12/01/2018CIUDAD

La situación más desesperante: quienes están atravesando un problema de salud son personas con alguna discapacidad o tienen hijos con necesidades especiales.

Cuando la reunión entre las autoridades municipales y los trabajadores suspendidos estaba llegando a su final, una trabajadora ubicada en la primera fila expresó su angustia a través de un llanto silencioso, pero inocultable.

Lo que se suma, además de lo evidente y ya expresado, es que tiene un hijo con discapacidad y no sabe cómo va a poder darle la atención que necesita.

Algo al respecto habían manifestado en el desarrollo de la reunión muchos otros trabajadores: “no hay trabajo. No tenemos obra social. Tenemos compañeras que están en tratamiento oncológico”. “Tengo un problema de discapacidad y estoy suspendida. Puedo correr el riesgo de que me echen, ¿y después, qué pasa? Yo tomo medicación de por vida, tuve un accidente y acá estoy. ¿Qué pasa con nosotras? A mí me tomaron como discapacitada, hoy me suspenden y me echan… ¿no hay ley para los discapacitados ahora?”.

La mujer que lloró frente a la inseguridad del futuro inmediato, no sólo para sí sino para todos sus hijos, entre ellos uno con discapacidad, expuso que la obra social OSPIC tiene cortado el pago de los terapeutas (kinesiólogos, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, acompañantes terapéuticos) desde hace varios meses. Y que estos profesionales siguieron trabajando hasta fin del año pasado pero sin recibir los pagos correspondientes.

Su angustia es porque al quedarse sin trabajo está más lejos aún la posibilidad de contar con una obra social que cubra este tipo de atención, imprescindible para su hijo. Por eso el llanto, frente a lo evidente.

Al respecto, tanto las autoridades municipales como los Concejales después, que quedaron reunidos con los trabajadores, dijeron que se ponía a disposición todo el servicio de atención del Hospital Municipal, comprometiendo hacer conocer al Secretario de Salud esta situación especial, para que puedan tener atención de salud.