07/12/2018EDUCACION

En el jardín de infantes también se aprende, y mucho.

Un increíble mural cerámico en el Jardín N° 909 resulta en una buena demostración de aprendizajes.



El jueves por la mañana quedó inaugurado el mural que da sobre la Avenida Sixto Rodríguez del Jardín N° 909 “Nora Blasco de Laso”.

Para conocer cómo fue el proceso hasta llegar a la obra en la que intervinieron los nenes, las docentes, directivos, familias, la artista plástica Verónica Kenig con sus alumnos del taller, visitamos el jardín y entrevistamos a las docentes Dolores Guarco y a la Directora Valeria Fhur.

“Hace dos semanas que estamos con mucha actividad de cierres y culminamos esta semana la última etapa. En nuestro proyecto institucional habíamos tomado el lenguaje de las artes y los medios. Como era tanta actividad la fragmentamos en tres etapas. La primera etapa fue cerrar con la Escuela de Música, con quien tuvimos un proyecto de articulación. La segunda fue un cuento que pudimos llevar adelante con las familias y el que cerramos la semana pasada. Y esta semana inauguramos el mural que hicimos con colaboración de Verónica Kenig, Directora del Taller de Calle Brown”, dijo la Directora al principio de la nota.

Se trabajó “con los nenes en las salas, con las familias y muchas piezas se trabajaron junto a los artistas en el taller de Verónica. Fue una experiencia muy linda y hace más o menos dos semanas lo pudimos terminar da armar”.

Sobre los procesos que se dieron en las salas de los nenes más grandes, Susana Peilman, en el turno mañana, y Dolores Guarco, en el turno tarde, explicó esta última docente que “empezamos este proyecto tratando de traer el barrio al jardín. Caminamos el barrio, tratamos de captar sus imágenes, arquitectura, sus olores, sus sonidos, ruidos. Los plasmamos en las hojas, lo trabajamos desde el arte. Trabajamos el modelado con distintas masas, modelamos casas, aves, árboles. Trabajamos la plastilina hasta que llegamos a la arcilla y ahí sí necesitamos el apoyo de las chicas del Taller de la Calle Brown. Después convocamos a las familias, hicimos sellados; trabajamos con hojas naturales, de las que imprimimos las nervaduras, recortamos, se llevaron las chicas a esmaltar y hornear, y cuando estuvieron todas las piezas las expusimos en el SUM. Los chicos reconocían sus trabajos, quedó todo registrado en fotos y videos. Y después comenzó el trabajo del pegado y el armado del mural, que para nosotros es un orgullo”.

Todo este proceso de construcción “fue de mucho disfrute para todos los niños. Y ahora su impronta queda plasmada afuera, para el barrio y la comunidad. Ya lo han tocado, lo vivenciaron con sus manitos. Eso es hermoso, porque, además, es su barrio. Y su impronta queda para siempre”, dice la docente.

En el mural hay imágenes de todo lo que ellos fueron registrando: “aves, los ‘bichitos’, como ellos lo llaman, que encontrábamos en la corteza de los árboles, los árboles; las casas, hay niños, hay mariposas y el tronco del árbol con sus diferentes texturas”.

Agrega la Directora del establecimiento que “cuando llegó el momento de culminar el mural hubo días de mucho calor y no llegábamos con las fechas, por lo que hubo mucho nervio también. Veníamos a la tardecita, por el clima, y nos encontramos con situaciones muy lindas: los vecinos que se acercaban, que estaban contentos, que se preocupaban por el cuidado y conservación del mural. Los nenes se acercaban con su bicicleta y terminaron pegando con nosotros, colaborando. El significado que tiene el barrio, como comunidad y como jardín, es muy importante para nosotros también. El objetivo de este año, como proyecto institucional, fue acercarnos un poquito más a la comunidad y poder compartir con otros. Y se vio esto en todos los cierres de proyectos que llevamos a cabo”.