14/03/2019CIUDAD

Comunidad Cristiana Coronel Suárez acogió a una familia siria.

Hace 20 días que están en la ciudad y los tres niños ya cursan en el sistema educativo. Perder todo, dejar el país de origen atravesado por la guerra y llegar en busca de una oportunidad de vivir en paz. Wadeh Al-Khouli (40 años), Yameelah (30 años), y sus hijos Rivelle (8 años), George (6 años) y Eli (4 años).

Hace 20 días que llegaron a Coronel Suárez después de un largo viaje desde El Líbano, donde estaban hace unos cuatro años, después que las bombas destruyeron la casa familiar que tenían en las afueras de Damasco, en Siria.

El conflicto civil se inició en el 2011. En ocho años el país se encuentra destruido, con millones de muertos, heridos y millones de desplazados hacia diferentes partes del mundo.

En una guerra civil en la que intervino el grupo terrorista ISIS. Las últimas noticias dan cuenta que las Fuerzas de Siria Democrática (FSD) han anunciado que han comenzado –con el apoyo de Estados Unidos- la operación para despejar el último reducto del Estado Islámico en la localidad de Al Baguz, en la oriental provincia siria de Deir al Zur.

El año pasado Comunidad Cristiana Coronel Suárez se sumó a muchas iglesias del país, que se dispusieron a recibir a familias desplazadas por este conflicto. Entonces, los interrogantes de cómo recibirlos, cómo lograr una adaptación lo menos traumática posible, cómo sortear la barrera del idioma, eran muchos.

Ahora, todos esos interrogantes se van develando en el día a día, porque desde hace unas tres semanas la familia que esperaban está por fin en Coronel Suárez.

Se alojan en una de las tres viviendas que Comunidad Cristiana tiene en Israel y Lamadrid.

Allí nos reciben para la entrevista el Pastor Néstor Alebuena y Gabriel Nebbia, integrante de Comunidad Cristiana.

La familia siria también sale a la puerta de la casa, acepta los saludos –un beso en la mejilla al hombre y otro a la mujer, ¿será adecuado para su cultura? Probablemente no-, y presenta a sus hijos.

Los cinco muy sonrientes. En realidad, hay que decir los siete muy sonrientes, porque los suarenses también están aprendiendo mucho con esta experiencia solidaria intercultural.

Mientras el reportaje inicia –con la ayuda en varios momentos de los celulares, para utilizar una aplicación que permite la traducción automática en escritura y en audio-, los niños hacen cosas de niños: juegan, se divierten, hablan en el idioma que conocen.

Los niños están concurriendo al Jardín N° 913 y a la EP N° 46, de la Unidad Académica.

Hay docentes voluntarios de Comunidad Cristiana que cada jornada concurren a lo que es el hogar de la familia siria para ayudarlos a la integración y con clases de idioma castellano. Los dos padres se notan amables, sonrientes, tranquilos, como quien ha llegado, por fin, a destino.

Néstor Alebuena recuerda que “el gobierno ha abierto un programa que se llama ‘Programa Siria’, donde permite la entrada de algunos ciudadanos o familias, con todos los previos controles de migración, inteligencia, etc. Y nosotros nos conectamos con una organización cristiana que se llama JUCUM, Juventud con Una Misión, donde ellos han contactado familias sirias en distintos lugares. Han contactado familias cristianas de Siria, que están en situación de refugiados. Y en Argentina, esta misma organización, juntó 40 iglesias en distintas provincias, que tomen la responsabilidad de hacerse cargo durante un año de recibir una familia para darles una vivienda, educación, todo lo que significa vivir, hasta que ellos se afiancen, el hombre empiece a trabajar”.

Esto es recién el principio: “ellos hace unos veinte días que están aquí. Los fuimos a buscar al aeropuerto de Bahía Blanca y nos hemos encontrado con una familia hermosa, son jóvenes, muy agradables. Ya empezaron los chicos en la escuela”.

Obviamente, el idioma es la principal barrera, pero que se sortea continuamente, es evidente, a través de la gestualidad, o de la misma sonoridad que se usa como lenguaje universal.

“Estamos a través de un traductor que tenemos en el celular y con eso nos vamos manejando. Logramos entendernos bien”.

Gabriel Nebbia dice que “no es fácil de un día para otro tener que comunicarnos con personas de nacionalidad siria. De todas maneras, Yamila (sic) –castellanizado su nombre- habla un poco de inglés, así que eso ha facilitado la comunicación. Y también, como decía Néstor, tenemos la aplicación, que es un traductor que automáticamente traduce al árabe”.

Ya saben que, a través de esa aplicación, se puede sacar fotos del boletín de los nenes y automáticamente a través de un sistema de escáner lo traduce al español. Las docentes “tienen también esta aplicación, y se están comunicando de esta manera con los chicos. Pero esos son los que más rápido van a aprender”.

Gabriel Nebbia sigue teniendo presente “la emoción de recibirlos en el aeropuerto. Ellos venían de un largo viaje. De Líbano, habían hecho escala en Roma, de ahí llegaron a Ezeiza, por la mañana. La gente de migración los acompañó hasta las primeras horas de la tarde, desde donde embarcaron para Bahía Blanca. Ellos llegaron muy cansados, pero también muy emocionados y expectantes. Es un cambio de vida sideral, pero desde el primer momento manifestaron predisposición para aprender, buscando continuamente adaptarse a la nueva cultura y el nuevo lugar donde están. Es un aprendizaje, para ellos y para nosotros”.

“Nos hemos sentado a comer con ellos, a charlar mucho; si vos pasas enseguida te dan un café. Son muy solidarios, amorosos con la gente”, dice Néstor Alebuena; “nos hemos enterado que ellos tenían un muy buen pasar en Siria, buen trabajo, casa muy linda. Con las bombas quedó todo destruido, todo lo que ellos tenían quedó bajo los escombros y se tuvieron que ir. Wadeh sabe trabajar en durlock, cielorrasos, revestimiento de paredes. Lo hemos visto en algunos trabajos, muy bien. Ya ha hecho algún trabajito en Suárez con alguien que lo contrató, amigo nuestro, como para que lo guíe”.

Usando el traductor el hombre y la mujer se presentan, iniciando una conversación que por ahora es breve, pero que en el futuro inmediato seguro que será más amplia, donde podremos hablar de tristezas y alegrías, costumbres y tradiciones, expectativas y esperanzas para esta nueva vida.

Por ahora, y con ayuda el traductor, dice Wadeh que “en Suárez veo alegrías siempre en las caras de la gente que viene a visitar a toda la familia”. Agradecen que la familia de la iglesia los ha recibido muy bien.

Luego de apagado el grabador somos testigos de una conversación en árabe entre el padre y el niño mayor, a requerimiento del menor, donde se puede apreciar la expresividad y la comunicación entre ambos.

Al terminar la entrevista Yameelah ofrece, con una sonrisa amplia, ensayando un español recién aprendido: “¿café?”, y desaparece hacia la zona de la cocina. La intención, para no molestar, es decir “no, gracias”.

Pero Néstor Alebuena advierte que puede interpretarse como un desprecio, por lo que volvemos a tomar asiento. Yameelah aparece inmediatamente con un café, que tiene bastante borra, como les gusta a los árabes, con muy buen sabor, y un plato con una torta riquísima, elaborada con receta árabe.