11/09/2019CIUDAD

Estudio de un caso donde se tomó la decisión de implementar agroecología.

Ana Alberdi habló de su experiencia como productora agroecológica.

“Volví a vivir al campo en el año 2009. Viví en carne propia las fumigaciones. Las hacía un amigo de la familia, un amigo de mi viejo, alguien a quien le tengo muchísimo cariño, no es ningún enemigo. Cada vez que el mosquito fumigaba el lote que está frente a la casa yo me metía adentro porque sentía un olor muy fuerte, sentía picazón en los ojos, en la piel. No me lo contó nadie. Lo sentía. Lo primero que hice fue pedirle que cuando él fuera a hacer los trabajos me avisara, así yo me iba. Me iba de mi casa. Después, en el año 2012, quedé embarazada y un poco por curiosidad, y otro poco porque un amigo me alerta sobre los peligros de los agroquímicos en esa etapa, empecé a investigar”.

Luego explica que “ahí me encontré con lo que muchos habrán escuchado: los abortos espontáneos, las malformaciones congénitas. Un montón de consecuencias directas e indirectas con lo que es la cronicidad de las aplicaciones. Así que empecé a buscar, en Google, cómo hacer agricultura sin agroquímicos”.

“Ahí apareció Eduardo Sardá, la agroecología, después apareció Marcelo Schwerdt y el grupo de productores agroecológicos de Guaminí, los que me invitaron a participar inmediatamente, donde aprendí todo lo que hacemos hoy. También hablé con mi familia. El primer año hicimos una transición agroecológica en el lote que estaba adelante del campo, que era lo que yo sentía inmediatamente. Al año siguiente dije también por los costados. Y después, todo lo que me corresponde a mí, de la producción familiar, quisimos que fuera completamente agroecológica”.

“Así alejamos las fumigaciones unos mil metros. Es un gran avance. Pero todos sabemos que las derivas no entienden de alambrado. Van adónde van. Encontraron glifosato en la Antártida y no se cultiva. Así que cada vez que fumigan en los campos vecinos, sobre todo si es con avión, los olores, la picazón en los ojos, la irritación en la piel, en las vías respiratorias, son inevitables. Entonces, antes sola, ahora con mi familia, nos metemos todos adentro de la casa, aunque sea a esos 1000 metros alejados, igual se sienten”.

“Conozco muy pocos productores que vivan en el campo. A veces, pienso que es eso lo que no les permite ver la realidad, sentirlo en carne propia. Pero también me parece que tiene que ver con el encandilamiento del productivismo. Este chip que nos han metido, que nos nubla la visión. Me parece que es hora de despertar y accionar. Está en nuestros manos, y algunos lo estamos haciendo” señala Ana Alberdi, quien en su carácter de productora agroecológica habló también en la mañana del martes en la jornada que se llevó a cabo en el Concejo Deliberante.