabajo, múltiples fueron las charlas televisivas y radiales que tuvimos con mi amigo Tolo Bilbao o la periodista de Nuevo Día, Karina Miriuka y otros, con el silencio de la totalidad de la comunidad. No observo o desconozco si los conmovedores reportajes que Tolo le hiciera a Marta Fadini de Gini o a Gerardo Saad, son de público conocimiento o de tratamiento educativo, a pesar de que en varias oportunidades ofrecí dichos videos.

De lo que sí estoy seguro que, salvo en mis charlas con Tolo Bilbao, no vi ni escuche nada sobre mi sufriente amiga Marisa Martín, también oriunda de Huanguelén que en diciembre de 1976 y luego en enero de 1977 soportó el hostigamiento, junto con su esposo Antonio Genaro Serna, hasta ser expulsado de nuestro distrito junto a su familia, , luego de ser despedidos, junto a Juan Gregorini, de la municipalidad y Serna del Instituto Estrada, por orden del Coronel Pedernera y sus asesores suarenses, hoy integrantes del PRO, CAMBIEMOS y ARI tan votados en nuestro distrito en tres oportunidades, sin que hasta el momento nadie asumiera remordimiento alguno, ni aquí ni en Huanguelén.

Marisa Martin, Antonio Genaro Serna, Juan Gregorini, fueron atacados por el virus del 24-3-76 por defender a los trabajadores municipales del distrito, también los de Huanguelén, sin que hasta el momento tuvieran el reconocimiento debido.

No falta quien sostiene que esto es cosa del pasado y que deben olvidarse. Justamente bajo ese manto de olvido o desinterés es que el virus continuo latente en nuestra sociedad generando miedo y lo que es peor, favoreciendo su proliferación en agrupaciones políticas ya nombradas, de vecinos a los que no hay que molestar con actos recordatorios que ponen en evidencia su participación muy activa en el golpe del 76. El acto lo mandamos a Huanguelén, ellos aceptan todo sin percatarse del verdadero motivo. ¿O creen que no son socios políticos de los que denunciaron a Gini, integrantes algunos del Rotary Club de Huanguelén de aquella época?

Piensan que el programa político que se aplicó a partir de 1976 es diferente al de PRO, CAMBIEMOS, UCR, ARI del pasado gobierno y que recibió el apoyo de más de 14.000 ciudadanos del distrito. Es igual o peor por la situación en la que quedo el país, pero a no equivocarse, ellos hacen lo que les conviene a sus intereses y lo defienden. El problema somos nosotros que en muchas ocasiones nos sumamos a ellos creyendo que “derramarán” beneficios sobre nosotros.

Sigamos como el avestruz con la cabeza en el hoyo creyendo que, al no ver, no oír, no sentir, evitamos los males que nos aquejan. El virus sigue ahí, se clona y retrasmite por generación en generación producto de nuestro evasivo egocentrismo.

En homenaje a mis compañeros y familia de Rubén Oscar Luongo, José Luis Erdozain, Juan Gregorini, Antonio Genaro Serna, Marisa Martín, Francisco Jiménez y otros olvidados.

JULIO ZABALLA
DNI 5492952