11/04/2019RELIGION

Finaliza el tiempo de Cuaresma: el viernes confesiones comunitarias y el domingo celebración del Domingo de Ramos.

La comunidad cristiana está atravesando el tiempo de Cuaresma hasta el domingo, cuando se inicia la Semana de Pascua.

En el día de ayer el padre Alejandro Guidobaldi viajó a Pigüé para participar en las confesiones comunitarias que se realizan en las parroquias de toda la zona, donde por varias horas se disponen muchos sacerdotes para realizar confesiones. Esto sucederá en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen este viernes a partir de las 19 horas con la presencia de 12 sacerdotes de toda la zona que estarán colaborando para estas confesiones comunitarias.

En tanto el día domingo será la bendición de los ramos en el anfiteatro a las 10 de la mañana y luego, en procesión, todos los participantes se dirigirán hacia el templo parroquial para la celebración de la misa.

Consultado el Párroco, Alejandro Guidobaldi plantea algunas reflexiones en torno a la importancia de este tiempo de Cuaresma.

“Si Jesús no hubiera resucitado, hoy no seríamos cristianos. Es más, hasta la misma Navidad, tiene sentido gracias a la Pascua. Si nos ponemos a pensar, es el tiempo en que nosotros nos adentramos al desierto de nuestra vida. Así como Jesús estuvo 40 días en el desierto, nosotros también, durante 40 días nos preparamos para compartir la Pascua del Señor”.

“Pensar que nuestra vida, también tiene sus tentaciones. Que en nuestra vida, tenemos que llegar a una meta. También tenemos que elegir a Dios, por encima de todas las cosas. La palabra de Dios, que impregna toda la liturgia, nos va guiando por ese camino en el cual nosotros vamos descubriendo cuáles son nuestras tentaciones. Como le decía a la gente en la misa, recién, como mal resultado, terminamos hablando de los pescados “normales”: ´Mis pecados son los normales, que tiene todo el mundo´, y no nos damos cuenta que somos esclavos de muchas cosas”, dice el sacerdote y agrega: “por ejemplo, cuando maltratamos a los demás, cuando estamos acostumbrados a esas mentiras que llamamos “piadosas”. Toda mentira es mentira. También la crítica, el chusmerío. No es normal. Uno es esclavo de algo que es pecado, de algo que me daño a mí. Porque hablar mal de otro, criticar, significa que primero estuve pensando mal de ese otro y perdí la paz. Ninguna persona me puede decir que mientras está pensando mal de otra, es feliz. Mientras está juzgando al otro, interiormente, pierde la paz. Está tranquilo, triste, enojado. De acuerdo a lo que está pensando, es la forma de humor que queda como resultante”.

Es decir, ¿somos bastante benévolos al momento de juzgarnos? Responde el Párroco que “somos muy autocomplacientes. No solamente en el momento de la confesión. En nuestra vida cotidiana. Por eso, el descubrir todas estas cosas que residen en nosotros, y permitirle a Dios que nos las ilumine, permite que seamos liberados de eso. Morir a determinados pecados, y entonces, Pascua a Pascua, compartir la resurrección de Cristo a una vida nueva. De hecho el Papa usó un texto de extrajo de La Carta a los Romanos, que dice ´la creación expectante, aguarda la manifestación de los hijos de Dios´. Todos esperan que nosotros nos manifestemos como cristianos, como personas libres de ataduras, como personas que hoy no están manchadas y van manchando todo a su paso. Entonces, está aguardando nuestra manifestación, nuestra verdadera pascua, hasta el perrito que maltratamos en casa; hasta ese perrito está esperando que nosotros cambiemos, y el primero es Dios. Siempre espera, pero no de brazos cruzados: siempre buscándonos. Siempre espera, llenándonos de gracia, de todas las ayudas que necesitamos y más.

Es sobre abundante la ayuda de Dios. Pero tenemos que verlo, que buscarla. No nos caen milagros del cielo, como una lluvia que nos empapa y nos transforma mágicamente. Tenemos que querer hacerlo”, finalizó señalando el Padre Alejandro.