07/12/2017EDUCACION

Nicolás Schwab egresa con el titulo secundario.

Una experiencia de integración exitosa, con un estudiante que termina feliz su etapa escolar.

Nicolás es un joven de Santa María con necesidades especiales y que ha desarrollado una experiencia de integración extraordinaria, concluyendo en estos días el nivel secundario.

Esto ha sido posible por la convicción de su familia, y particularmente su mamá, que siempre estuvo muy segura de lo que quería para Nicolás: que estuviera cómodo y feliz en esta etapa de su vida, que esta propuesta de integración resultara fructífera para su desarrollo integral.

También con la apertura de la escuela donde cursó los niveles primario y secundario, la Escuela Parroquial Santa María, y el apoyo constante de quienes fueron sus docentes, incluido la maestra integradora que lo acompañó en este proceso.

Hace unos días atrás tuvo lugar la fiesta de egresados, donde divertido Nicolás cuenta que tal vez tomaron un poquito, mientras la mamá, risueña, le dice que “¡no debió haber sido para tanto!”.

En el día de hoy llega el momento más emotivo de todos, el acto académico, donde recibirá el diploma que lo certifica como egresado del nivel secundario, con un plan de acompañamiento especial. Por delante, para la familia y para el propio Nicolás, queda el desafío de resolver cómo continuar, en la búsqueda que pueda independizarse, ser autosuficiente.

Ambos hablaron con La Nueva Radio Suárez. No podía ser menos, si hace unos años atrás entrevistamos a Soledad (la mamá) y al mismo Nicolás, cuando pasó del nivel primario al secundario, inaugurando una experiencia de integración efectiva de una persona con necesidades especiales para este nivel educativo.

“A veces en la escuela hacían hincapié en que él cumpliera los objetivos. Y a mí lo que más me interesaba es que estuviese integrado, más allá de lo que pudiera aprender. A él le hacía bien ir a la escuela, estaba feliz de poder ir. A nosotros eso era lo que más nos importaba, más allá de que había materias que no cursaba, otras las hacía con la integradora que llegaba de la Escuela Especial dos veces por semana. Él estaba feliz, siempre lo fue”.

Nicolás responde que le gustó hacer la escuela secundaria, que cosechó muy buenos amigos en este tránsito. Cuenta que son ochos los que recibirán hoy el diploma.

También que la fiesta de egresados se hizo en el salón de El Progreso, que estaba con traje, y relata algo de lo que aprendió en estos años, particularmente sobre un taller de cocina: “los hacía con Gaby Ullman y con Romina Dietrich. Aprendí a hacer sorrentinos caseros, tallarines, budín de banana, kreppels”. Ahí descubrió que le gusta la cocina y madre e hijo se ríen, divertidos, cuando recuerda Nicolás que su madre le dijo “ahora te podés casar”.

En estos días Soledad se está acordando de algunas de las vivencias: “actos y desfiles, cosas que han hecho en todos estos años. También es cierto que no se acompaña tanto a los chicos como en el primario, porque ellos están más grandes, no requieren tanto de los padres. Hicieron la entrega de los buzos a principio de año, estaban todos muy felices”.

Dice que “yo pretendía que él fuese a la escuela mientras la pasara bien, eso era fundamental. Que estuviera integrado, no presionado. Lo que a él le sirve es manejarse en sociedad, lo que él necesitaba más que nada era eso. Él sabe leer, escribir, maneja perfectamente, mejor que yo, la tecnología. Y en verdad es lo que necesita para vivir. Se maneja perfecto en todo el pueblo, claro que es chico. La idea es encargarnos ahora que haga algo en Suárez, que se mueva él solo, que maneje mejor la plata. En lo demás se maneja todo el tiempo con independencia, tiene una vida muy normal. Tiene la autoestima, el ego muy alto. Claro que yo siento que todavía falta otro camino, que él se independice totalmente. Nosotros, los padres, no somos eternos, uno no sabe lo que va a pasar, y a mí me preocupa que él pueda manejarse con libertad y con independencia. Estamos tirando por todas lados ideas, todos nos tiran ideas; y algo de eso tiene que quedar”.

Terminó agradeciendo a la escuela, “que me hizo muy fácil todo este paso por el establecimiento. No puedo quejarme, siempre tuve las puertas abiertas y siempre me apoyaron. Eso es más que suficiente para una mamá”.