06/12/2018CIUDAD

Lic. Gabriel Nebbia, a cargo del Patronato de Liberados.

“Que la cárcel eduque para reinsertar en la sociedad es una ilusión bastante alejada de la realidad”.

Mientras en todo el territorio de la Argentina se debate sobre la resolución 956 del Ministerio de Seguridad, que autoriza a las fuerzas de seguridad nacionales a disparar sin dar la voz de alto y sin que medie agresión directa previa, con medidas judiciales que están apareciendo por estas horas, que declaran inconstitucional la medida, vale la pena tomarse un tiempo para entrevistar a quien está a cargo del Patronato de Liberados en Coronel Suárez, el Lic. Gabriel Nebbia.

Es que en los debates que aparecen por estos días en los medios de comunicación resulta obvio que se desconoce que en las cárceles en nuestro país se vive hacinados, en condiciones inhumanas y que resultan un castigo agregado a la justa pérdida de la libertad, si se ha cometido un delito. ¿Reinserción social? Muy difícil, por no decir imposible. Máxime cuando en la mayoría de los casos el sujeto no estaba inserto en la sociedad antes de ir a parar a la cárcel.

Así lo analiza Gabriel Nebbia.

“El tema carcelario es un tema complejo. Y lamentablemente los medios instalan algunos simplismos que después se van repitiendo, sin entender la verdadera complejidad que esto supone”, dijo en una de las primeras respuestas. “Que se pudra en la cárcel; en lugar de la cárcel tiene que ser pena de muerte”.

Estos simplismos “y no entender lo que significa la cárcel para una persona. Ahora se instaló hace un tiempo que los presos cobran no sé cuánto, cosas que no son ciertas, que se instalan y se van repitiendo por desconocimiento y por estas cosas que circulan también. Elías Neuman, un criminólogo muy famoso, argentino, que tenía su cátedra en la Facultad de Derecho, decía que no se puede educar para vivir en libertad en el encierro. Es como intentar formar a un profesor de educación física en un ascensor. La lógica de pretender que la cárcel eduque una persona, bajo las condiciones carcelarias que son absolutamente severas, degradantes e inhumanas, y poder tener la pretensión o la ilusión que esas condiciones van a poner una persona en libertad para que se inserte en un funcionamiento comunitario, es una situación que está bastante alejada de la realidad”.

Indica que “la cárcel deshumaniza, es una situación que vulnera. Cuando una persona comete un delito el único derecho que el Estado puede cercenar es la libertad ambulatoria. Todos los demás derechos siguen vigentes, aún para las personas en situación de cárcel. Pero lo que tenemos son cárceles que avasallan con todos los derechos de las personas. Entonces, se van agregando, lo que nosotros llamamos las ‘penas negras’, sobre la pena oficial”.

Da ejemplos: “la cárcel de Saavedra tiene una capacidad de 700 internos. Este año llegó a los 900 y pico. Está absolutamente sobrepoblada. Eso trae muchos inconvenientes. Todos los que uno se puede imaginar. Y a todo eso está todo reglado bajo un nivel de violencia altísimo.

Además, en Saavedra, la gran mayoría de la población no es de las zonas aledañas, es del Conurbano, porque allí están atestadas. Ahí la pena que es sobre la persona se extiende a la familia y a los hijos. Porque una persona que es trasladada 700 kms. de su lugar de origen, ¿qué familia puede sostener el viajar para visitarlo?”.

A esto hay que agregar algo en lo que “estamos absolutamente atrasados: en las penas alternativas a la prisión, que son el verdadero trabajo que hay que encarar. No estamos hablando de aquellas personas que cometieron severos delitos. Pero la gran mayoría ha cometido hurtos, algún delito contra la propiedad, son delitos menores. Sin embargo, ahora la justicia está muy endurecida. Las penas alternativas a la resolución de conflictos nunca pueden ser un agravamiento de la pena. Hay que buscar las causas que la generan, por qué las personas resuelvan las cosas de esa manera”.

Además, el sistema carcelario que se supone debe procurar la reinserción social está muy lejos de hacerlo.

“Elías Neuman decía que si vemos la población con la que los penales cuentan en general son chicos, bastante jóvenes, que no han podido transitar sus estudios obligatorios –primarios o secundarios-; en general al entrar en la cuestión del delito, que está ahora ha impactado por una cuestión de drogas muy fuerte, que hace que estos chicos cometan un delito en función de la droga, no en función del delito mismo, necesitan un tratamiento, no que sean encarcelados. Son chicos que no han transitado por espacios educativos, generalmente con familias disgregadas, que vienen con conflictos muy similares, en espacios muy marginales, con este impacto de la droga y del inicio a través de la cerveza; no han transitado tampoco por espacios formales de trabajos y a los 18, 20 años son captados por el Servicio Penitenciario. Están 4, 5 o 6 años adentro, y salen a los 27, 28 años. Empezarían la vida adulta ¿y con qué elementos?”.

Nebbia reconoce: “buscar trabajo… ¿qué sabes hacer? Nada. ¿Qué hizo antes? Nada. Historia de drogas, de familias ausentes, de tránsitos educativos inexistentes. Esa es la idea que sale una persona a reinsertarse en la sociedad. Elías Neuman se pregunta ‘A insertarse, ¿en qué?’.

Para poder pensar una reinserción tenemos que presuponer que esa persona estuvo inserta previamente. Por eso, la solución de la cárcel es muy compleja y, evidentemente, el sistema actual es un sistema perverso, de altísimo complejo. Plenamente demostrado que es un fracaso absoluto”.

El Patronato de Liberados hace acompañamiento a las personas que están atravesadas por alguna modalidad de causas penales: “vienen las personas que salen de la cárcel, pero tienen que cumplir un último período de su pena en libertad. Ahí el Patronato acompaña ese último período del cumplimiento de su pena en libertad asistida o libertad condicional”.

“También acompaña el Patronato a las personas que tienen que cumplir la pena en arresto domiciliario; mamás a cargo de hijos pequeños o que estén cursando alguna enfermedad severa, o que tengan más de 70 años. O también a las personas que tienen una pena en suspenso menor a tres años”.

Aclara Nebbia que “en Coronel Suárez tenemos unas cien personas que están en relación con el Patronato. Veo una gran dificultad: salen a la nada misma, no tienen ningún bagaje que pueda acompañar una rápida posibilidad de encontrar un trabajo calificado. Imagínense una persona que busca trabajo, que tiene en su currículum, los últimos cinco años, o cuatro, o seis, detenido. Hay una gran dificultad de poder resolver su vida cotidiana, encontrando un trabajo por sí mismo. Nosotros atendemos también, ahí tenemos a la gran mayoría que están con el Patronato de Liberados, a las personas que tienen penas menores de tres años: en esos casos hay que enfocarnos en las causas que generan la aparición de este corrimiento; nosotros no lo llamamos delito, sino conflictividades sociales. Las cosas que llevan a las personas a correrse de las conductas ciudadanas normatizadas, es un sinfín de conflictividades sociales, que son a las que tenemos que prestar atención”.